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Mercado laboral: un “récord” opaco

Desde el Gobierno festejan porque afirman que las cifras de empleo registrado alcanzaron un nivel “récord”.

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Desde el Gobierno festejan porque afirman que las cifras de empleo registrado alcanzaron un nivel “récord”. Esto es parcialmente cierto, ya que a abril de este año la cantidad trabajadores registrados se ubicó en 12,1 millones, el valor más alto de la serie en términos desestacionalizados. Pero justamente en el “parcialmente” es donde radica el problema: dicho valor refiere a la cantidad total de trabajadores registrados, y no al empleo asalariado privado: dentro del número total también se incluyen asalariados del sector público, monotributistas, y trabajo en casas particulares.

De hecho, el valor “récord” no sólo implica un aumento muy modesto (+0,8%) frente a noviembre de 2015, sino que la composición de la suba acota aún más el optimismo: en los últimos 17 meses se destruyeron empleos asalariados privados (-0,8%) y autónomos (-2,9%), caídas que fueron casi perfectamente compensadas por mayor empleo público (+1,5%) y trabajo en casas particulares (+3,9%). En otras palabras, la suba total se explica por las altas de monotributistas (+5,4%).

Asimismo, y en lo que hace al empleo asalariado privado, si bien se han creado 26.000 puestos en los últimos 10 meses (+0,5%), hay que tener en cuenta también que la mediana del salario en los sectores donde el empleo aumentó es 27% inferior que en aquellos en donde cayeron los puestos de trabajo; es decir cambiamos trabajo de mejor remuneración por otro de menos, y esto obviamente forma parte del deterioro social que se ve.

Detrás del “récord historico” se ocultan dos factores centrales que es preciso destacar. En primer lugar, que hay que comenzar a ver las cifras en términos relativos y no sólo absolutos. En Argentina somos 43 millones de habitantes, de los cuales 25 millones están en edad de trabajar y 20 millones componen la población económicamente activa, o PEA (que están en condiciones de trabajar y desean hacerlo). Suponiendo apenas un crecimiento de 1% en la PEA (cuando en realidad la población crece algo por encima) implica que año a año la economía debe crear al menos 200.000 puestos de trabajo sólo para absorber a los ingresantes al mercado laboral; si la economía no crea esta cantidad anual de puestos de trabajo implica que también habrá un “record histórico” en la cantidad de desocupados o inactivos. Además, necesitamos que la creación de empleo privado registrado supere por mucho los 200.000 puestos anuales si apuntamos a acotar la creación de empleo público, reducir el desempleo y disminuir la elevada informalidad.

La creación de empleo registrado en los últimos 5 años promedió 228.000 anuales pero únicamente gracias al empleo público, que aportó la mitad de la creación total; la creación de empleo asalariado privado fue insuficiente, y lo sigue siendo, para absorber la cantidad de puestos que se necesitan. De hecho, la creación de puestos registrados asalariados privados se redujo de 400.000 anuales en 2003-2006, a 225.000 anuales en 2007-2011 a sólo 40.000 por año en 2012-2016. En dichos períodos, la informalidad y el desempleo primero se redujeron fuertemente (2003-2006), luego detuvieron su caída (2007-2011) y luego aumentaron levemente (2012-2016).

El segundo punto a destacar es cuánto empleo se genera con la recuperación económica: el INDEC informó que en el primer trimestre la actividad sin estacionalidad creció 1,1% (la suba más elevada desde mediados de 2015), pero en el mismo período el empleo desestacionalizado apenas subió 0,1%. Se ve en las bases del crecimiento: importaciones ganando participación en la oferta bruta; exportaciones estancadas; consumo público creciendo más rápido que el privado; consumo privado explicado por bienes dolarizados en desmedro de los masivos; etc.

En definitiva, la complejidad del desafío en materia productiva, laboral y social que tenemos por delante nos exige analizar seriamente y adoptar las mejores medidas que nos permitan apuntar el rumbo en la dirección deseada. “Si se puede”, pero sin relatos y con voluntad política.


*Economista. Diputado del FR.



Marco Lavagna