COLUMNISTAS CRECIMIENTO Y EQUIDAD

Más de 100 millones de argentinos

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1945. Termina la Segunda Guerra y el panorama político-económico global se altera por completo. Estados Unidos, un país de 130 millones de habitantes, emerge como principal potencia. Impulsado por un mercado interno dinámico, el desarrollo económico norteamericano avanzará con paso firme durante las décadas restantes del siglo XX.
Estados Unidos logró un crecimiento sustentable y relativamente equitativo gracias a una economía doméstica sólida y con capacidad de alojar sectores productivos de los más diversos, en un contexto de competencia sana entre pequeñas y medianas empresas. La competencia fue fundamental para que el mercado pujara en favor de las mayorías, como consumidores y como trabajadores, y esto fue posible, en buena medida, gracias al tamaño de su población.
El acceso a los mercados internacionales permite multiplicar la demanda y por lo tanto dota de escala a la producción de los países fabricantes de un determinado producto o servicio. Esto genera un círculo virtuoso donde el mayor volumen trae aparejado mayor escala y especialización, y eso mejora el bienestar de todos los países cuando hay un balance razonable en la generación de empleo. Sin embargo, Estados Unidos contó con una ventaja adicional en relación con los países que participan del comercio mundial: una población que, por sí misma, es suficiente para consolidar un
desarrollo económico equitativo y sustentable mediante la creación y participación de muchas empresas en competencia.
Los mercados pequeños tienden a monopolizarse, porque no cuentan con un tamaño suficiente para albergar varias empresas compitiendo. Para los países más pequeños esto es un problema que tiene solución: la integración regional, que implica el desarrollo de redes comerciales y logísticas compartidas, la unificación de las monedas y los mercados, la supresión de trabas aduaneras y una verdadera eliminación de las fronteras territoriales. ¿Qué ocurre en nuestro país? Contamos con una población considerable, aunque no lo suficientemente grande como para que nuestros mercados funcionen de forma plenamente competitiva. En consecuencia, la economía nacional ha sido dominada por monopolios y oligopolios. Las empresas más pequeñas se enfrentan a un combate desigual. Muchas veces son proveedoras y distribuidoras de las más grandes y están sometidas a las reglas de juego que éstas imponen, lo cual impide a las pymes evolucionar y competir por ocupar posiciones en los mercados principales. Es posible que el PBI crezca con mercados concentrados, pero el crecimiento será limitado. La economía no podrá desarrollar todo su potencial. No habrá equidad ni igualdad de oportunidades y tampoco se derramará el crecimiento hacia la mayoría de la población.
Si tuviéramos más de 100 millones de habitantes, existirían muchas más empresas en competencia y, por tanto, mayor escala para que esas empresas puedan subsistir, invertir e innovar. Asimismo, el crecimiento poblacional posibilitaría la aparición de nuevos nichos de mercado; surgirían diferentes especializaciones dentro de las mismas industrias. Pero Argentina no tiene 100 millones de habitantes. Por eso el gran desafío es la integración regional con Latinoamérica. En ese nuevo mapa, el país aumentaría sus mercados para lograr un desarrollo económico y social armónico y sustentable.
El próximo gobierno tiene el desafío de advertir esta necesidad de expandir la economía mediante la integración regional, para lograr que los mercados funcionen en sana y real competencia. Sólo así tendremos crecimiento con equidad. No se trata de buscar acuerdos entre gobiernos o grandes empresas, sino de articular medidas de integración que permitan que las pymes –las que existen hoy y las que pueden nacer gracias a este nuevo marco– se constituyan, fortalezcan, contraten y compitan en el territorio latinoamericano como si no existieran los límites fronterizos.

*CEO de Plaza Logística.



Eduardo Bastitta