COLUMNISTAS


Los Wolff no quieren quilombo

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Lunes

De todas las duplas de padres con hijos que habitan el universo periodístico, la mejor es la de la familia Wolff. Se diferencian de los Leuco, los Wiñazki, los Viale, en que son felices y agradecidos. Nunca encontraremos en ellos una palabra de rencor. En cada entrevista de Simplemente fútbol crean un ambiente agradable al invitado. Lo homenajean y le hacen revivir sólo los momentos dichosos de su trayectoria. Y no lo hacen con cholulismo, sino con la vivencia compartida de un ex gran futbolista con un colega. El hijo, Pedro, acompaña.
Nunca se detienen en un traspié o en alguna situación que pueda hacer recordar un conflicto o una escena que ponga tenso a su entrevistado. Quizás el televidente se quede sin satisfacer su curiosidad, ya que también nos interesa conocer tanto la experiencia de los fracasos como los triunfos del protagonista. Es posible que también nos aburramos un poco. Pero los Wolff son así.
Ni los balurdos de la FIFA ni de la AFA, ni nada del mundo del fútbol que abunda en delitos, ambiciones desmedidas, intereses económicos, son parte de su programa.
Sólo la felicidad de jugar a la pelota, y los mejores recuerdos de haberlo hecho.
La primera sensación que tuve al conocer al Quique Wolff periodista deportivo fue de sorpresa, ya que transmitía los partidos del Mundial de Italia de los 90 sin griterío patriotero ni insultos al referí, sino en un tono amable y de buen humor. Como lo hace hoy en ESPN para los torneos del fútbol español.
En alguna ocasión me pareció almibarado, pero luego reconocí sus efectos benéficos en un teatro de comedia que decidió llamarse “pasión futbolera”, en el que además de los odios reales cada día se inventan otros nuevos.

Lunes a la tarde

Dicen que la ex presidenta llega hoy a la noche al aeroparque y en algunos medios hablan de una probable guerra civil si alguien se atreve a tocarla. Citan frases de las redes sociales en las que se pide que fusilen a Lanata, y otras que desean revivir un 17 de Octubre.
Después de casi tres lustros desde que nos anunciaron que vivimos la mejor época en 200 años, debe haber habido alguien que no se dio cuenta de esta bienaventuranza. Los ricos se hicieron más ricos con la soja, con las finanzas, los megacomercios, la construcción de torres y la venta de autos. La clase media consumió todo lo que pudo y viajó barato. Los sindicatos tuvieron paritarias por encima de la inflación. Los no contribuyentes ingresaron al sistema de reparto. Los jubilados vieron aumentados sus haberes. Músicos, actores y sociólogos fueron más que mimados. ¿Por qué este quilombo?
¿Es posible que la felicidad se haya esfumado en cien días? ¿Por qué perdieron los candidatos de Cristina si se moraba en el paraíso de todos y todas? ¿No se quería que la dicha continuara?
Ahora con el macrismo finalmente tenemos pluralismo, diálogo y autocrítica. No se grita ni se amenaza, el tono es medido y amable; el Congreso acuerda y negocia; la Justicia se hace notar y no le teme al poder; al fin volvimos al mundo; vinieron los jerarcas de los países ricos; lloverán dólares… Nuevamente: ¿por qué todo este quilombo?
¿Es posible que todo el hermoso comienzo en el que los argentinos estábamos unidos en una nueva esperanza, con Massa y Stolbizer abrazados, se hunda por una actualización de los precios relativos?

Martes de mañana

Un periodista argentino que vive en España me dijo algo sorprendente: ¡el gobierno de Macri tiene relato! Acostumbrado como estaba a que tantos politólogos y semiólogos insistieran en que carece de narrativa, tuve la curiosidad de preguntar cuál era ese misterioso relato: el del individualismo liberal, fue la respuesta. Es el “tú puedes hacerlo”, y “te daremos los elementos para que te ayudes a ti mismo”.
Ejemplo: si la carne está cara en tu supermercado, toma el colectivo y viaja a una zona en la que esté más barata. Si el boleto del colectivo está caro, compra pollo. Si el pollo aumentó, siempre hay menudos. Si a los chicos no les gustan los menudos, les dices que se pierden el postre. Si no tienes postre por el precio del azúcar y la crema, los amenazas con ver Telenoche.

Martes al mediodía

Los medios nos hablan de lo que dice la calle. Los de la calle nos cuentan lo que dicen los medios. ¿Y qué dicen tanto en un lado como en otro? Que para tener un amigo como Bonadio es mejor estar solo. Debe ser lo que piensa el Gobierno al presenciar desde los balcones cómo
el juez federal le organizó
la gran recepción a la ex presidenta.

Miércoles

Uno de los más eruditos e interesantes analistas de la obra de Shakespeare, Stephen Greenblatt, escribe en el New York Review of Books un artículo que coincide con el 400º aniversario de la muerte del poeta el 23 de abril de 1616. En su reseña informa sobre una puesta en escena en la ciudad de Kabul, Afganistán, dirigida por el escritor Qais Akbar Omar en un teatro que se llenó de espectadores.
El director con su iniciativa protestaba contra los atentados talibanes que destruyeron los budas de Bamiyan. Eligió Trabajos de amor perdidos. Los actores y actrices recibieron amenazas, pero el director no cedió en su propósito de presentar la comedia shakespeareana. Greenblatt escribe: “El esposo de una de las actrices respondió al golpe de la puerta de su casa, abrió la puerta y no volvió. Su cuerpo mutilado fue encontrado a la mañana siguiente”.
La historia de lo sucedido durante este montaje teatral Omar la cuenta en el libro Una noche en los jardines del emperador.

Jueves a la madrugada

Dos de los filósofos más grandes de la posguerra se distancian. Merleau Ponty y Sartre no están de acuerdo sobre las posiciones a tomar frente a la URSS y el comunismo internacional. El primero decide no escribir más sobre política y dedicarse a la filosofía. Sartre responde: “Es falso creerse filósofo. No se es filósofo. Ni yo ni Jaspers (ni cualquier otro) lo somos. Se es filósofo cuando se ha muerto, cuando la posteridad te ha reducido a unos cuantos libros. Mientras vivimos, somos hombres que, entre otras cosas, escriben obras de filosofía”.



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