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Los diferentes discursos de la política

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default Foto:Cedoc

Con frecuencia los actores de la política incorporan a sus discursos referencias que aluden al desempeño de otros actores. Es el caso de intelectuales que en sus análisis incluyen críticas a dirigentes de partidos políticos por construir sus mensajes en base a conceptos que no trasciendan lo cotidiano. Algunos ejemplos: una reconocida intelectual se molesta con aquellos dirigentes que se manejan con un lenguaje similar al del ciudadano común; otro inventa el vocablo “lagente” para burlarse de la muletilla con la que esos dirigentes le hablan a la sociedad; un nuevo caso aparece cuando otro intelectual, parodiando a los “no-espacios”, habla de las ‘no ideas’ para ridiculizar el contenido poco conceptual de esa comunicación. A estos ejemplos se agregan los muchos intelectuales molestos porque la palabra “gestión” se ha instalado en el lenguaje de la política.
Frente a estas descalificaciones es bueno recordar que para Sartori la política es un “hacer” que se acompaña con un discurso sobre ese hacer; y que esos discursos se pueden agrupar en tres tipos diferentes: el que se construye a partir de la especulación filosófica; el que se alimenta del conocimiento científico de los hechos políticos; y un tercero al que llama “el discurso común sobre la política”, y que considera “útil, incluso indispensable a los fines de la acción”; “el lenguaje al alcance de todos” que “Locke denominó lenguaje civil” y que Sartori prefiere llamar “lenguaje materno”.

Este último es el tipo de discurso que el dirigente partidario necesita utilizar dada su condición de representante (real o potencial) de todos los ciudadanos, incluidos los de bajo nivel educacional y poco entrenamiento para aquellas “ideas” que trascienden su quehacer cotidiano. Si aceptamos que la democracia se basa en la soberanía del pueblo, y si es la voluntad popular la que debe prevalecer en el ejercicio de esa forma de gobierno, el dirigente partidario tiene la obligación política de hacerse entender por sus ‘mandantes’, a los que debe rendir cuentas de sus actos. Lo que no quiere decir que sus propuestas deban limitarse, en cuanto a su contenido, a lo que los ciudadanos comunes alcancen a imaginar. Las respuestas a las demandas y aspiraciones de la ciudadanía deben tener la rigurosidad y complejidad que los problemas demandan; pero el dirigente debe tomar los recaudos necesarios para que esa complejidad sea transmitida de forma que el ciudadano común tenga los elementos necesarios para entender lo que se le propone.

Ha pasado mucho tiempo desde que Platón atribuyera a los filósofos la exclusividad de la sabiduría necesaria para gobernar sin sujetarse a la voluntad de los ciudadanos, y es mucho lo recorrido por la democracia desde entonces. Esto legitima la práctica de los dirigentes partidarios que incorporan al dialogo que mantienen con los ciudadanos aquellos temas que derivan de sus problemas concretos: la inflación que destruye sus ingresos; la inseguridad que hace peligrar sus bienes y sus vidas; los viajes en trenes que los torturan en el día a día; y hasta las redes cloacales que les llevan mejores condiciones de salubridad. Discurso que debe ser completado con propuestas de solución tan complejas como el problema lo requiera; y a lo que deben agregar argumentos que convenzan a los ciudadanos que el vivir en una democracia republicana, con división de poderes, respeto por las minorías y garantía de libertades y derechos para todos, es un requisito imprescindible para gozar plenamente de las conquistas materiales con dignidad y autonomía.

El mal desempeño de los dirigentes partidarios no está en las formas, en el lenguaje que utilizan, sino en la pobreza de sus propuestas que eluden la complejidad de los problemas, ya sea por ignorancia o por temor a atacar las verdaderas causas de los mismos.

*Sociólogo. Club Político Argentino.


Omar Argüello


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