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Madre en años luz

¿Qué lugar ocupa en nuestra vida lo que no nos gusta? A veces, por insatisfacciones propias, terminamos avinagrándonos y sacamos a la luz nuestros resentimientos completos: entonces lo que no nos gusta se vuelve un combustible denso. Kurt Vonnegut –grandísimo escritor yanqui– dijo que el amor era importante, pero que no nos olvidemos que Hitler logró unir a una nación mediante el odio. Jorge Luis Borges escribió un cuento hermoso con la forma de un ensayo: El acercamiento a Almotásin. En ese relato, un hombre encontraba en otro hombre algo que le parecía adquirido de otra persona y consagraba su vida a buscar a esa persona que emitía esa luz que se reflejaba en el otro. A mí, lo primero que me impactó de Gustavo Cerati fue su madre. En estos cuatro años en que vivió en coma, las noticias que solían salir en los diarios o en la tele la mostraban a ella como protagonista de una larga ordalía. Lilian Clark es una mujer hermosa, casi perfecta en su forma de expresarse –no trasmite angustia, no habla de más, no quiere protagonismo– y uno piensa que sin duda fue una gran influencia en la vida de su hijo. Muchas veces llegamos a un autor no porque escuchemos lo que hace sino por una recomendación, por una foto. Joseph Brodsky escribió que quiso leer a Beckett cuando vio su cara por primera vez. Hay una línea del rock argentino que conduce directamente a Cromañón. Es la línea del odio. Es la construcción de la personalidad no por la inspiración artística sino por el resentimiento. Cuando una sociedad no funciona, no contiene, no le da valor a la persona en su singularidad, lo que surge, lo que contiene es el rencor, el odio. Durante mucho tiempo, en los conciertos de los Redondos escuchamos a cierta parte del público desear la muerte de Cerati en sus cánticos de tribu. Un fan es alguien que gusta de un grupo, un fanático es alguien que odia a otro grupo. El sueño de la razón engendra monstruos; el público de los Redondos engendró nazis. Por el contrario, entre los seguidores de la música ligera no hubo registro de rechazo hacia otros músicos o bandas: simplemente iban a escuchar a Cerati y mañana podían escuchar a otro músico. Parece que el guitarrista de Soda produjo una obra más versátil, abierta a todos y sin la necesidad de construir una “orga” o una secta. Es común resaltar la personalidad, pero las personas más espirituales tienen esencia y no personalidad. En realidad, la personalidad es algo que crece como un mal arbusto y nos envenena: de ahí que algunos personajes importantes sean en el fondo huecos. Si uno no hace un trabajo especial para lograrlo, la esencia deja de crecer en nosotros, se detiene. Como no creo en la reencarnación ni en la vida después de la muerte, pienso que lo único que sobrevive cuando morimos es esa parte de nuestra esencia que les podemos transmitir a los seres queridos: hubo algo de su madre en Cerati, y hay algo de Cerati aún hoy en su madre.

fcasas