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Las tres C: commodities, consumo y crédito

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Foto:Cedoc Perfil

El próximo domingo, a partir de las elecciones en Brasil, Sudamérica puede comenzar un nuevo ciclo.

Las tres C: commodities, consumo y crédito, que protagonizaron la mejor década en medio siglo de todos los países de la región, dejaron de ser el motor que garantizaba la reelección de todos los populismos de la región durante los últimos 12 años. El aumento del precio de las commodities que financió el asistencialismo y los subsidios que generaron el aumento sostenido del consumo viene encontrando un límite. El modelo de encierro industrial sustituyendo importaciones con exportaciones, principalmente de materias primas, ya no aumenta la inclusión social que pregonaron tanto el kirchnerismo como el Partido de los Trabajadores de Brasil, que esta semana busca reelegir a la presidenta Dilma.

De ganar su oponente, Marina Silva, ya se habla de un “Exodo de Brasilia”: los 40 mil militantes petistas que fueron nombrados funcionarios públicos deberían abandonar la capital de Brasil.

Guarda proporción con los alrededor de 10 mil que se estima serían los funcionarios nombrados de La Cámpora, ya que Brasil tiene un poco más de cuatro veces la población de Argentina.

Las similitudes entre Brasil y Argentina son tantas y tan persistentes que deberían hacer más humildes a los políticos que creen que ellos hacen la historia cuando apenas son un instrumento de ella. Brasil y Argentina han compartido el “nacional y popular” de entre guerras mundiales con Getúlio Vargas y Perón, las décadas de dictaduras militares y las mismas décadas de regreso de la democracia, las hiperinflaciones, los planes económicos 1 a 1 con el dólar tanto del real como del peso que acabaron con la inflación, las privatizaciones, el neopopulismo.

En cada etapa se hicieron más o menos las mismas cosas que eran posibles: mientras Getúlio fundaba Petrobras y los sindicatos nacionales de Brasil, Perón fundaba YPF y la CGT argentina.

Mientras Lula ampliaba la Bolsa Familia con el concepto de universalidad, el kirchnerismo creaba la asignación universal por hijo. En la contratapa de ayer se explica que fue una idea que trajo Duhalde de Lula en 2002 y tuvo que esperar que la soja lo hiciera posible. Y cómo el mismo plan “no aplazo” se aplicó en los colegios públicos de Brasil porque no había forma de nivelar de un tirón a los hijos de todos los incluidos por esos mismos planes asistenciales.

Pero el ciclo de commodities con precio creciente encontró un techo, y en Brasil se discute (y vota) un cambio de paradigma hacia un modelo económico más ortodoxo que aumente la productividad, promueva un Brasil competitivo mundialmente, a la altura de su rango de séptima economía del planeta, y dé por superado el “mercosurismo” para –más que nunca– ser BRIC.

También la inclusión social se detuvo, porque el asistencialismo, imprescindible para sacar a parte de la población de la miseria, no resuelve su integración al proceso productivo.

No sólo Perón encontró inspiración en Getúlio Vargas, sino que Néstor Kirchner siguió al pie de la letra el guión de Lula. La versión de un Kirchner latinoamericanista que se enfrentaba a Bush en Mar del Plata para impedir que proliferara el ALCA (tratado de libre comercio americano) es una poetización de la realidad. Fue Brasil el que creó la Unasur (dejando a México afuera) más el Celac (dejando a Estados Unidos afuera) y se opuso al ALCA para limitar cualquier otro predominio regional que no fuera el propio.

“América Latina irá hacia donde vaya Brasil”, decía Nixon en los 70, cuando cambió el mundo acercando EE.UU. a China.

Así como Lula influenció a Duhalde y Kirchner, preocupa en Brasil que Cristina pudiera influir emocionalmente sobre Dilma (más teórica e ideologizada que Lula). Por el contrario, la estructura de personalidad de Marina Silva está blindada. Ponen como ejemplo que ella debería haber muerto en el mismo accidente en el que cayó el avión que transportaba al candidato a presidente de la fórmula que ella integraba, Eduardo Campos. Pero Marina se negó a subir al avión porque no quería reunirse con los candidatos a gobernador y vicegobernador por San Pablo de la alianza de partidos que ella integraba, porque los consideraba representantes de la “vieja política”. La inflexibilidad de Marina Silva le salvó la vida –ella cree que fue Dios–, potenciando su convicción de no dejarse influir por nadie.

El Mercosur fue la herramienta que usó Brasil para convertirse en un global trader aprovechando su representación regional. Ahora, como miembro del BRIC, aspira a ser un global player. En los 90 Mauricio Macri, siendo todavía empresario, dijo: “Seremos una provincia brasileña”. Todos los demás países latinoamericanos juntos sin Brasil representan sólo el 30% de casi todos los indicadores económicos de la región. Brasil, el otro 70%.

Fue Lula el que le dio aire al clima bolivariano; la “paciencia estratégica” de Brasil con Argentina tenía como objetivo controlar Latinoamérica.

Ahora las aspiraciones de Brasil trascienden la región; quiere ser un jugador de escala planetaria.



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