COLUMNISTAS FALTAN SOLUCIONES

Los pedicuros en la educación

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La educación en la provincia de Buenos Aires cuenta con el mayor presupuesto de país, y sin embargo, tiene los peores salarios y además liquida mal el sueldo de más de 40 mil docentes. Los Fines, CENS para adultos, donde las jornadas nocturnas deberían ser de cuatro horas reloj, son de una hora y media; y nunca se cumple con el calendario. Hay materias en las que el docente jamás ingresó al aula y los alumnos aprueban sin haber recibido una sola clase, pasan de año, asistan o no a la cursada, nadie se lleva una materia, nunca, no hay listas de asistencia, no se cumple con el programa ni hay exámenes formales.

Se distribuyeron libros de modo discrecional en todas las áreas; en Lengua, salvo dos antologías de cuentos bien logradas. En total son varios millones de obras que no se usan porque son pocos ejemplares por título y para abastecer la cursada se debe recurrir a la fotocopia, o bien son ensayos para carreras de posgrado. Se distribuyeron frívolamente más de tres millones de computadoras entre alumnos y docentes, que los chicos usan para sus juegos, unos las cuidan, otros la rompen y algunos las venden. La conectividad jamás llegó a las aulas, la capacitación docente fue mínima, se hizo a cuentagotas y de manera muy deficiente. Toda esa tecnología que debió haber mejorado la enseñanza la deterioró, porque la compu se unió al celu y ambos encapsularon a los alumnos.

Hoy los chicos no reciben una capacitación de parte del Estado, se los tunea para estrellarlos. El 70% de los aprobados no está en condiciones de aprobar; paralelamente, los docentes sufren presiones y aprueban hasta a los alumnos que no asisten al examen. La mayoría está resentida con la escuela, la siente como un castigo, y en cambio, habla con admiración sobre la cultura de la droga y del ascenso social que obtienen los tranzas del barrio. Tanto los directivos como los docentes, preceptores y auxiliares fuman dentro de la escuela. No son pocos los profesores que dejan una tarea en el pizarrón y salen a fumar un cigarrillo en dirección o en preceptoría.

Si un cirujano de hace cien años entrara hoy a un quirófano, saldría corriendo porque desconocería el funcionamiento de los aparatos que hay en su lugar de trabajo. En cambio, si un docente de hace cien años entra hoy al aula, agarra la tiza y se pone a dar clases, porque en el aula nada cambió. Moraleja: la medicina evolucionó y puede trazar una línea entre el pasado y el presente. La educación no puede trazar ninguna línea porque no avanzó. La involución se profundizará debido a la pésima preparación que se imparte en los profesorados, donde un sector de los aspirantes no quiere leer, sencillamente porque no comprende los textos. Cada municipio tiene su propio profesorado, casi todos de pésima calidad, y desconectados unos de otros.

El país necesita una solución integral, y hasta hoy, de la solución sólo se encargan los pedicuros, que ponen empeño, pero la enfermedad no está en los pies sino más arriba.

Quien firma esta nota en 1999 sentó un precedente jurídico e ingresó a la carrera de Letras de la UNLZ sin contar con estudios primarios ni secundarios, allí dictó clases hasta 2008.

Desde 2009 es docente del nivel secundario de la provincia de Buenos Aires. Antes de ejercer, estuvo fuera del sistema laboral porque no contaba con certificados de estudios: fue vendedor ambulante, fletero, remisero y también dictaba talleres literarios. Paralelamente publicaba sus novelas en editoriales de primera línea. Este autor sabe que la frase paternalista “pobreza digna” no existe; la pobreza engendra pobreza intelectual, miseria moral, desprotección, desnutrición y muerte, y ha sido siempre un disciplinador social. La pobreza excluye, hace sufrir y oscurece el provenir; sólo la educación y el trabajo dignifican, esclarecen y ofrecen futuro.

La falta de educación degrada y entristece en el hombre hasta el modo de caminar.

*Escritor.



Jorge Nedich