COLUMNISTAS OBJETIVOS Y ESTRATEGIAS


Los nuevos aliados de Brasil

La política exterior del nuevo gobierno de Brasil se centrará en cinco planes simultáneos. El primero de ellos es de corto plazo y ya está en marcha, y es crear una narrativa antigolpe destinada a convencer a los gobiernos y los medios de comunicación internacionales de que el proceso de juicio político contra Dilma Rousseff es legítimo. Los otros cuatro son de mediano plazo y se irán desenvolviendo en los próximos meses.
El segundo objetivo de Temer será dislocar ligeramente el eje estratégico de política exterior, que pasará de un marcado énfasis en alianzas contra-hegemónicas para un renovado foco en los países de la OCDE. Esto se hará lentamente y sin abandonar totalmente a la región ni a los BRICS, como el propio ministro de Relaciones Exteriores, José Serra, lo señaló en su discurso inaugural. El nuevo equilibrio Norte/Sur de la política externa brasileña deberá considerar dos elementos. Por un lado, Rusia y China, quienes serán sensibles a las medidas comerciales y estratégicas que puedan afectarlos, harán la vista gorda frente a los asuntos internos de Brasil. Por otro lado, los Estados Unidos y Europa Occidental, donde la opinión pública ha seguido atentamente la caída de Dilma, no podrán pasar desapercibidas la corrupción ni ofrecer una solución mágica a la economía brasileña. En esas circunstancias, es posible que más valga malo conocido que bueno por conocer, lo que puede llevar al inmovilismo.
En tercer lugar, se jerarquizará la agenda de política exterior. Mientras que los gobiernos de Lula y Dilma habían optado por un equilibrio entre cuestiones como seguridad, medio ambiente, comercio y derechos humanos, Temer pondrá a la política comercial al tope de la agenda. En este campo, la estrategia será triple: en el plano regional supondrá un acercamiento a los países de la Alianza del Pacífico, en el interregional se enfocará en lograr un acuerdo con la UE y en el bilateral, acercará a Brasil a los países de la OCDE. Cualquiera de estos tres cambios requerirá el consenso de los miembros de Mercosur y éste no será posible mientras la Venezuela de Maduro continúe como miembro.
Por lo antes mencionado, y en cuarto lugar, el nuevo gobierno de Brasil incrementará la presión sobre el vecino régimen chavista. Serra ya abrió un frente de conflicto dentro de la Unasur a través del envío de duras notas diplomáticas contra los discursos de Maduro. El objetivo de Serra es un conflicto abierto con Caracas que debilite a Venezuela en el Mercosur y que abra espacio rápidamente para una nueva alianza con Argentina. Así, Brasil intentará aislar a Caracas en las dos organizaciones regionales más importantes y eventualmente podría proponer su suspensión, como ya hizo con Paraguay en 2012. El ataque a Maduro será duramente criticado por la izquierda brasileña, pero estas críticas serán mitigadas si Temer mantiene activa la cooperación Sur-Sur y se escuda en la legitimidad de Itamaraty.
El quinto y último plan es interno. El flamante ministro de Relaciones Exteriores ya ha sido candidato a presidente y es una de las figuras más prominentes del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), el partido mejor posicionado para vencer al PT en las próximas elecciones presidenciales. Por lo tanto, Serra buscará una acción de política exterior que le rinda frutos electorales, tal como lo hizo en su paso por el Ministerio de Salud. La insistencia del canciller en temas fronterizos (tráfico de drogas y contrabando) parece indicar que este proceso está en marcha e implicará una securitización de la agenda de política exterior. Por primera vez en muchos años, la política exterior brasileña será utilizada con fines electorales. En este nuevo contexto, y tras muchos años de sentirse relegados, los diplomáticos brasileños tendrán más trabajo, pero también perderán autonomía.

 

*Profesor en la Universidad de San Pablo (Brasil). **Doctorando en la Universidad de Notre Dame (Estados Unidos).



Redacción de Perfil.com