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Máximo y la pragmática de las palabras

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Finalmente la incógnita fue develada: Máximo Kirchner emergió de un supuesto poder desde las sombras para hablar públicamente. Su tono, gestos e inflexiones de voz recordaron al Néstor de la primera época. El contenido de su discurso, en cambio, a la Cristina de la última. En una de las frases decisivas y polémicas, Máximo sentenció: “si quieren acabar con el kirchnerismo, ¿por qué no dejan y compiten con Cristina, le ganan a Cristina y sanseacabó? Para luego agregar: “No le tengan miedo a las urnas, no le tengan miedo a la sociedad, al pueblo, al ciudadano.”

A partir de ese momento, apareció una legión de exégetas aplicados a descifrar lo que Máximo realmente dijo, no dijo, quiso decir o dio a entender sin haber dicho. Tal cúmulo de variopintas interpretaciones incluyó éstas: Máximo sugirió la intención  de reformar la Constitución para así habilitar la re-re- elección de Cristina; Máximo en realidad apuntó a mostrar un liderazgo aglutinador de la propia tropa; Máximo dio el primer paso hacia el lanzamiento de su propia candidatura propia, etc.

Además de los intérpretes enfocados a determinar significados, dentro del oficialismo se sumaron voces que se apoyaron en aquel discurso para pasar a definiciones políticas más precisas. Así, Carlos Kunkel, se animó lisa y llanamente a elucubrar que el Congreso se disponga a derogar la norma que impide la re-re-elección, argumentando que si aquél no es capaz de derogar leyes, entonces debería disolverse. Aníbal Fernández fue igualmente enfático al completar el significado que atribuyó al “análisis de laboratorio” (sic) de Máximo: “¿Por qué no se puede? Modifiquemos la Constitución conforme al artículo 30, que dice que usted la puede modificar en todo o en parte”. El “Cuervo” Larroque no quedó atrás cuando sostuvo: “Qué legitimidad puede tener un próximo gobierno que no compite con quien concita la mayor adhesión de nuestro pueblo”; para concluir que “lo mejor que le podría pasar a la oposición sería enfrentar a Cristina Kirchner”.

En Cómo hacer cosas con palabras, el filósofo John Austin destaca que las palabras no sólo son entes informativos, sino también instrumentos para la acción.

En tal sentido, un discurso no es una mera colección de palabras descriptivas de algo, sino un conjunto de actos.

De esto puede derivarse entonces una implicación más bien sencilla para el ámbito de la política: en rigor no importa tanto lo que las palabras literalmente puedan decir, sino las acciones que son capaces de determinar. En algún sentido, el pasaje crítico del discurso de Máximo Kirchner fue trivialmente simple: por qué la oposición no compite con Cristina Kirchner y listo. Pero tal aparente sencillez encubre tal fondo de ambigüedad cuyo significado se revela pleno en la salvaje pragmática de sus repetidores.

*Director de González Valladares Consultores.



Federico González