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Laberinto opositor

Por Nelson Castro | Ni el Macri fortalecido por el triunfo porteño ni el relanzado Massa dan señales de estrategia común.

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Foto:Pablo Temes

Cuando el escrutinio mostró que la tendencia a favor de Horacio Rodríguez Larreta era irreversible, Mauricio Macri se sintió aliviado. Para él, las primarias abiertas simultáneas y obligatorias (PASO) de la Ciudad de Buenos Aires se habían transformado en un verdadero dolor de cabeza que amenazó su liderazgo político y puso en riesgo su proyecto presidencial. Eso es lo que habría sobrevenido si Gabriela Michetti hubiese ganado. Cuando el jefe de Gobierno hizo público que su favorito para sucederlo era Rodríguez Larreta, las encuestas mostraban que su delfín estaba varios puntos atrás de Michetti. De ahí que en su discurso del triunfo, el ahora candidato a jefe de Gobierno por el PRO le agradeciera a Macri su apoyo explícito y contundente.

La pobre performance electoral de Mariano Recalde dejó al Frente para la Victoria con una derrota que representó un fuerte retroceso en el distrito. En la elección a jefe de Gobierno de 2011, el entonces candidato del kirchnerismo, Daniel Filmus, obtuvo en la primera vuelta 27% del total de los votos, es decir, casi 10 puntos porcentuales más que Recalde. Este resultado es una demostración de que el “proyecto” del que habla el kirchnerismo requiere algo más que el “relato”. Necesita de herederos con liderazgo político, algo que hoy no tiene en la Capital. La candidatura de Recalde fue producto del dedo de Cristina Fernández de Kirchner y del de su hijo Máximo. El presidente de Aerolíneas Argentinas creyó que alcanzaba con eso y con la presentación de un nuevo avión de la compañía. Parece que no terminó de comprender que los problemas que aquejan a los vecinos de la Capital no se arreglan trayendo más aeronaves. Por lo tanto, el fracaso de Recalde no es sólo suyo sino también de la jefa de Estado, de su hijo y de La Cámpora. ¿Qué será de esa organización cuando ya no tenga poder ni plata?

Consciente de esa alternativa de diáspora que producirá el llano, la Presidenta ha decidido ser ella la que, una vez más, determine no sólo quién será el candidato a vicepresidente que le impondrá a Daniel Scioli sino también la integración de las listas de candidatos a legisladores. Un ex integrante del actual gobierno que estuvo con el gobernador hace poco lo escuchó repetir la frase “yo quiero ser presidente, de ahí para abajo que hagan lo que quieran”. La Presidenta, agradecida.  

Los demás. El segundo puesto que logró ECO fue producto del liderazgo de Martín Lousteau y del aporte clave que hizo Graciela Ocaña. Habrá que seguir con atención la dinámica del proceso electoral. En ECO trabajarán para intentar seducir al votante de Michetti, con la esperanza de llegar a la segunda vuelta. ¿Qué actitud tendrá en esta etapa Elisa Carrió? ¿Adoptará una conducta proselitista a favor de Lousteau? ¿Si así fuera, cómo impactará en su relación con Macri?

La catastrófica elección del Frente Renovador dejó muy mal parado a Sergio Massa. La sorpresiva decisión de presentar la candidatura de Guillermo Nielsen había sido motivo de una intensa discusión interna. Hubo un sector que le propuso a Massa desistir de presentar un candidato a jefe de Gobierno y presentar directamente una lista de legisladores massistas que apoyaran a Lousteau. Como Carrió se negó a aceptar eso, se pensó entonces en “meter” algunos diputados en la lista de ECO. Eso también fracasó debido a que Massa quiso sostener la candidatura de Nielsen.

Los resultados demostraron que la suya fue una muy mala decisión. Por ello, desde su cercanía hubo quien le hizo un análisis descarnado de la realidad que enfrenta el ex intendente de Tigre. En ese informe se le aconsejó retomar la actividad política y “apurar” a Macri de aquí en adelante. Ese análisis gira en torno a la posición que ocupa Macri frente al electorado kirchnerista. Sobre la base de encuestas realizadas por Hugo Haime se plantea que un debilitamiento de Massa sólo beneficiará al Gobierno y no a Macri, ya que en un eventual escenario de segunda vuelta entre Scioli y Macri muchos votos de Massa irían a Scioli. Al respecto, hay un dato real y palpable: la actitud de los intendentes. “Los intendentes, por naturaleza, no quieren ser ni gobernadores ni presidentes; quieren ser intendentes. Y ellos no tienen segunda vuelta ni nada por el estilo”, señala una voz de la cercanía de Massa. La vuelta de algunos de esos jefes comunales al redil del FpV es una muestra de que creen que Scioli es quien les asegura el logro de ese objetivo. Por ahora, ese drenaje parece estar contenido, aun cuando nadie puede asegurar la dinámica de los hechos por venir.

Por esa razón, en ese mismo informe se le sugirió a Massa que en el acto del viernes pasado debía salir de la estrategia personal y electoralista para asumir una postura de estadista y decirle a Macri que lo convocaba a tomar parte en una gran PASO de la oposición. Por lo visto y escuchado en el discurso de Vélez, esa propuesta no prosperó.

Tanto en el PRO como en el Frente Renovador han llegado a la misma conclusión: si no unen fuerzas, las chances de Scioli de ser el próximo presidente se incrementan, sobre todo a la luz de una relativa calma de las variables económicas que el Gobierno sostiene a base de un gasto público que no para de crecer. En las dos fuerzas se comparte también otra realidad: si cualquiera de ellas llega a ser gobierno, necesitará de la otra para asegurar la gobernabilidad y desanudar la madeja de designaciones y obstáculos que dejará el kirchnerismo. Ante tanta coincidencia, llama la atención la falta de una estrategia que, sin desconocer las legítimas aspiraciones personales de Macri y Massa, busque alcanzar acuerdos mínimos y el volumen electoral crítico sin el cual las chances de la oposición de llegar al gobierno tendrán el valor de una quimera.

Producción periodística: Guido Baistrocchi.



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