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‘Lugares donde una no está’

Hace poco fui a la presentación de un libro y la poeta que lo había escrito leyó un poema inédito magnífico.

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Hace poco fui a la presentación de un libro y la poeta que lo había escrito leyó un poema inédito magnífico. Cuando terminó el evento, le pedí que me regalara el poema y me lo dio. Desde ese día, la pequeña hoja A4 en la que está escrito mora sobre mis cosas y lo leo muy seguido porque es una especie de mantra para habitar el mundo. El título es muy directo: Por qué si me postran mil veces me levanto. Rápidamente, el poema empieza a enumerar ciertos objetos que le gustan: “Los patios internos. Los baños y cocinas con pileta cuadrada. Los ambientes semicirculares con ventanal corrido. Un aro de básquet en la calle para que tire cualquiera”. Paremos acá. Con el aro de básquet para que pueda ser usado por todos aparece en el poema el primer gesto de algo que excede lo individual. Los baños y cocinas con pileta cuadrada pueden ser un gusto absolutamente privado, pero el aro de básquet aparece para darle al poema un encuentro definitivo con los semejantes, quienes sean, vivan de un lado o del otro de la isla de Lost. Los personajes de las novelas, para poder funcionar, deben ser inestables.

El poema es un personaje y debe tener esas mismas cualidades, no se tiene que estancar, tiene que ir y venir entre correntadas de aliento. Después del aro de básquet, el poema vuelve al interior de la poeta: “El café exacto que todo lo arrasa/ y todo lo eleva durante media hora./ El cielo cuando se decolora hasta quedar en blanco./ La pronunciación de un idioma extranjero/ rodeándome como una atmósfera/ cargada de sentidos ocultos”. Son hermosas y precisas y laterales las cosas que elige la poeta, pero no son extraordinarias. Es un poema sobre lo poderosa que puede ser nuestra vida común. En eso radica uno de los vértices de su potencia. Y entonces el poema cambia de ritmo de nuevo y deja las cosas que nos rodean y nos consuelan para entrar en nuestros seres queridos, esos seres que elegimos y que nos son tan necesarios: “Las charlas con mi hija en el balcón./ Las charlas con mi hija en un colchón atravesado en el living, sin sábanas”. Esta parte del poema me hizo acordar a las tardes de verano en que mi madre se sentaba en el patio trasero de nuestra casa, descalza, cubierta por un toldo precario, fumando cigarrillos Jockey Club, y hablaba conmigo y mis hermanos. Eran momentos de gran relajación en medio del trajín de una vida proletaria. Los grandes poemas siempre nos permiten meter nuestra experiencia. Sigue la poeta: “La mano de mi hijo adolescente/ en mi mano cuando nadie la ve/ trazando la misma caricia que en la infancia”. Esta idea de pudor en el hijo mayor que le agarra la mano a la madre pero a escondidas remite, claro, a que los hijos se van a ir rápido y ya nada van a querer de nosotros en poco tiempo. Es una escena del inminente duelo. En breve, a la velocidad de la luz, no los vamos a poder alzar, no los vamos a poder besar ni abrazar ni sentar arriba nuestro para mirar las estrellas, como hacía mi padrino conmigo en las noches de Boedo y yo hice con Julián hace poco en las noches de Colegiales.

La infancia de nuestros hijos es un caramelo agridulce que a veces se nos queda atragantado: nos puebla de procupaciones y nos llena de alegrías que a veces acoplan y hacen que no podamos calibrar bien lo que está pasando, mientras pasa indefectiblemente. La poeta termina el poema con dos versos que nos golpean a todos: “La memoria de todas las caricias/ que dejaron su dibujo indeleble”. Laura Wittner, la poeta en cuestión, es una de las más grandes de nuestra poesía. Hasta hace poco, sus libros circularon en ediciones limitadas y difíciles de conseguir (de la misma manera que es difícil de conseguir drenar poesía con hechos comunes). Uno nunca podía tener a todos y a veces los intercambiábamos con otros lectores que habían podido dar con el que nosotros no teníamos: El pasillo del tren (1996), Los cosacos (1998), Las últimas mudanzas (2001), La tomadora de café (2003), entre otros. Ahora están todos juntos más algunas traducciones y ensayos pequeños en un libro mayor: Lugares donde una no está (Poemas 1996-2016), editado por Gog y Magog.



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