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Lilita no es el bien

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No dejó títere con cabeza. Es larga la lista de cadáveres que ha dejado en el camino. Ya lo dijo, en un acto de campaña en Paraná, el 22 de octubre de 2007, “su padre político”, Raúl Alfonsín, quien vivió tempranamente la traición de su “allegada predilecta”: “La doctora Carrió, enemiga de la UCR (aplausos), es lo peor que se puede pedir como enemigo porque es hipócrita. Cuando resolvimos dialogar con los partidos políticos opositores, la primera gestión fue con el
ARI, y ella contestó que no, porque éramos la vieja política y la vieja política es la que no se siente… la hipocresía. A la doctora Carrió le falta estabilidad emocional, entre otras cosas”.

Equilibrio psicológico, primer atributo esencial para gestionar un armado de oposición que encuentre una fórmula no esquizofrénica para nuestro país. Racionalidad y equidad le faltan para merecer una posible Procuración General de la Nación.

No dudo que Mirtha le teme a Carrió como presidenta pero termina confesando que la votaría. No niego que la efedrina posiblemente haya solventado la campaña de Cristina y Cobos, pero estoy segura de que el mendocino nada tiene que ver con la droga y es un político respetado en su provincia. Sabemos que un radicalismo capitalino (Sanz y otros) optó ya por compartir el frente con
Macri, pero es de traidora-buchona difundirlo a la prensa. No es verdad que Pino está viejo y no tiene nada que ofrecer, fue su salvavidas para generar una opción política que terminó llamándose UNEN. Tampoco es cierto señalar a Binner o al socialismo como responsables del narcotráfico creciente en Santa Fe, ni a Ricardo Alfonsín como un “mantenido” de Scioli.

Lilita dice que “a reuniones de imbéciles no voy; me saqué una mochila de encima; yo voy por la Nación y la República”.

Justamente hace lo contrario: divide, traiciona, acusa, denuncia. Su atención se concentra en la nueva estrella: Martín Lousteau. Olvida que el poder se construye de abajo hacia arriba y de Norte a Sur sumando todos los dirigentes que quieran cambiar esta Argentina desgastada, descreída y desalmada. Sumar, nunca restar. Lilita Carrió no aprendió la materia del amor. Al desvalido se lo salva, al débil se lo refuerza, al confundido se lo aclara.

A ella le dijeron no a su propuesta y se tiró al abismo sin discutir democráticamente con los referentes provinciales, que aún ven demasiado temprano comprometerse en una alianza perdiendo la identidad provincial. Pero a Carrió este tema nunca le importó, ella abandonó su Chaco-no-querido y tampoco recogió sus votos.

“Somos un pueblo de esclavos; el mal se construye con el silencio de los buenos; al suicidio no voy; quiero un penal para el PJ; ¡yo no me reúno con imbéciles!”. Lilita siembra el escepticisimo colectivo. Ni los buenos son buenos, salvo ella. Anticoalición (desunió a UNEN), antipartido (se fue del ARI), antifamilia (nunca cuidó a sus hijos), antidemocrática (trabajó para el gobierno chaqueño en la dictadura).

Carrió, una locomotora irrefrenable e imparable contra la impunidad y corrupción kirchneristas, desertó una vez más. Agigantó a un Scioli que venía deslucido y retraído, lo transformó en un candidato cierto y confiable para continuar con este enjambre corrupto y populista, manejado por expertos, que cada día se engrampan más en el poder.

¿Es cierto lo que dice? Nadie se anima a decirle que no. No es cierto todo lo que vomita, pero se piensa que no es bueno enfrentarse al bien. Cuando la Carrió resulta justamente lo contrario. Más que la solución, ella misma es el conflicto.

*Socióloga y periodista.



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