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Los relojes de López

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Lo de López es desgarrador para el kirchnerismo porque es concreto, duro, rígido. En lo de López no hay símbolo, no hay supuesto, no hay acusación que deba comprobarse, ni prensa que acusar y tampoco medios concentrados. Para todo eso es el tiempo que hará espacio en las teorías posteriores, pero hoy no hay nada más que billetes, relojes y un arma de guerra. Esa materia, eso mismo que se puede ver, tocar y contar, es lo que comenzó a destruir al kirchnerismo.
En la construcción simbólica que se ejecutó en el ideario kirchnerista, la verdad como opuesto, jugó un rol determinante. Para cada ataque existía siempre una respuesta que develaba el otro lado de una forma que no se quería mostrar. Las cadenas nacionales eran un ritual que permitía televisar el nacimiento y evidencia de una Argentina que no se quería ver.
En los actos en Casa de Gobierno Cristina Kirchner mostraba evidencias. Levantaba un diario o un recorte y ejecutaba el rol de denunciante de la mentira de los otros y el pueblo de funcionarios aplaudía gentilmente. Así, día tras día, la prueba contrastante permitía desarrollar un símbolo de verdad contra las mentiras acusatorias y por lo tanto, sobrevivir.
La estructura argumentativa de estos casos no es la de un método de tipo científico. Esa verdad que viene a combatir a la otra mentira tiene rasgos ideológicos y por eso puede desplegarse. Lo que se combatiría es la crudeza del capitalismo, su voracidad, su formato imperialista contra la alegría de los pueblos, su concentración de capital y su intento constante de desestabilizar a las democracias cuando éstas no irían a su favor. Ese componente de herencia combinada de marxismo y nacionalismo permite que todo sea un juego de verdades a medias. El destino final de esa batalla, la verdad única e importante, es liberar a los pueblos. Cristina mostraba carteles pero no mostraba los datos del Indec, y eso estaba avalado por todos. Era sólo un juego de evidencias para luchar contra los enemigos.
En el sistema político, la batalla suele tener estas formas de verdades cruzadas. El actual gobierno recurre a argumentos que serían evidentes sobre las razones para el aumento de tarifas y de la nafta, y recurre al peso del pasado para todas las decisiones. El diseño argumental del macrismo yace en el tiempo reciente y en la conceptualización de que el Estado argentino fue tomado casi por una pandilla de saqueadores y despilfarradores. Como buenos liberales piensan más en personas que en grupos de poder; los kirchneristas argumentan pensando en el capitalismo y Jauretche.
Los tiempos de la política, ese juego bestial entre gobierno versus oposición, no deja tiempo a la construcción de verdades como en el sistema científico. Los investigadores pueden tomarse dos años o infinitos más para llegar a una demostración de una nueva verdad, pero en eso la política no tiene chance. En su propia complejidad organizativa, entre los que ganaron la elección y los que quieren ganar la próxima, se basa esta propensión a la utilización relativa de verdades en permanente tensión.
Pero los kirchneristas pueden ver en la foto que López se había llevado hasta los relojes. No hay teoría de liberación de los pueblos que acomode semejante avaricia, y es en esos detalles donde todo se desploma con fiereza.
La foto de la mesa con todos los elementos incautados es un banquete de realidad que en esta semana han almorzado y cenado todo los kirchneristas de este mundo, y que es tan real que no permite que ni siquiera ingrese al juego del ataque cruzado de la política. Los relojes en la mesa y esa ametralladora dejan sin chance de jugar ese juego de verdades contrapuestas. Eso es lo más catastrófico para Cristina Kirchner. El lado kirchnerista, ese sector que mostraba diarios viejos con ironía, ya no tiene legitimidad para ninguna broma. Mientras la política permite que ese juego cruzado de acusaciones sobreviva con un cierto grado de libertad a las mentiras y ocultamientos, los relojes de López anulan todo.
A la salida de tribunales Cristina habló de persecución como a Yrigoyen y Perón, justamente los representantes de su estructura argumentativa, pero ese tiempo acabe de cumplirse. Para la próxima será imposible.
La teoría de la liberación se banca un fusil, pero un Rolex es insostenible.

*Sociólogo. Director de Ipsos Argentina.



Luis Costa