COLUMNISTAS GOBIERNO-CORPO-NARCO

Lo que está en juego en Santa Fe

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Cómo es que en un contexto en el que no hay oficialismo provincial derrotado –incluidos gobiernos oprobiosos, paradigmas del clientelismo más descarnado, semifeudales o con medio siglo en el poder– sea justamente un gobierno decente, progresista y eficaz el más cercano a una derrota?
Los resultados de las PASO santafesinas mostraron un gran respaldo a Antonio Bonfatti en la categoría de diputados provinciales: duplicó en votos al postulante de Del Sel y triplicó al del PJ. Pero eso no se trasladó a su candidato a gobernador, Miguel Lifschitz. Igual que en 2011, cuando la empatía social con Hermes Binner no se transmitió al entonces poco conocido Bonfatti: por sólo tres puntos superó al comediante macrista. Esta vez fue Lifschitz quien no capitalizó la imagen del actual gobernador, ahora sí conocido y valorado tras su gestión.
El socialismo en el gobierno se disparó un par de tiros en los pies: se perjudicó en vez de beneficiarse de algunos cambios que introdujo. Por ejemplo, al establecer la boleta única por categoría, dio un poder inédito al ciudadano, transparentó el sistema electoral y fue pionero en un país (el único de América Latina) donde aún rige el anacronismo de la “sábana”. No es difícil imaginar que con ella el voto a Bonfatti hubiera arrastrado al resto de las categorías.
Hoy Santa Fe es el único botón de muestra de la capacidad de gestión del progresismo, con logros notables: la menor tasa de mortalidad infantil; el récord de trasplantes y donación de órganos; el menor tiempo de espera para trasplantes; fertilización asistida gratuita; producción pública de medicamentos no sólo para la provincia, sino a otros 7 mil centros de salud. Se suma la inédita experiencia de la participación ciudadana decidiendo políticas públicas; la creación de entes del Estado con control social; titularizando miles de trabajadores antes precarios; los docentes mejor pagos de la Argentina; los títulos de propiedad de tierras a las comunidades aborígenes; el impulso a las energías renovables (eólica y fotovoltaica) mientras la Nación apuesta al pasado hidrocarburífero; y tantos aspectos en los que queda corto el adjetivo “reformista”. No es poco. Sobre todo cuando –también a causa de la reforma electoral progresista– la Legislatura está en manos del indecente peronismo santafesino.
Pero a Santa Fe se la bombardea desde los dos bandos de la pelea Gobierno-corpo, y en el ataque todo sirve (el narcotráfico, con un Indec de la violencia que miente números y portadas; las denuncias delirantes de una monja que jamás chequea nada; o las fallas al explicar un escrutinio provisorio). Todo ayuda para horadar ese mal ejemplo; y allí también el irresponsable trotskismo vernáculo aporta sus ramitas a la fogata de la derecha, cuando acusa a los candidatos del PS de ser “los de la narcopolicía, las patronales que precarizan y la continuidad de los 90”. Calificaciones inadmisibles no sólo desde lo ideológico, sino desde la mínima honestidad intelectual.
Lo que está en juego es el futuro de la izquierda democrática en el país: la derrota impactaría en el débil desarrollo de una fuerza distinta tanto de las varias versiones del populismo como del republicanismo vacío. La década que termina mostró un choque entre dos “relatos”: el de la igualdad, que pretende encarnar el oficialismo; y el de la decencia, de la oposición “republicana”. De manual, porque reaviva el debate sobre los derechos humanos de la Guerra Fría: de un lado, los derechos civiles y políticos, las “libertades fundamentales”, la democracia procedimental. Del otro lado, los derechos económicos, sociales y culturales; las cuestiones “de fondo” y no de forma, la democracia sustantiva.
El progresismo mostró en Santa Fe que se puede conjugar lo sustantivo y lo formal, la justicia social y la calidad democrática. Decencia e igualdad. No es casual que sea éste el eje de su candidata presidencial, Margarita Stolbizer. La continuidad de una construcción política que tome con credibilidad ambos ejes discursivos de la década que termina se verá afectada por el resultado del 14 de junio. Quienes queremos una izquierda democrática para el país sabemos que eso es lo que está en juego.
 
*Dirige La Vanguardia del Partido Socialista.

Americo Schvartzman