COLUMNISTAS 2015-2017

Los halcones y el equilibrio global

Las elecciones norteamericanas permiten prever una política exterior mucho más “republicana” en los próximos dos años. Sólo con Irán puede haber una distensión.

El Partido Republicano, al haber ganado las elecciones de medio mandato en los Estados Unidos, ocupará a partir de enero de 2015 la mayoría de las bancas (435) de la Cámara de Representantes y más de la  mitad de las del Senado (100), dejando a los representantes demócratas en minoría y a la Casa Blanca con las manos atadas y bastante subordinadas al Congreso en materia de política exterior.

Las elecciones contaron con poca presencia de votantes, menos de uno de cada tres, según dijo el propio presidente Obama. No es un tercio de los 215 millones de estadounidenses. En los EE.UU. el voto no es obligatorio, sólo votan quienes se han registrado, pueden registrarse quienes reúnen condiciones y los comicios se celebran en días laborables.

Lo que sí impacta es la cifra de lo que recaudan los partidos para impulsar a sus respectivos candidatos a diputados y gobernadores. En las presidenciales de 2012 se recaudaron y gastaron US$ 6.285 millones, de los cuales 3.664 fueron a la campaña para congresistas. El sitio OpenSecrets.org desmenuza estos números y define cuáles corporaciones o asociaciones de cabilderos proviene el maná. Un senador norteamericano, Mark Hanna, dijo: “Hay dos cosas importantes en política. Una es el dinero y la otra no me acuerdo cuál es”. Eso sucedió en 1895. En comparación, Francia gastó en la última campaña presidencial (abril y mayo de 2012) US$ 30 millones.

El pedido presidencial a los ganadores norteamericanos (encarar una agenda legislativa que seleccione asuntos en los que ambos partidos encuentren miga para entendimientos y coincidencias) es probable que abarque contadísimos asuntos, como el envío de más tropas y refuerzos a Irak y Siria, y excluya cuestiones domésticas vinculadas con promesas de Obama, como la reforma del sistema inmigratorio, o las relativas a políticas sociales o la protección del medio ambiente. Es también probable que los legisladores republicanos, corridos por derecha por el grupo ultra Tea Party, hagan gala de tanta inflexibilidad como sea suficiente para impedir el crecimiento de la influencia de aquel grupo.

En todo caso, unos y otros han tomado nota de un llamado de atención de parte de los votantes, quienes parecen preferir candidatos que les resuelvan (o prometan resolver) temas domésticos vinculados con los ingresos, el crecimiento y el empleo, antes que a quienes favorecen un control y una regulación más severa de bancos e instituciones financieras, la modernización de la sociedad, la intervención del Estado Federal en las políticas sociales y la asunción de responsabilidades en remotas regiones del mundo.

No se puede vislumbrar un horizonte 2015-17 en el que Washington haga valer su poder y predominio para que la negociación y el compromiso prevalezcan y consigan atenuar la febril desazón que varias crisis simultáneas in crescendo van amontonando día a día.

Todo lo contrario. Pareciera percibirse que en estos dos próximos años la política exterior norteamericana cederá espacio y letra a un libreto más duro (¿más republicano?), menos “reformista y dialoguista” con el mundo, incluyendo: 1. dar prioridad a la Alianza Atlántica (la OTAN y Reino Unido), lo que marcará el rol subordinado asignado en ese contexto a la Unión Europea; 2. incrementar en Irak la presencia militar para detener los avances de Estado Islámico (EI); 3. mantener en Siria una política que logre el pase de prestidigitación de alentar a los rebeldes “moderados” contra Bashar al-Assad siempre y cuando no sean aliados de EI; 4. continuar con la aplicación de sanciones a Rusia, a Irán y a Cuba; 5. presionar a la UE para celebrar el importante Tratado sobre Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión; 6. mantener cerrada la puerta al reconocimiento de Palestina y respaldar al gobierno Netanyahu (salvo algún berrinche sin mayores consecuencias); 7. fortalecer el dispositivo estratégico y económico-comercial norteamericano en la región Asia-Pacífico, apoyándose principalmente en Japón, Australia y Nueva Zelanda, 8. seguir desoyendo los llamados alarmados del Panel Sobre Cambio Climático y continuar sin firmar el Protocolo de Kioto que abarca todos los temas: la supervivencia de nuestra especie; 9. el mantenimiento del programa Prisma (programa de vigilancia electrónica a cargo de la Agencia de Seguridad Nacional) y la expansión mundial de las agencias de seguridad y espionaje encargadas de oír todo, ver todo y registrar todo. En todos lados.

Se detecta alguna señal de la voluntad de los halcones norteamericanos de imponer los trazos más ásperos de su postura en política exterior, como lo indica la revelación de The Wall Street Journal acerca de la existencia de una carta “secreta” del presidente Obama al Ayatola Kamenei de Irán en la que le sugiere trabajar de consuno para evitar la propagación del incendio de EI, y lo exhorta a llegar a un acuerdo en materia nuclear antes de fines de noviembre.

A horcajadas de este panorama poselectoral se ubican los dichos del líder ruso, Putin, quien pidió a EE.UU. que no altere el modus vivendi post 1989, y la intervención del “padre” soviético del derrumbe del Muro de Berlín, Mijaíl Gorbachov, quien respaldó sin ambages a Putin y aclaró que defiende muy bien los intereses de Rusia.

En las fotografías de la realidad mucho es borrado por perfidia o ignorancia. Como, a propósito de Rusia, el hecho de que esta antigua potencia incluye entre sus recursos espirituales el hecho de ser una nación y un pueblo cristianos; o que entre los nuevos Estados surgidos de la fractura de la URSS figuran cuatro repúblicas islámicas del Asia Central. El primer dato –factor de cercanía– es relegado a la hora de tomar posición sobre Rusia; el segundo explica algunas actitudes del mismo Kremlin en asuntos islámicos y marca una diferencia profunda en las orientaciones de Washington y Moscú.

Panorama internacional denso, pero Albert Einstein alivia la ansiedad existencial con una fórmula demoledora: “La única razón que explica por qué existe el tiempo es que impide que todo ocurra simultáneamente”.



Redacción de Perfil.com