COLUMNISTAS PROBLEMAS PRESIDENCIALES

Macri, el estresado

Internas en el equipo económico, choques con el kirchnerismo y rupturas con Carrió. Con todos esos problemas, cualquiera se estresa. 

PERFIL COMPLETO

Foto:Cedoc

Después de treinta días y monedas del ejercicio del poder, que incluyen los diez que se tomó con su mujer e hija menor en La Angostura, el físico del Presidente comenzó a dar señales de que hay algo que no está armonizado.

Más allá de posibles interpretaciones psicoanalíticas, que no corresponden en este espacio, resulta acaso más evidente que la magnitud de los problemas a resolver acaso esté sobrepresionando a Macri.

La herencia recibida no es catastrófica, ni mucho menos. Pero tiene una densidad estructural pocas veces vista y no sólo es responsabilidad de la larga gestión kirchnerista.

Así lo refleja el grado de descomposición de nuestras fuerzas de seguridad, un tema con el que venimos machacando una y otra vez desde estas páginas. Y que no se resuelve con purgas: ¿a qué actividad se dedican los uniformados eyectados de sus fuerzas?

La triple fuga y captura expuso al Presidente a su primera crisis pública, de ésas que detesta. El papelón de que Macri felicitara a todos por haber detenido a los tres prófugos, cuando era uno el hallado, desnudó mucho más que el “tuiterismo” precoz de varios de los principales dirigentes del macrismo, orgullosos del manejo que tienen de las redes sociales: devela lo contaminado que está el aparato estatal, que no perdona ni siquiera en un caso de altísima conmoción social.

Esa parte tuvo un final feliz, para Macri. Pero la película sigue. Antes fue testigo de otras escenas agridulces, como la inundación en el Litoral (por la que durante unas horas debió interrumpir su descanso patagónico). O la liberación del cepo, muy exitosa en el corto plazo, pero sin medición exacta del impacto en otras variables, como inflación y empleo nada menos. O la fallida unción de dos nuevos integrantes de la Corte Suprema, vía decreto, dejando de lado la escala del Senado, como manda la Constitución. O el tensionante desembarco en la estructura de control de los medios, que incluyó el derribo de una ley también a través de un decreto.

Todos estos episodios revelaron cortocircuitos políticos externos (visibles) e internos (más escondidos).

Entre los más evidentes, se constató la imposibilidad de tener al kirchnerismo como interlocutor válido. O no negocia o cualquier negociación puede ser detonada por un llamado o whatsapps de la Ex. Por ello el Gobierno le pone aditivos a la natural mecánica peronista de rupturas, reconversiones y reconstrucción. Habla con los intendentes bonaerenses para que sean ellos los que partan el bloque del Frente para la Victoria y se apruebe el presupuesto. Habla con varios gobernadores, sobre todo con el salteño Juan Manuel Urtubey, para avanzar en acuerdos legislativos a partir de marzo. Y coquetea con Sergio Massa, al que hasta llevan a Davos junto a Macri, para edificar gobernabilidad.

Hacia adentro, además de la crisis de la seguridad, el PRO vivió otros movimientos de tierra menos perceptibles, tanto o más estresantes para Macri que lo que se conoce.

Por caso, detectó ciertos chispazos en lo que se llama el Gabinete Económico. Varios de los hombres que vienen trabajando desde hace años con el ahora presidente no ven con felicidad la fulgurante estrella de Alfonso Prat-Gay, el ministro de Hacienda y Finanzas. Proveniente de la fuerza de Elisa Carrió, no lo consideran como un genuino miembro del “equipo” (un término amado por los macristas) y recuerdan su paso al frente del Banco Central con Duhalde y Kirchner. El éxito de la salida del cepo los calma, pero las garras no se guardan del todo: le achacan que juegue políticamente para él, que opine en público y se meta en privado con áreas ajenas o que tome decisiones sin acordar, como la llegada de Jorge Todesca al Indec, pese a que la Fundación Pensar (el think thank PRO) tenía armado un modelo de intervención y recuperación del órgano estadístico distinto.

Otro factor de nervios internos es Carrió. Macri creyó que tarde o temprano iba a chocar con la inmanejable diputada, pero nunca pensó que iba a madrugarlo. Al estilo Lilita, por los medios, se enteró de los dardos contra su amigo y operador judicial Daniel Angelici (el hombre que además “le” maneja a su querido Boca), de la cautelar que presentó contra la asunción de Ricardo Echegaray en la AGN (lo único que el Gobierno logró acordar con el kirchnerismo) y la denuncia judicial contra el presidente de la Corte, Ricardo Lorenzetti (quien reaccionó irascible con llamados telefónicos a varios funcionarios, Macri incluido). Menos mal que Emilio Monzó, del riñón macrista y jefe de la Cámara de Diputados, trata de juntarse todos los martes con Carrió con la misión de contenerla. Menos mal.

Con estas cosas, cualquiera se estresa. Y lo que falta.



jcalvo