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Locos por un iPhone

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Cuando por algunas horas, la semana pasada, Sergio Massa vitoreó su proyecto para prohibir importaciones, muchos corazones quedaron helados. El enfoque de “oposición constructiva” del Frente Renovador, cada vez más “oposición”, lo mueven a la búsqueda de hegemonizar la interna del PJ, y de capitalizar su rol de fiel de la balanza política. La idea de restringir, lisa y llanamente, las importaciones de todos aquellos que no se produce en el país pudo ser un experimento extremo para acentuar ese papel en la arena política. Iniciativas semejantes no se le habían ocurrido a los exponentes del kirchnerismo, que desde el primer día del gobierno de Cambiemos situaron la apertura importadora como el principal rasgo económico cipayo del macrismo. Para desmentirlo –a ese supuesto rol– el Gobierno ya asumió el error de haber liberado contenedores estancados en la Aduana por meses, con pilchas y trapos suficientes para abastecer la demanda de varios rubros textiles por meses, y lo hizo en el afán de liberar del cepo de las DJAI al comercio exterior.

Tampoco el Gobierno oculta su intención de que cada argentino pueda acceder en los escaparates a un iPhone, o, lo que es lo mismo, acceder a bienes de consumo o de capital importados, que liberen divisas hacia sectores estratégicos. El caso de los celulares es uno, tanto como el de abrir pausada e consensuadamente a sectores sensibles como textiles, calzados y autos, para no generar daño en el tejido social. Celular como objeto deseado, de consumo, tanto como la electrónica, tienen una sensibilidad política. En ello Massa y su revolucionaria iniciativa, para hacerse eco de la industria nacional amenazada en su actividad, no repararon. Tal vez con acierto. Pero tampoco recordó que el bloqueo a las importaciones fue, en realidad, una de las razones del estancamiento de la actividad económica a partir de 2014, cuando la falta de insumos para una economía sumamente integrada profundizó la paralisis inducida por la crisis brasileña.
Toda esa tarea corrió por cuenta de los equipos técnicos del líder del Frente Renovador, quienes lo emplazaron a deponer de la idea, que en el Congreso se trocará en, apenas, un proyecto aduanero.

Registro. Massa tampoco registraba al mega Foro de Inversiones, donde se prometían por esas horas lluvia de dólares y avales al cambio del Gobierno. En esas mismas se ponía en escena una de las mejores consignas posibles, la del 6,4,3,2,1% de evolución de la inflación de los últimos meses. Técnicamente, un 0,2% en agosto, fruto de la anulación de los aumentos en las tarifas de gas. Un 1,02% de la inflación núcleo, la que está al margen de las regulaciones tarifarias. En esa escalera descendente se pusieron de acuerdo los “contendientes” Alfonso Prat-Gay y Federico Sturzenegger. Para el último, presidente del Banco Central, no es suficiente quedarse en el 1%. Las síntesis periodísticas no lograron hacerle justicia al significado de la cautela del economista ante ese guarismo. Sturzenegger lo explica así: “No debemos ser complacientes; la Argentina se merece la inflación de un país normal. Israel, después de haber tenido inflaciones de 400%, hoy está tratando de que sea de 2% anual... pero no logra... subirla hasta esa cifra”. Con todo, la baja de la tasa de interés sigue sin frenar su ritmo. ¿Quedará viva la estructura productiva para sacar un crédito razonable?

Aún así, después de visitar la hermosa fastuosidad diseñada para recordar a Néstor Kirchner y utilizada a las anchas por los millonarios del planeta, volaban a convalidar los pronósticos del Palacio con los referentes del Frente Renovador. ¿A esos mismos le estaba proponiendo Massa que les frenarían las importaciones? Y todavía faltaba el Presupuesto. Presentado el jueves, los rasgos principales ya habían sido anticipados a Marco Lavagna, líder de la discusión económica del Frente Renovador. Y venía con sorpresa: el recálculo del déficit fiscal para acotarlo sólo a 4,2%, una alta dosis de gradualismo. Quedó en un aprieto la oposición, que debería ahora correr por derecha a Cambiemos para cuestionar las magnitudes del gasto y del endeudamiento previsto para financiarlo. Por este último lado avanzarán los frentes Renovador y Para la Victoria. También por la sesión de superpoderes que, se sabe, en años electorales, son un recurso abusado por el Ejecutivo de turno para asignar fondos.

Ajuste. A propósito, también en el Foro de Inversiones resurgió un alerta del bando de los “shockeadores”. Hicieron hincapié en que la opción gradual, con menor ajuste fiscal y financiamiento con deuda, junto al boom de inversiones, a esa hora dado por hecho en el ex Palacio de las Comunicaciones, está generando una sobrevaluación cambiaria que ya está pegando en la industria. Se trata de ver quién paga los costos. Y de cómo se administra en un año electoral como el próximo. Y qué nos dejará para el 2018, transcurrida la renovación parlamentaria de medio término. Si Cambiemos sale fortalecido para encarar reformas estructurales con costos bien definidos, o si, en su lugar, la oposición se alza con una capacidad política capaz de bloquear el rumbo del Gobierno.
En 2018, tal vez ya haya salido el iPhone 8. Todavía no sabemos si tendremos capacidad adquisitiva para comprar uno, y, en tal caso, dónde.