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Libros bien editados

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Sobre El lienzo, novela de Benjamin Stein publicada en agosto del año pasado por Adriana Hidalgo Editora, ya escribí en estas mismas páginas un comentario muy elogioso. Pues no avanzaré sobre ese tema para no repetirme. Diré, sí, que hace dos semanas la Cámara Argentina de Publicaciones –una de las dos instituciones que nuclean a las editoriales, en este caso formada por pocos y poderosos miembros, entre ellos los dos más grandes conglomerados multinacionales– otorgó a El lienzo el premio al Libro Mejor Editado en la sección Ficción Literaria. Pocas cosas me desinteresan más que los premios, cualquier tipo de premio (como un cigarrillo a un condenado, un premio no se le niega a nadie), así que felicitaciones a los ganadores, al jurado, muy rico todo y etc., etc. Pero debo decir que cuando tuve El lienzo por primera vez en mis manos, dudé en leerlo. El libro se lee primero, hasta la mitad, hacia un lado, y luego, desde la otra mitad, hacia el otro lado. Es decir que tiene dos veces la tapa (no tiene contratapa), adelante y atrás, con las páginas hasta la mitad de la novela en una dirección y luego, en el sentido opuesto. Pues, cuando lo tuve en mis manos, pensé –prejuicioso, yo– que estaba frente a un experimento sesentista, restos de algún “rayuelismo” insoportable, o algo así. Nada que ver. No sólo la novela es extraordinaria, sino que ese doble camino de lecturas es constitutivo a la narración, es estructural a la escritura de Stein. Y también pensé en qué suerte que no soy editor (para llegar a fin de mes estoy haciendo changuitas en una estación de servicio en Almagro), porque no hubiera sabido editar tan bien el libro. Porque de eso se trata: no sólo de un gran texto, sino de una igualmente gran edición de Adriana Hidalgo Editora (leo en las legales del libro: editor, Fabián Lebenglik; diseño, Gabriela Di Giuseppe). Y mientras ponía $ 100 de súper, me quedé pensando en qué es un libro bien editado, y recordé una de mis colecciones favoritas como lector: los Breviarios del Fondo de Cultura Económica, en especial la época en que mayoritariamente eran de tapa dura. De un formato de alrededor de 17 x 11 cm, con una tipografía pequeña pero bien legible, no se trata de una colección de libros que salieron primero en “trade” y luego pasan al formato bolsillo, sino en general de textos que se editan de entrada –por una adecuada decisión editorial– en ese formato relativamente pequeño que retoma y mejora la larga tradición del libro popular latinoamericano (otros de mis favoritos, obviamente, son los Populibros peruanos). Tengo aquí, por ejemplo, un libro al que siempre vuelvo: Acción y reacción. Vida y aventuras de una pareja, de Jean Starobinski, aparecido en Francia, en Seuil, en 1999, y ya en 2001 publicado en los Breviarios, en México, en una edición de 546 páginas, sólido pero liviano a la vez, de buena legibilidad, con un interlineado respetuoso para aquellos que subrayamos los libros de ensayo. Me gustan también los libros que rondan un formato de 19 x 12 cm –como la mayoría de los de Beatriz Viterbo, y de alguna editorial más reciente– y que no llevan solapa, no por una carencia económica sino por una decisión estética bien fundada. Algún día también debería escribir sobre el catálogo y el diseño editorial de la vieja y catalana Barral, pero esto ha sido todo por hoy.

dtabarovsky