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La zona independiente

El auge de la edición independiente va más allá de Argentina, en sincronía con Chile, México, Uruguay, Colombia, Perú e incluso España.

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El otro día un amigo me decía que si la edición independiente hubiera tenido un buen gerente de marketing, ahora se hablaría de “Nueva edición argentina”, del mismo modo en que en los 2000 se habló de “Nuevo cine argentino”. No sé cuánto de verdad hay en el chiste, pero en cambio sí sé que la edición independiente, en buena medida surgida después de la crisis del 2001, es de lo más interesante que ocurrió culturalmente entre nosotros, y ha publicado también la mayoría de los libros más interesantes de estos años. Por supuesto, antes del 2001 estaban las solitarias Beatriz Viterbo y Paradiso, y luego Adriana Hidalgo, cuyos catálogos siguen siendo excelentes. Pero después del 2001 surgieron un gran grupo de editoriales pequeñas, que bajo la estela de las editoriales antes nombradas, lograron conciliar dos variables antes raramente conciliadas: riesgo estético y rigor profesional.

Al mismo tiempo, este auge de la edición independiente obviamente va más allá de Argentina, en sincronía con Chile, México, Uruguay, Colombia, Perú, e incluso España. La edición independiente es un fenómeno cada vez más desarrollado, a la espera de que haya, en torno a ella, una mayor presencia de estudios y masa crítica. En esa dirección, me alegro de la llegada a las librerías de Independientes, ¿de qué?, de Hernán López Winne y Víctor Malumian (FCE, 2016), ellos mismos editores de la buena y dinámica editorial Godot.

Sobre la base de entrevistas a 28 editores de editoriales independientes latinoamericanas, el libro puede leerse como un gran informe sobre el estado de situación de la cuestión. Es decir, al mismo tiempo que da cabida a toda una serie de aspectos técnicos pensados para un público profesional, integrado por estudiantes de edición, futuros o recientes editores, investigadores académicos, periodistas culturales, editores de grandes grupos multinacionales próximamente despedidos luego de alguna nueva multifusión ahora en busca de nuevos proyectos, e interesados por alguna razón en la edición; es a la vez un muestrario general de la cada vez mayor centralidad cultural y económica de la edición independiente.  

No es fácil definir qué es una editorial independiente, y López Winne y Malumian lo resuelven de un modo muy agudo: “Nos parece interesante pensar lo independiente como una zona dentro del campo de la edición. Lo independiente como una zona, en lugar de una categoría, nos permite abandonar lo binario (…) hay editoriales que en un momento dado de su evolución pueden estar dentro de esa zona del campo y en su devenir alejarse”.

Como suele sucederme, temas que en un libro aparecen como secundarios o laterales, a mí me resultan centrales (cualquiera de estos días voy a empezar a sentirme raro). Por ejemplo, el que más de una editorial independiente, en más de un país, esté formada por editores que, habiendo pasado por alguna carrera humanística, crearon la editorial como expresión de cierto disgusto frente al campo académico y a la burocracia institucional. O también, en especial en el caso argentino, que el libro se centre, con la excepción de Luis Chitarroni de La Bestia Equilátera, en las editoriales independientes más recientes, varias de ellas de menos de cinco años de existencia. No deja de ser seductora y optimista la elección por la extrema contemporaneidad.