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Mani pulite y el legado de Fayt

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Foto:Cedoc

Cuando el domingo pasado veía en el programa de Lanata su interesante investigación sobre “el otro vicepresidente”, por el presidente provisional del Senado y señor feudal de Santiago del Estero, Gerardo Zamora, pensé cuánto bien le hace a la sociedad que hoy haya medios audiovisuales masivos dispuestos a darle lugar al periodismo de investigación. Y qué útil sería que se pudieran ver investigaciones similares no sólo de los gobernantes y funcionarios públicos, sino también de los empresarios privados que les dan de comer y muchas veces son peores porque, además, pueden sobrevivir a los cambios de gobiernos.

Por ejemplo, ya que el juego puede ser la mayor fuente de financiamiento de la caja de la política, al punto que Lula prohibió por ley los bingos en Brasil cansado de que fueran la mayor fuente de corrupción de la política, sería ilustrativo ver una investigación sobre Cristóbal López, más allá de notas generales sobre el juego en Argentina.

O, ahora que vienen los presidentes de Rusia y China y se hablará de represas o grandes obras públicas que empresas de esos países construirán en la Argentina, investigaciones audiovisuales sobre por qué Electroingeniería consigue ser la pata argentina de esas obras mientras empresas tradicionales de ingeniería pesada, como Impsa, del reconocido Enrique Pescarmona, pasan dificultades económicas en el país cuando amigos del Gobierno que hasta hace diez años nunca habían construido una turbina consiguen ganar las licitaciones.

Sería preocupante si los empresarios ligados al kirchnerismo consiguieran alguna forma de impunidad habiendo comprado medios de comunicación, con los que resultaran un adversario más incómodo para los periodistas o los medios profesionales y tradicionales en general.

Y sería mucho pedirle al periodismo que sólo con su propio accionar le muestre a toda la sociedad la trama de la tangentopoli (coima-lopoli, en italiano) de la política argentina. Serán los jueces y los fiscales quienes, poniéndose los pantalones largos de la democracia y después de más de treinta años de su definitiva recuperación, puedan enderezar el sistema de equilibrio de poderes, colocándole límites al Poder Ejecutivo, no sólo en los temas que esta Corte Suprema ha venido haciendo, sino en los casos de corrupción de los políticos y sus contrapartes privadas.

Tres décadas de normal funcionamiento institucional deberían ser suficiente empoderamiento para que jueces y fiscales pudieran también ser ellos perros guardianes de los gobiernos de turno. Eso, además, retroalimentaría al periodismo, generando un círculo virtuoso del que saldría un país mejor.

La Academia Nacional de Periodismo distingue cada año a una figura prominente, y nunca fue tan oportuna como esta vez al conceder la Pluma de Honor al veterano juez de la Corte Suprema Carlos Fayt (de origen socialista, fue nombrado por Alfonsín en diciembre de 1983), quien lleva también tres décadas prestigiando a nuestro máximo tribunal y, con sus 96 años, sigue llegando todas las mañanas a las 7.30 al Palacio de Tribunales.

La ceremonia se realizó en su despacho, al que concurrió una delegación encabezada por el presidente y los dos vicepresidentes de la Academia: Hermenegildo Sábat, Lauro Laíño y Magdalena Ruiz Guiñazú. PERFIL publicará una secuencia de fotos en la edición de mañana, pero elegí para esta columna la foto del emotivo abrazo de Fayt al retirarnos, que me conmovió y no pude desconectarme de sus palabras en el acto. Nos pedía coraje como periodistas, nos llamaba a ser conscientes de la importancia de nuestro rol en la sociedad y a que ejerzamos esta obligación con brío y sin temores. Nos regaló a todos dos libros de su autoría sobre la importancia del periodismo (Ciencia política y ciencias de la información y La omnipotencia de la prensa: su juicio de realidad en la jurisprudencia argentina y norteamericana) y remarcó: “Nunca los traicioné, nunca los voy a traicionar”.

Fayt aporta un legado para los periodistas y los jueces más jóvenes. Periodistas solos no pudimos. Y jueces solos, tampoco. Por lo menos, en los años de oscuridad y dictadura que vivió el país. Con democracia y juntos, podremos. Como pudo Italia con su mani pulite. Como pudo nuestro vecino Brasil encarcelando al número dos del partido de gobierno. O en Francia, donde Nicolas Sarkozy tuvo que sacarse los cordones de los zapatos y el cinturón para cumplir con el protocolo de detención como un ciudadano más después de haber sido presidente de Francia. No es casual que el gobierno de Sarkozy fuera el que más escándalos periodísticos y casos judiciales haya tenido por aportes indebidos de empresarios amigos a sus campañas y vida personal.

Son los privados por donde cualquier investigación de corrupción política se puede comenzar. PERFIL viene alentando un mani pulite argentino e invitó a su artífice italiano, el ex fiscal Antonio Di Pietro, para que en septiembre visite la Argentina y nos ayude con su experiencia. Paralelamente, el representante de los abogados de la Capital Federal en el Consejo de la Magistratura, Alejandro Fargosi, publicó una columna en el diario La Nación con propuestas concretas para poder realizar una cruzada contra la corrupción e iniciar con el nuevo ciclo presidencial, a partir de 2016, una nueva época de nuestra evolución democrática.

Se puede, ése es el legado de Fayt, “ustedes pueden”, nos repitió el más longevo juez de la Corte de la democracia.



Jorge Fontevecchia