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Libros sí, más libros también

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Alguien me manda un libro desde el exterior, pero se interponen la Aduana y un correo privado: para recibirlo me exigen entrar a la página de la Afip, llenar un formulario y hacer no sé qué cosas más. Resuelvo esperar hasta que la anunciada liberación de libros importados se concrete más allá de la derogación del perverso requisito del plomo en la tinta. Me parece valioso que, de ahora en más, los libros lleguen sin dificultades.

Descubro que algunos matizan las bondades de importar, como Sebastián Martínez Daniell, editor de Entropía: “Tener acceso a cualquier libro que esté circulando por el mundo es algo extraordinario, pero es también una obviedad que la circulación de bienes culturales no es inocente, que tiene canales privilegiados, que hay beneficiarios y perdedores”. Otros están ferozmente en contra, como Damián Ríos, editor de Blatt & Ríos: “Como primera medida respecto de la industria editorial me parece mala, peca de mala fe y en sus considerandos es mentirosa y falaz. (...) Esto es una invitación a imprimir afuera y de esa manera destruir empleo argentino. Y el que no pueda imprimir en el exterior, como es nuestro caso, quedará afuera del mercado con precios poco competitivos y tenderá a desaparecer”.

Entropía y Blatt & Ríos son dos de las editoriales independientes cuya proliferación y crecimiento en estos años ha sido una buena noticia para la literatura: con sus diferencias de orientación y tamaño, publican lo mejor que ofrece el mercado, que en muchos casos es lo que a las multinacionales no les interesa. A diferencia de ellas, tanto Entropía como Blatt & Ríos leen manuscritos de escritores desconocidos. Desconocidos como Humberto Bas o Martín Dubini, de quienes acabo de leer dos libros excelentes: El Sr. Ug... y Alrededor de Shannon, perfectos ejemplos de literatura en el margen de las ventas y en el centro de una renovación de la escritura. Bas, nacido en Paraguay en 1965, residente en Neuquén, aparece con una novela que se anima a jugar con el castellano con una alegría y una potencia que yo no encontraba desde Cabrera Infante y a un viaje entre los grandes conflictos de la Historia y la íntima oscuridad de Asunción. Dubini (Buenos Aires, 1979) escribe en una prosa poética de un ritmo demoledor y los dos textos del libro, aparentemente tan distintos, son variantes de una misma estructura: la interpelación a un segundo personaje muy querido pero que “hace años que su ombligo coincide con el ombligo de la época”. Dubini es como Bob Dylan hablándole a Mr. Jones desde la desesperación de no ver de qué modo pueden cambiar los tiempos.

No logro entender cómo Ríos o Daniell creen que la importación de libros puede perjudicarlos: el éxito de las editoriales independientes no se debe a la prohibición de lo extranjero sino a una combinación entre la calidad de sus catálogos, el profesionalismo de su trabajo, la existencia de un medio de escritores y estudiantes que leen y a modestas ayudas del Estado. La entrada al país de otros libros no puede ser competencia para El Sr. Ug... o Alrededor de Shannon, porque, a diferencia de los zapatos o los televisores, sólo se pueden hacer aquí. Por el contrario, la compañía de otros libros independientes editados en España o en América Latina no hará más que potenciar su visibilidad.



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