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Los dilemas de UNEN

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Finalmente, ocurrió lo que se pensaba que podía ocurrir: Lilita y Pino evidenciaron sus diferencias en forma descarnada. Cuando comenzó a rumorearse sobre un acuerdo entre ambos, la primera reacción fue: ¡no va a andar! Los escépticos conjeturaban una fecha de vencimiento para esa alquimia electoral: ¿cuánto tardará Lilita en dar el portazo? Contra los pronósticos, UNEN logró consolidarse e hizo su debut triunfal en las PASO. Tanto éxito inaugural encendió luz verde para avanzar hacia una fuerza nacional. Pero Frente Amplio UNEN nació con un problema similar al PRO: sus números eran buenos pero insuficientes para doblegar al peronismo. Entonces, la tentación de acordar con Macri encendió la semilla de la discordia.

La virtud del UNEN fue juntar las diferencias para enfrentar a trascendentes. Su trampa mortal es que esa vocación de unión podría horadar los mismos principios de origen. El dilema de UNEN es una variante de la tensión entre principios y consecuencias: si los principios son rígidos, no se pueden materializar; si son flexibles, se corre el riesgo de traicionarlos. Resolver el dilema remite a discutir sobre valores. Lilita, cuyo origen es la UCR republicana, razona que el gran enemigo a vencer es el peronismo corrupto y mafioso. Mientras Pino, cuyo origen es un peronismo de base social, entiende que ese enemigo es la derecha corporativa. La definición del mal mayor engendra el mal menor. Acaso Pino y Lilita tengan ambos razón.

Pero la razón no alcanza. El gran problema es que mientras la tensión permanece irresuelta, otras fuerzas ya se aprestan a morder las tajadas de una eventual diáspora. UNEN está jaqueado por sus indeterminaciones, pero también por el tiempo. “Que se rompa, pero que no se doble”. ¡Pero si va a doblarse, al menos que no sea demasiado tarde!

*Director de González Valladares Consultores.



Federico González