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Las mujeres del poder

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Algunos opinadores suelen escandalizarse y apresurarse a emitir juicios valorativos algo simplistas frente a la participación de las mujeres de los candidatos: destacan disvalores tales como oportunismo, escepticismo o superficialidad. Conforme a nuestra encuesta, esa postura contrasta con cierta parsimonia de las respuestas de los consultados. El 37,2% valora positivamente que la esposa de un candidato presidencial participe en política, mientras que, para el 48,1%, que una primera dama realice declaraciones o participe en política debe valorarse según cada pareja presidencial.

Además, la encuesta revela que, junto a aspectos claramente negativos como el oportunismo y el temor a que la sociedad político-conyugal pueda representar un trampolín hacia la alternancia indefinida en el poder, las damas presidenciales podrían contribuir con valores positivos como la sensibilidad social o la humanización del arquetipo del político varón y también aportar contenido a la gestión presidencial.

Por cierto, no siempre resulta fácil surfear la tensión entre la visión escéptica y la tonta ingenuidad, pero este contraste entre la mirada severa del opinador cínico y la ecuanimidad expectante de la ciudadanía acaso amerite alguna reflexión. Quizás antes que juzgar en base a figuras arquetípicas o históricas, hay que escuchar qué es lo que una probable dama presidencial tiene para decir. Y después juzgar si eso es importante, trivial u oportunista.

En el ideal, la política debería ser una pasión noble desprovista de las ambiciones y sombras humanas. Pero en realidad es apenas una cosa de hombres. Y también de mujeres, sean o no primeras damas.

*Director de González y Valladares Consultores.



Federico González