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La única verdad es el reality

La muerte de los líderes de 90 llega cuando se habla de la vuelta a los 90. El ecualizador judicial no toca al Gobierno. Guerra de celos en la gran familia K.

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Entro a mi oficina y está Carla, mi asesora de imagen, mirando en su iPad imágenes de la ex presidenta Cristina Fernández tomadas por una cámara de un celular.

—¿Qué hacés? –pregunto cuando la veo–. ¿Ahora te da por mirar realities?

—¡Obvio! –responde Carla–. Ahora la política pasa por el reality. Cristina te cuenta cada uno de los trámites que tiene que hacer en sus citaciones judiciales. Sólo falta que hable del clima y diga: “Qué tiempo loco, otra vez está lloviendo”.

—¿Vendría a ser algo así como un reality burocrático?

—Sí, algo así.

—Suena aburrido –opino.

—Y, digamos que si no fuera Cristina la protagonista sería insoportable. Nada que ver con el reality de Ottavis.

—¿Ottavis también está haciendo un reality?

—Sí, pero con todo: está La Mancha de Rolando, hay mucha gente, ex novias, quilombo…

—¿No es muy poco peronista esto de hacer un reality? –pregunto.

—Para nada –responde Carla–. Al contrario, te diría que es una muy buena adaptación a los tiempos de los postulados del General Perón.

—¿Vos decís?

—¡Obvio! –exclama Carla–. Perón decía “la única verdad es la realidad”. Ahora la consigna es “la única verdad es el reality”. Es más o menos lo mismo.

—No entiendo por qué el kirchnerismo apela al reality.

—Para diferenciarse del Gobierno, obviamente.

—No entiendo –admito.

—El Gobierno ha hecho una clara apuesta por la selfie y la foto casual, dos claros exponentes de una comunicación cipaya, vendepatria, de los CEOs y, sobre todo, gorila. A eso se le opone una comunicación nacional y popular, comprometida con los que menos tienen, como el reality.

—¡Una nueva grieta!

—Ponele –dice Carla–. Con la diferencia que el Gobierno, como su nombre lo indica, tiene que gobernar. Y como medidas de Gobierno, la foto de Vidal en la cadena de comidas rápidas o de Awada en su noche de “solteras” con amigas son un poco insuficientes.

—¿Lo de Awada es un dato que le importa a alguien?

—¿A alguien más que a Duran Barba, vos decís? –pregunta Carla–. Y, están construyendo una candidata. Y hay que admitir que ese proceso de humanización del cheto ya lo vivimos, ¿no? Después, de allí a la Rosada hay un paso.

—¿Y vos creés que con tanto reality se podrá parar la chetomanía?

—No sé, pero hay que reconocer que el reality puede empezar a ponerse picante si Máximo y Wado de Pedro deciden filmarse hablando de Bossio. ¡Hay muchos celos ahí! Y eso en todo reality garpa.

—¿Vos decís que es todo una cuestión de celos? –pregunto.

—¡Obvio! –exclama Carla–. Máximo dijo que está enojado con Bossio porque abandonó a Cristina cuando ella lo había tratado como un hijo. O sea, que un hijo diga que su madre trató a otro como su hijo es claramente una escena de celos.

—Todo bien con lo del reality, pero lo de Cristina es una respuesta a lo que ella llamó “persecución judicial” por parte del juez Bonadio. Más que reality, lo que hay son citaciones judiciales.

—Obviamente, el show judicial siempre es una tentación –dice Carla.

—¿Show judicial? No entiendo…

—Claro, cuando asume un Gobierno, ve que tiene una cantidad de nuevos recursos a su disposición. Ministerios, cargos, recursos, presupuesto y, por supuesto, un Poder Judicial a su disposición. Y cuando tenés un Poder Judicial a disposición, la tentación de usarlo es muy grande. Esto le pasa ahora a Macri, como antes la pasó a Cristina, a Néstor, a Menem y a cualquiera.

—¿O sea que lo de la Justicia independiente es…?

—¡Jajajajaaa!

Carla estalla en una carcajada. Se queda un buen rato riéndose, haciendo ademanes sentada en su silla. Mueve tanto las manos que me da miedo de que en algún momento revolee el iPad por el aire. Finalmente se recompone y sigue hablando.

—Sí, claro, Justicia independiente –dice, secándose las lágrimas.

—Bueno, hay que reconocer que la Justicia está investigando. Ahora le prohibieron la salida del país a Alberto Pérez, ex jefe de gabinete de Scioli, por supuesto “lavado de activos”.

—¿Sabés cómo se llama eso? –pregunta Carla.

—¿Corrupción? –arriesgo.

—¡No! Eso se llama perder las elecciones.

—O sea que los casos de corrupción que investiga la Justicia son…

—¡Del Gobierno anterior! Ojo, esto no quiere decir que no hubiera corrupción ni que las causas no sean ciertas. Sólo que saltan ahora porque los investigados no están en el Gobierno.

—¿Qué es lo que hace, entonces, la Justicia?

—Ecualizar. Ellos tienen causas contra todos. Y después van viendo contra quién sacan cada una, de acuerdo a cómo estén en el Gobierno.

—O sea que para algo sirven las elecciones…

—¡Muy bien! –se entusiasma Carla–. Veo que vas entendiendo cómo funciona la democracia.

—¿Puedo poner esto en mi columna política en PERFIL? Siempre es bueno hablar de las cosas importantes de la democracia.

—Si es por eso, deberías decir algo sobre los desaparecidos en democracia.

—Me parece muy bien. ¿Julio López? ¿Luciano Arruga?

—No, me refiero a los dirigentes de la CGT –responde Carla– ¿Alguien sabe dónde están?

—Deben estar guardando silencio en honor a Fidel Castro…

—Puede ser –dice Carla–. No sé si en honor de Fidel o en honor de Fayt. Lo que es seguro es que están guardando silencio.

—Al final, dicen que estamos volviendo a los 90, pero se están muriendo todos los líderes de 90 –dice Carla–. Podrías poner algo de eso en tu columna: “El terrible drama de las personas de 90 años que pueden morir en cualquier momento”. Es un tema que deberías investigar.

—Lo bueno de la muerte de Fidel es que sucede en una semana especial para que Maradona opine de todo. Primero lo vimos al Diego hablando de tenis, durante la Davis. Imagino que ahora lo veremos hablando de revoluciones socialistas y de geopolítica global.

—¡Hasta Coppola habló en varios noticieros sobre Fidel Castro! –grita Carla.

—No hay dudas de que Fidel fue un personaje central en el siglo XX.

—Por supuesto –dice Carla–. En el siglo XX. En el siglo XXI el comunismo ya es un recuerdo lejano y lo único que queda en pie es el peronismo. Con las banderas de siempre, y con una actualización necesaria y justa de su vieja doctrina.

—¿Lo decís por lo de “la única verdad es el reality”? –pregunto.

—Sí, claro –concluye Carla–. Pero lo digo, sobre todo, porque hoy, en la Argentina, los únicos privilegiados son los galgos.