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Mauricio del Moro o el país ‘Intratables’

A no pocos dirigentes argentinos les gustaría funcionar como Santiago del Moro. Y a Macri le cuesta más controlar de lo que pretende.

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Foto:Facundo Iglesias

En acción se ilumina y se conecta con lo que sucede a su alrededor. Da la sensación de que todo está bajo su control. Que nada se le escapa. Aun en medio de estallidos y cortocircuitos entre los propios y los ajenos, él tiene la rienda y la maneja a voluntad. Reparte en espacio y tiempo ideas e intereses contrapuestos. Dosifica y doma egolatrías de montaña. Domina los imprevistos, en especial los que pueden exponerlo al desaire. Lo hace casi siempre sin enojarse y con una sonrisa, pero con firmeza. Porque manda él. Ejerce ese rol sin que le haya interesado formarse ni informarse. Y aunque lleve poco tiempo ejerciendo esa función, se le reconoce el crecimiento como líder. Y el éxito al frente de un equipo que lo sostiene.

A no pocos dirigentes argentinos les gustaría funcionar como Santiago del Moro, el particular conductor del programa radial más escuchado de la FM y de Intratables, el show diario que se adueñó del debate político en pleno prime time de la TV abierta. En medio de discusiones tan plurales como obvias u ofensivas en muchas ocasiones, Del Moro la lleva atada y les saca jugo hasta a las piedras. Y se erige en el único tratable.

Mauricio Macri debe envidiar en secreto a Del Moro, pese a que es muy crítico de Intratables y en privado ha utilizado muchas veces el programa de América como una metáfora de la Argentina que le disgusta.

“Te dicen una cosa y después hacen otra. Te mienten. Te traicionan. Sólo les importa cuidar sus intereses. Se cagan en los demás. No esperaba otra cosa, pero un ‘país Intratables’ es muy difícil de manejar”. Palabra más, palabra menos, Macri se anima a veces a compartir su desazón entre los suyos.

Sus dardos tienen un destinatario dilecto que él mismo bautizó hace un par de años en un reportaje a PERFIL: el círculo rojo. Políticos, empresarios, banqueros, sindicalistas, jueces, periodistas e influyentes varios que tratan de surfear todas las olas del poder. Porque ellos vendrían a ser una suerte de poder permanente.

Conceptualmente, Macri le achaca al círculo rojo falta de comprensión y tolerancia sobre los graves problemas a resolver, no sólo económicos y sociales. Pero tiene una curiosa receta como solución: “Meto a 7.500 del círculo rojo en una nave espacial y Argentina se vuelve Canadá”, como bromeó días atrás en Olivos. Rio cuando se le planteó si lo subiría a su padre en ese viaje de ida.

Macri le achaca al círculo rojo falta de comprensión y tolerancia sobre los graves problemas a resolver, no sólo económicos y sociales

La ironía presidencial parece más propia de la magia televisiva, allí donde Del Moro agita su mano, hace que suene como audio una campana escolar y retoma el control del piso y de la situación. En ocasiones, son los invitados al programa los que detonan la dinámica marcada por el conductor: desde un llamado telefónico al aire de Stiuso hasta el desaire en cámara del ex senador Yoma abandonando el estudio.

A Macri le cuesta más controlar de lo que pretende. Repasemos. A los empresarios, que para su gusto no invierten y aumentan los precios (ayer el ministro Cabrera se despachó contra el sector). A los sindicalistas –empezando por su ex aliado anti K Moyano–, que ya ejecutaron el primer acto masivo contra el Gobierno, que cumple apenas 150 días de gestión. A los jueces, en especial los federales, que se mueven a la defensiva y sin control político ni institucional (ni la ida de Oyarbide le dejó un sabor dulce, y menos la posibilidad de que Cristina vaya presa, como dejaron entrever privadamente el Presidente y públicamente el ministro Garavano, ayer en PERFIL). A los políticos del oficialismo (que lo incomodan, como Carrió y muchos radicales) o del peronismo (cree que desde Pichetto hasta Massa lo extorsionan y traicionan). A los periodistas, que en teoría le demandamos resultados que no se condicen con el tiempo que lleva esta administración y la problemática heredada.

Con sus panelistas, Del Moro tampoco afloja la cuerda. Y al que saca los pies del plato, adiós. A Macri se le complica un poco. “Hay que saber manejar los egos”, sostiene en relación con sus ministros, para intentar despejar las internas cada vez más calientes. “Debatimos y discutimos. Y si no se ponen de acuerdo, zanjo yo”, argumenta. Desde ese lugar se explica su intervención sobre el promocionado gabinete económico, como revela hoy PERFIL.

Acaso en este “país Intratables” del que habla Macri, él esté fantaseando con buscar su propio Del Moro. Lo era Rodríguez Larreta en la Ciudad. Debería serlo Marcos Peña en Nación. O hay quien se imagina un Prat-Gay de superministro. Ante una situación socioeconómica cada vez más caliente, el gabinete arde y todos se ponen intratables. Pero sin Del Moro.



jcalvo