COLUMNISTAS

Lo urgente y lo importante

Por Eduardo Levy Yeyati

Después de esta larga década kirchnerista, la transición hacia un nuevo gobierno –que, aunque salga del PJ, será explícitamente no kirchnerista– probablemente no pase de una larga repetición del diario de la mañana: no se perciben ni vocación ni habilidad para enderezar el rumbo –ni el tiempo para embolsar los dividendos políticos de una corrección tardía.
En el ínterin, el debate económico estará saturado de coyuntura: dólar, inflación, empleo, default. Todos temas que las economías emergentes dejaron atrás a principios de los 2000 –y que nosotros mismos amagamos con archivar en 2002.
Pero la inmediatez de la coyuntura no debe confundirnos: en 2016 tendremos una nueva oportunidad de retomar la senda del desarrollo. Y el éxito o el fracaso no dependerán del dólar o la inflación, errores rápidamente subsanables, sino de cómo respondamos a los desafíos de largo plazo, hoy enanizados por la crisis.
Cuando uno escribe para un medio, simplifica a niveles a veces intolerables. Simplificando, digamos que el desarrollo precisa de tres grandes insumos: el capital físico, el capital humano y el capital institucional. En los tres hemos acumulado (y en la transición,
seguiremos acumulando) déficits importantes.
El capital físico remite a la infraestructura. Después de años de gastarnos el dinero de la inversión y el mantenimiento consumiendo más allá de nuestras posibilidades, el stock inicial se agotó y hoy el deterioro del transporte, la energía y las telecomunicaciones es un lastre para la competitividad comparable al atraso cambiario. Recuperar el tiempo perdido requiere un plan realista de infraestructura, fondos para financiarlo y capacidad del Estado para gestionarlo.
El capital humano requiere de una mejor cobertura de la primera infancia y de una reforma educativa que priorice la calidad y aggiorne la formación a las demandas productivas del país, presentes y futuras. Investigaciones recientes muestran que la experiencia académica y práctica del trabajador o el emprendedor, el know how, es el ingrediente esencial para el desarrollo de nuevos productos y capacidades. La buena noticia en este frente es que Argentina se beneficiará por unos años del llamado bono demográfico: muchos jóvenes ingresando al mercado laboral, acelerando el crecimiento. La mala noticia es que el deterioro educativo sacrificó parte de este bono: muchos de estos jóvenes, mal formados, acabarán en trabajos de baja calificación y productividad –o engrosando las filas de trabajadores desalentados. En Argentina, la educación es una ventana que se cierra.
Por último, el frente institucional es el más controversial. Son muchas las demandas que entran bajo este paraguas: reglas de juego, transparencia, regulación. Incluso temas morales, valiosos, pero que poco tienen que ver con la política pública, concreta, accionable. De todas ellas, la menos obvia pero tal vez la más importante es la reforma del Estado. ¿Cómo implementar un plan de infraestructura o una reforma educativa sin funcionarios que escriban los contratos, gestionen los recursos, supervisen la ejecución? ¿Cómo tener un Estado ya no grande o pequeño sino presente, sin funcionarios idóneos, orgullosos de pertenecer a una élite pública?
Infraestructura, educación, Estado. Tres insumos fundamentales de la productividad y la estabilidad que necesitamos para mejorar los ingresos y la equidad. Para que, cuando el previsible rebote alcance su previsible agotamiento, seamos Colombia y no Brasil.
El gobierno que asuma en 2016 tendrá la chance de barrenar la recuperación y aspirar a la reelección sin dar ninguna de las batallas del desarrollo. También tendrá los fondos y, merced a la crisis, el mandato y la posibilidad de hacer lo que otros no hicieron, de proponer un cambio. Podrá hacer ambas cosas. No habrá excusas.
En 2016, ataquemos lo urgente pero también lo importante.

*Presidente de Cippec y profesor de la Escuela de Gobierno de Harvard.



Redacción de Perfil.com