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Macri: rápido y furioso

La tarea es intensa y lo será más, pues las marcas que dejó el kirchnerismo fueron, en muchos casos, notables y en sentido opuesto a la perspectiva neoliberal.

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Foto:DyN

Contrastando con la indiferencia, tolerancia –o mero acuerdo– de buena parte de la oposición, Mauricio Macri (él) define políticas de manera nítida y a velocidad del rayo todos los días, y lo hará más si nadie lo impide efectivamente.

Quita y baja de retenciones al agro, megadevaluación, caída del salario real, reinicio del ciclo de apertura económica y valorización financiera, megaconcentración del ingreso, negativa a medir inflación, lluvia de DNU, avance sobre el Ministerio Público Fiscal, cuestionamiento a la Ley de Medios, jaqueo en los portales de medios opositores, intento de armar una Corte adicta…

Se trata de una acción enérgica y estratégica para su sobrevida como Presidente, sus chances de reelección y la reproducción ampliada de los intereses que representa el Gobierno PRO (la UCR ha sido abolida): promover no un cambio de gobierno, sino un drástico cambio de régimen. Armar el andamiaje jurídico-político y socioeconómico básico, capaz de sostener el recomienzo post-kirchnerista del modelo neoliberal que dominó, casi sin interrupciones, la política doméstica hasta el año 2003.

La tarea es intensa y lo será más, pues las marcas que dejó el kirchnerismo fueron, en muchos casos, notables y en sentido opuesto a la perspectiva neoliberal. Sin embargo aún siendo profundas las huellas K, nada es irreversible por naturaleza.

Falta aún al PRO enfrentar grandes desafíos, devaluar, ordenar el pacto social con salarios a la baja en dólares y pérdida del poder adquisitivo, y fundamentalmente, modelar una oposición a medida.

La determinación política que sostiene la actitud de Mauricio Macri es ejemplar –y un atributo central a la hora de pensar los motivos de su triunfo– y como se puede observar sin dificultad, de un volumen político notable.

Determinación macrista que saca varios cuerpos a la –en el mejor de los casos– bucólica, fofa y en muchas oportunidades colaborativa reacción de la mayoría opositora, para colmo sujeta a una especie de manual no escrito de buenas costumbres, impulsado por los medios ahora oficialistas, que incluye boludear cien días frente al “nuevo gobierno”, más aún cuando “llegan las Fiestas” y “estalla el verano”.

Menem, recordemos, casi todo el daño lo hizo “en verano”, en los tórridos eneros, y acá, insistimos, se trata de un cambio de régimen, sin Papá Noel ni temporada estival.

El lunes pasado nuevamente, replicando el último tercio de la congelada campaña del FpV, la ciudadanía autoconvocada protagonizó una marcha en Plaza de Mayo en defensa de la Ley de Medios que –insistimos–como durante el tramo final de la campaña del entonces oficialismo, no tuvo ningún correlato dirigencial, ausencia que puntualmente es menos grave que el síntoma que la nueva autoconvocatoria (¿y van?) pone en acto: energía social, sin soporte institucional robusto.

En el mediano plazo, lo sabemos, esa energía espontánea, librada a su suerte, se frustra y decae hasta de-saparecer y una de las visiones profundas de la restauración conservadora supone despolitizar al límite los comportamientos sociales. En efecto el macrismo juega buena parte de su perspectiva de gobierno sostenido en la certeza de que “ a la gente no le interesa la política, que sólo impacta sobre una minoría intensa, pero ínfima”.

Desafiar esa visión, para nada infundada, es una de las tareas opositoras de primer orden, no tanto cuantitativamente, haciendo que “la gente se interese masivamente por la política”, no pasará, sino ampliando al límite posible esa “minoría intensa”, asignándole entonces lo más altos niveles de formación y organización militante disponibles junto a operatividad política sostenida. 

Dura tarea. Contamos con ustedes, estimados lectores de PERFIL?

*Director de Consultora Equis.



alopez