COLUMNISTAS REPERCUSIONES DEL CASO GRANATA


Metafísica del cornudo

Seas del género que seas, el acto es el mismo y las consecuencias lacerantes de la traición son gravemente ultrajantes. Allí... Resquebrajando el cimiento más preciado de una pareja: la confianza.

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Infidelidad. Seas del género que seas, el acto es el mismo y las consecuencias lacerantes de la traición son gravemente ultrajantes.
Infidelidad. Seas del género que seas, el acto es el mismo y las consecuencias lacerantes de la traición son gravemente ultrajantes.
Foto:CEDOC.
"Cornuda/o". Existe una palabra para señalar a la victima de la infidelidad pero no hay una palabra para definir cualitativamente, de forma precisa, a quién la ejerce.

Este descuido arbitrario, deviene en síntoma de estigmatización social si lo asociamos con una histórica tendencia machista -asumida tanto por varones como por mujeres- de procesar con mayor condescendencia la infidelidad en el varon que en la mujer. "Si es él, es un pirata, un canchero; si es ella, es una put..."

Podemos perseguir una raigambre biológica en este injusto tratamiento popular remontÁndonos al carácter inseminador/cazador del macho y la función de crianza/contenedora subrayada en la hembra, y a partir de allí, dilucidar porqué un comportamiento se percibe culturalmente como más "esperable" en un bando que en otro, sin llegar al extremo de preconizar el "harem".

Hoy los roles se han modificado sustancialmente respecto a nuestros ancestros y, aunque convivamos con fósiles de preconceptos, repudiamos por igual la infidelidad en cualquiera de sus contextos. Seas del género que seas, el acto es el mismo y las consecuencias lacerantes de la traición son gravemente ultrajantes. Allí... Resquebrajando el cimiento más preciado de una pareja: la confianza.

Es materia del fuero interno individual, y del transcurrir del tiempo, saber con certeza si esto afectará de muerte a la relación o no. También existen los casos en que la experiencia -a pesar del trago amargo- sirvió a la pareja para mejor.

Haya sido una sola vez o con recurrencia; confesada o descubierta; con sentimientos intervenidos o reducida al efímero fuego de la pasión; el hecho se debiera perdonar.

Las consecuencias negativas de mantener rencor hacia el/la agresor/a se reflejan día a día en los consultorios de psicología y en los Hospitales. Menos por benevolencia ingenua que por aprecio a la salud propia (tanto mental como física) se debería siempre y en todos los casos perdonar una infidelidad. Lo que no significa por ello, que una pareja ya constituida no se tenga quizás por eso que separar.

"De los cuernos y de la muerte nadie se salva". Discuto esa frase. Hay una manera de terminar de una vez y para siempre con la infidelidad: Que esté permitida. (aunque no sé si la vaya a practicar).

Para profundizar acerca de esta última posibilidad pueden inmiscuirse haciendo click acá: ¿la monogamia en extinción?


(*) Psicólogo y novelista. En Twitter: @llavemaestraok