COLUMNISTAS DISCURSOS KIRCHNERIZADOS

Más puede ser menos

Por Nelson Castro | Scioli y Macri compiten con un rasgo común: los dos suman tono K a sus campañas. Y riesgo electoral.

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Foto:PabloTemes

A medida que pasan los días, la preocupación crece en el núcleo duro del sciolismo. Es que desde el 9 de agosto –fecha en la que se realizaron las PASO a nivel presidencial– no ha habido buenas noticias para el candidato presidencial del Frente para la Victoria (FpV). Es verdad que el resultado del escrutinio definitivo le ha agregado algunas pocas centésimas más a su cosecha de votos; sin embargo, eso no le alcanzó para despegar y encontrarse seguro de alcanzar el número que lo acerque a una victoria. De eso se habló en una reunión que Daniel Scioli tuvo con sus asesores hace unos días. Allí se llegó a una conclusión simple y contundente: por el camino de más kirchnerismo va a ser imposible conseguir los votos faltantes. El candidato necesita atraer aquella parte del peronismo que hoy no lo acompaña. La tarea no es ni será fácil.

Hasta el momento las encuestas le muestran que ni las inundaciones en la provincia de Buenos Aires, ni las azarosas circunstancias del dólar blue, ni el bochorno de la elección en Tucumán han afectado a Scioli. No obstante, el riesgo de que en algún momento la tendencia cambie preocupa a su equipo de campaña. Por eso, en la semana que pasó, se desplegaron algunas iniciativas mediáticas con anuncios destinados a obtener el favor de quienes el 9 de agosto pasado no lo votaron. 

Claro que en el medio se interpone una circunstancia de peso: la relación entre los referentes económicos de Daniel Scioli y Axel Kicillof no es de lo más feliz en este último tramo de la campaña. Esta circunstancia equivale a decir que se tensa la relación –que nunca fue buena– entre Cristina Fernández de Kirchner y el candidato elegido por razones de fuerza mayor para representar al FpV.

En materia económica, al sciolismo le preocupan dos cosas: el dólar –con todo lo que ello representa– y la pérdida de competitividad de la industria. Nadie quiere pronunciar públicamente la palabra devaluación pero, puertas adentro, las referencias son obligadas. Esto mismo le hicieron saber al ministro de Economía, quien, con cara de pocos amigos, no demostró la más mínima empatía ante el planteo. 

Uno de los principales referentes del sciolismo en materia económica reconoció el cambio de discurso en temas como la “salida gradual” del cepo al dólar, la necesidad de actualizar las escalas del impuesto a las ganancias que se les aplica a los trabajadores y a los jubilados, y el atraso cambiario. Cuando se lo consultó sobre la viabilidad de llevar adelante ciertas correcciones en caso de que sean gobierno, respondió: “Mucho se habla de las limitaciones que el cristinismo podría imponerle a Daniel, pero la verdad es que será el propio peronismo el que se encargue de terminar con las especulaciones. El peronismo no acepta dos liderazgos. Se encolumna siempre detrás de una figura. Si Scioli es presidente, tendrá el poder, la lapicera y la firma. Está claro que todos se alinearán tras él”. 

Esta es la abstinencia de poder que al día de hoy ya desvela a la Presidenta. Pero a no adelantarse. Scioli se ha estancado en una campaña pobre y pareja donde cualquier error podría ser determinante. Salir a buscar votos por fuera del núcleo más estrecho que acompaña al oficialismo parece una relación inversamente proporcional a la ideología.

Visto el giro de profundización kirchnerista que se verificó en su discurso, el gobernador de Buenos Aires debería generar un cambio tan grande en el discurso que pocos piensan que resulte creíble. Poco lo ayuda en la persecución de su objetivo quien aspira a sucederlo en territorio bonaerense, Aníbal Fernández.

Similares. Por el lado del PRO, las cosas tienen algún parecido con lo que pasa en el oficialismo. Mauricio Macri ha salido a buscar en aguas ajenas los votos que hoy no tiene. Claro que la kirchnerización de su discurso, algo cuidadosamente diseñado por Duran Barba, también tiene sus límites. 

En el comando de campaña del jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires se terminó de definir una nueva estrategia de campaña. Habrá menos internet y mucho más contacto con la gente. Si no se descuentan las abismales ventajas que obtuvo Scioli en las provincias del Norte será muy difícil llegar al ballottage, que es la aspiración por cuyo logro se trabaja en Cambiemos. 

El otro gran frente es la provincia de Buenos Aires, en donde la figura de María Eugenia Vidal sigue creciendo. En ese distrito clave hay por estos días un diálogo fluido a nivel de las intendencias entre las segundas líneas de Cambiemos y de UNA. Ahí podrían darse acuerdos de peso para la elección de octubre que podrían derivar en que el candidato de uno u otro se bajara en pos de consolidar las chances del mejor posicionado. “Si logramos esto, la victoria está asegurada porque en ese nivel las cosas funcionan en forma matemática, es decir, que dos más dos es igual a cuatro”, señala un integrante de la mesa de campaña del PRO con amplia experiencia en la dinámica electoral de la provincia de Buenos Aires. 

El otro acuerdo imprescindible es el de la fiscalización de los comicios y del escrutinio. A esta altura ya no caben dudas de que lo de Tucumán fue y es un escándalo. Ante la imposibilidad de cambiar el método de votación, la única solución es un control estricto de la fiscalización de la totalidad del acto electoral. 
La democracia argentina no puede ni debe siquiera correr el riesgo de verse expuesta al bochorno de repetir el caso Tucumán.

Producción periodística: Guido Baistrocchi, con la contribución de Santiago Serra.



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