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Lecciones del Centenario y del Bicentenario

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Los 200 años como país independiente que festejamos este 9 de Julio y su contraste con la situación durante el festejo del Centenario nos brindan grandes lecciones para el futuro. Los argentinos recibimos el Bicentenario en un clima de desasosiego, sin una idea clara de cuál es nuestro destino y, en las últimas semanas, estupefactos frente al espectáculo de la corrupción. Cien años atrás, la situación era totalmente distinta. El festejo del Centenario encontró a una Argentina pujante, que producía la mitad de la riqueza de América Latina y que atraía inmigrantes en forma masiva. Discernir el porqué de esta diferencia es clave para nuestro futuro como país.

La diferencia en las instituciones democráticas entre uno y otro período explica el contraste entre la situación del país en el Centenario y en el Bicentenario. Desde la Revolución de Mayo hasta 1853, y desde el golpe de 1930 hasta la fecha, el país se atrasó con respecto al concierto de las naciones. Estos fueron períodos signados por el caudillismo, los sucesivos intentos totalitarios, el populismo, el aislamiento del mundo, y la falta de apego a la ley y a la división de poderes. Pero no siempre fue así. Aunque con grandes imperfecciones, la etapa inaugurada por la Constitución de 1853 permitió convertir un desierto despoblado en una de las naciones más prósperas del mundo en pocos años.

La lección que nos deja el contraste entre el Centenario y el Bicentenario es que debemos poner énfasis en recomponer nuestras instituciones democráticas. El desarrollo que tuvo el país desde 1853 marca la importancia de las instituciones y de la apertura al mundo, y también realza que no estamos culturalmente destinados al subdesarrollo. Los argentinos, con los mismos defectos y virtudes que en la actualidad, logramos algún tiempo atrás hacer de éste un país desarrollado partiendo de muy poco.

En el libro Los beneficios de la libertad (Editorial El Ateneo, 2016), con Sergio Berensztein proponemos una guía para encaminar el debate sobre las reformas que requiere la Argentina del Bicentenario. Allí proponemos un conjunto de reformas al sistema electoral, al manejo del Estado y sus organismos de control y al sistema fiscal federal. Sólo un cambio conjunto y consensuado de estos tres pilares permitirá lograr un sistema político más estable y balanceado, lejos de la fragmentación actual, que produzca políticas públicas estables y de calidad.

El principal déficit institucional que tenemos que revertir es nuestra oscilación entre la anomia y el autoritarismo, y las crisis de gobernabilidad y los vaivenes de políticas públicas que esta oscilación provoca. Este déficit surge de la interacción entre nuestro sistema electoral, el uso patrimonial del Estado por los gobernantes, y el sistema de coparticipación federal. Nuestro sistema electoral hace que los diputados deban sus carreras a los gobernadores, los que a su vez dependen del dinero del Poder Ejecutivo. El sistema está, además, sesgado hacia las provincias chicas, que están sobrerrepresentadas en el Congreso y son típicamente gobernadas por el PJ. Esto hace que presidentes peronistas con recursos conviertan al Congreso en una escribanía, y que los jueces y los organismos de control no funcionen como tales. Corrupción, ineficiencia, alta volatilidad de políticas públicas y un populismo rampante y sin límites no llaman la atención en este contexto donde el Poder Ejecutivo no enfrenta controles de los otros poderes del Estado. En otros momentos, como cuando gobiernan presidentes no peronistas y con pocos recursos, el país se hace muy difícil de gobernar. Esta anomia espanta inversiones y acelera las crisis económicas.

Hoy están dadas las condiciones para repetir el milagro de la segunda mitad del siglo XIX y así llegar al Tricentenario como un país próspero y equitativo. Para ello, hay que lograr un conjunto de acuerdos sobre las reglas de juego institucionales. Acuerdos de otro estilo serán solamente muestras de voluntarismo si no cambian los incentivos y restricciones que enfrentan los gobernantes.

 

*Coautor de Los beneficios de la libertad (Ed. El Ateneo, 2016).



Marcos Buscaglia