COLUMNISTAS FALSOS DILEMAS

Los cambios

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Un resultado electoral inesperado nos instala nuevamente en la democracia. Una de las más sectarias y excluyentes versiones del autoritarismo ha sido derrotada. Ellos piensan que es circunstancial, los que creemos conocer de política estamos convencidos de que se retiran para siempre. El kirchnerismo fue una enfermedad propia del ejercicio ilimitado del poder y en consecuencia no tiene vida después de perdido el uso indiscriminado del Estado. Consta de un núcleo duro que mezcla los intereses del juego y la obra pública con los restos de viejos grupos ayer revolucionarios y hoy devenidos en simples burócratas. Utilizó el Estado como instrumento de convicción al igual que su antecesor Menem: ambos gobernantes, tuvieron origen feudal y terminaron ejerciendo desde la presidencia iguales vicios que cuando fueron gobernadores. Ahora el peronismo debe enfrentar el desafío de su sobrevivencia, que pasa por el gobernador de Salta entre los de la fuerza propia y Massa junto a De la Sota, entre los desafiantes. Al igual que con la derrota de Luder, queda una burocracia que intenta enfrentar a la Renovación. Repitiendo aquella experiencia, apuesto al triunfo de Massa y De la Sota, que afrontaron la derrota con gran dignidad, cosa que no hicieron otros.
Y acompañados por el sindicalismo que supo confrontar, que fue capaz de diferenciarse de los oficialistas profesionales. No imagino a la Presidenta haciendo política sin poder, ella no seduce, impone, y eso no se puede ejercer desde el llano. El constructor era Néstor, ella nunca fue más que una heredera que terminó dilapidando su fortuna. Lo mismo pienso de Scioli, son personas que utilizaron el cargo para gestar sus proyectos; perdido el lugar de privilegio, queda la seducción de las ideas, no veo que les resulte fácil ocupar ese lugar.
Y se equivocan al imaginar una sociedad dividida, el kirchnerismo se viene desangrando en votos desde hace rato; a este ritmo, va a terminar limitado a su núcleo duro, no de mayor dimensión que cualquier otro partido de izquierda. La retirada de los oportunistas será apabullante, no es fácil aplaudir a una Presidenta que los condujo a la derrota. Menemismo y kirchnerismo fueron enfermedades del poder, tan pasajeras como él. Ahora el peronismo tiene que intentar sobrevivir a tanta obsecuencia. Queda De la Sota, capaz de gobernar Córdoba en su nombre, enfrentado al gobierno nacional y tener entonces tanto votos como prestigio. Y no es un detalle resaltar que en esa provincia el oficialismo sufrió la más dura de sus derrotas. Esa es la distancia entre un peronismo digno y un autoritarismo que desarrolla una secta de fanáticos, sin otra concepción que la de la obediencia, un sectarismo no permeable a las dudas, en manos de un gobierno donde sólo la ceguera puede sostener y generar el aplauso de sus seguidores.
Macri va eligiendo una estructura de poder que intenta salir de los falsos dilemas ideológicos, de esa absurda idea donde el autoritarismo es progresista y la democracia, tan sólo un vicio burgués. Los votos oficialistas quedaron ligados a los que viven de los planes sociales, a los que menos pueden darse el lujo de opinar. Macri los desorienta al dejar un ministro clave como el de Ciencia y Tecnología: la ocupación del Estado tuvo virtudes, pocas, la de la ciencia fue sin duda la más valorable. Pareciera que el cambio es demasiado para el humor de una sociedad marcada por el miedo y la división. Los funcionarios que se aferran a sus cargos como si pudieran superar los mismos límites de la democracia son el testimonio más patético de cómo la adicción al poder terminar lastimando a los espíritus lo mismo que cualquier otra adicción.
Hubo temor –miedo– en muchos sobre el hecho de que el cambio fuera posible; miedo al fraude, a la violencia, a lo peor. Hace tiempo sostengo que en eso hay demasiada exageración. Es gente adicta al poder, gente que se inventó un verso para sostener su lugar privilegiado en el Estado a costa del resto de la sociedad. Una burocracia que invadió hasta los medios de comunicación, pero que fue derrotada como todas las burocracias de la historia. No soy de derecha, ni siquiera adhiero al PRO, pero me apasiona la democracia y festejo su retorno.

*Ex diputado nacional.



Julio Barbaro