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Los agentes mentales y los dilemas sobre la inseguridad

La reforma del Código Penal y las visiones sobre la justicia.

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Foto:Diario PERFIL

“Comprenderlo todo es perdonarlo todo”. Esa memorable frase invita a pensar que, si pudiéramos acceder a los determinantes de los actos humanos, quizás los percibiríamos como hechos despojados de su dimensión ética. Por cierto, esto conduce a arduos debates filosóficos como la libertad, la responsabilidad y los relativismos subjetivos.

Uno de los núcleos del reciente debate en torno al proyecto de modificación del Código Penal parece vinculado a lo anterior. La crítica opositora más decidida,  expresada por Sergio Massa, se centró en rechazar un proyecto (cuyo ideólogo sería Eugenio Zaffaroni) al que se le atribuye la pretensión de relativizar el sistema de premios y castigos indispensable para convivir en sociedad.

Es probable que la postura de Massa coincida con el pensamiento mayoritario de una ciudadanía cuya principal preocupación es la inseguridad. Bajo una lógica elemental, esa ciudadanía espera que quienes delinquen tengan penas proporcionales al daño infligido a sus víctimas y, además, que el Estado garantice el cumplimiento de la Ley. Abarca también la atribución de un carácter dual sobre las penas que incluye una creencia consecuencialista (“Si las penas son leves, los delitos aumentan”) y un valor final (“Quien hizo mal debe pagarlo”).

Cuando se cambia el contexto discursivo, algunos de esos ciudadanos pueden aceptar la idea de que la pobreza y la exclusión resultan determinantes de actos delictivos. El ejercicio empático de ponerse dentro de la piel del otro puede propiciar una comprensión solidaria sobre los mismos victimarios a los que antes se pedía castigar. Las personas pueden pensarse como sujetos con ideas, deseos y actos coherentes; o como sujetos plurales, donde coexisten diferentes cosmovisiones.

Cuando se piensa sobre la inseguridad, existen dos agentes mentales antagónicos. Así, para un agente punitivo, “justicia” significa básicamente castigar. En cambio, desde la perspectiva de un agente mental solidario, se aspira más a comprender que a juzgar y condenar. La singularidad del caso es que el primer agente parece más consubstancial con nuestras creencias y valores.

Mientras que el último, aunque concebible en el plano teórico, choca contra la firme convicción del primero. La idea de “comprenderlo todo para perdonarlo todo” puede encerrar significados disímiles: vocación solidaria, utopía altruista o relativismo insensato. En cambio, edificar un Código Penal enfatizando esa idea resulta tan disonante a la mentalidad ciudadana como inadecuado para la sociedad.

(*) Director de González Valladares Consultores.



Federico González