COLUMNISTAS PREJUICIOS


Mauricio Macri, ¿traidor a su clase?

PERFIL COMPLETO

El poder político puede construirse apelando a diferentes elementos. Durante el gobierno anterior, liderazgo carismático y discurso encendido fueron piezas clave del andamiaje que imperó por 12 años. En esa particular combinación de personalismo y retórica se edificó el relato. A contramano de aquella experiencia, el capital referencial de Mauricio Macri tiene base tripartita; se funda en la austeridad ideológica, el bajo voltaje discursivo y la dinámica de gestión por sobre las prácticas simbólicas que signaron el período 2003-2015.

Haciendo de la diferenciación un sistema, el oficialismo agudiza las contradicciones con el gobierno anterior, desmontando así las acusaciones clasistas provenientes del peronismo. En esa línea, entonces, Cambiemos no privatizó la educación pública ni puso fin a los juicios por violaciones a los derechos humanos durante la última dictadura. Tampoco limitó el derecho a huelga o desfinanció a la comunidad científica. Al mismo tiempo, aumentó la ayuda social y mantiene subsidios.

Desde otro prisma también se piensan los medios públicos. Hay ejemplos: en sintonía con justa respuesta escrita que recibió por parte del secretario de Medios Públicos, Jorge Sigal, Adrián Paenza ejerció su derecho a criticar libremente al gobierno. Luego de ello, el divulgador científico continúa con su espacio en la Televisión Pública; los noticieros del canal estatal no ocultan los paros, movilizaciones, protestas contra la administración de turno; en Radio Nacional, en tanto, periodistas que nada tienen que ver con la Casa Rosada trabajan sin restricciones. Esta realidad constituye un logro cultural notable frente al decadente escenario que generó el periodismo militante.

En otro orden, persisten problemas económicos y errores de ejecución política. Ambos trascienden los presuntos yerros a la hora de comunicar actos de gobierno. La lista se impone: ausencia de estadísticas oficiales sobre pobreza e inflación; suba de precios que impacta sobre el salario; insolvencia ministerial a la hora de explicar e implementar la suba de tarifas; inconcebible respaldo a las cláusulas secretas del acuerdo YPF-Chevron; endeble y estrecha aclaración presidencial frente al caso Panamá Papers; cuestionable entendimiento con las empresas mineras, etc.

Entre tanto, es preciso reparar en la estructura de poder que define al oficialismo. Ante todo, está claro que los socios políticos del PRO figuran en segundo plano en la toma de decisiones. En consecuencia, el presente patentiza una falencia sostenida: Cambiemos no logra erigirse y funcionar en colación de gobierno. Por ahora es sólo una administración presidencialista, como cualquiera de las anteriores, que carece de una mesa política; un espacio institucional de definición estratégica integrado por las tres fuerzas que confluyen en el frente gobernante.

Así las cosas, a seis meses de su llegada a Balcarce 50, Mauricio Macri no logra romper el prejuicio que despierta en algunos sectores por su condición de empresario. Lo contrario le sucede al Presidente frente a los hombres de negocios: a fuerza de liberalismo económico, y desde un pasado en común, les pide a éstos que se comporten de forma contraria a lo que dicta el manual capitalista. Se sabe, el capital no tiene patria y, para peor, es cobarde: no arriesga donde no tiene la certeza de ganar. En este punto, retomando en clave de pregunta el título de la biografía de Franklin Roosevelt escrita por el historiador norteamericano H.W. Brands, quizá Mauricio Macri sea un “traidor a su clase”. El tiempo se encargará de dar una respuesta.

En cualquier caso, más allá de las expectativas y la incertidumbre en torno al mentado segundo semestre, el Gobierno será juzgado por los resultados y no por sus intenciones.

 

*Licenciado en Comunicación Social (UNLP), miembro del Club Político Argentino.



Damián Toschi