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Miedo y huida

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Foto:Cedoc

Con una ingenuidad conmovedora, el subdirector del diario Página/12, Luis Bruschtein, tituló “Un paro a destiempo” su columna de ayer, donde explicó que “el paro fue convocado hace varias semanas, cuando parecía que la historia argentina estaba por repetirse y que la escalada contra el dólar se llevaría puesta la economía”, que “en ese escenario surgió la convocatoria al paro con las consignas ‘No al ajuste’ y ‘No a la inflación’ (...) pero se realizó varias semanas después en un contexto totalmente distinto”.

A Moyano y Barrionuevo poco les importan los efectos del paro sobre el presente, ésas son apenas excusas, sus verdaderas motivaciones están en hacerle notar a Scioli, Massa o al peronista que pudiera surgir que en el próximo ciclo político, si no fueran apaciguados con determinadas prebendas, estarían dispuestos a utilizar su poder de inmovilizar los grandes centros urbanos convirtiendo a todos los trabajadores en sus rehenes.

También en la edición de ayer, el jefe de Economía de Página/12, Alfredo Zaiat, escribió sobre la reciente devaluación. Tituló su columna “La fuga”, y allí reveló que los nuevos cálculos sobre la cantidad de dólares que los argentinos tienen en el exterior rondan los 400 mil millones de dólares, triplicando a México en la relación dólares en el exterior sobre Producto Bruto del país y cuadruplicando a Brasil.

Es un rasgo de carácter argentino la propensión de los que pueden ahorrar a hacerlo en dólares, lo mismo que ante señales de inestabilidad se retroalimenten mucho más velozmente que en otros países los síntomas, creando a veces tsunamis en vasos de agua.

Y ese comportamiento “urgentizado” no sólo se evidencia en la relación con el dólar sino en casi todos los aspectos de la vida económica y política, dominada exclusivamente por el cortoplacismo. Las continuas y cambiantes alianzas políticas donde el enemigo de mi enemigo de hoy es mi amigo, aunque haya sido mi enemigo de ayer, tienen profundas raíces que se pueden expresar en la alianza de Moyano con Barrionuevo, en la de Clarín con Moyano, en la de Micheli con Moyano y Barrionuevo, o en la de Kicillof con el FMI, aunque su rebeldía sea no usar corbata tampoco en ese contexto.

No sólo Kicillof se preocupa de esos mensajes no verbales, que comunican más rápidamente una posición y contribuyen tanto a “verosimilizar” un relato. Probablemente el estilo descuidado de dirigentes sindicales como el Pollo Sobrero o Néstor Segovia sea otra forma de convención semántica para legitimar la representación del proceso de precarización laboral, frente al estilo más burgués de Moyano y Barrionuevo.

La mayor preocupación con el parecer que con el ser tiene lógica funcional dentro de un sistema cortoplacista. Conductas circunstacializadas y poco guiadas por ideas más o menos permanentes temporizan nuestro modo de hacer política, afectando los cimientos de la vida económica. Nuestro cortoplacismo es resultado del miedo, que produce como respuesta una huida, que puede ser hacia el dólar o hacia candidatos nuevos, como en su momento De Narváez y ahora, aunque con otras posibilidades, Massa. Huidas en muchos planos, pero siempre marcadas por la búsqueda de salvaciones.

La huida denota el primitivo estadio de nuestra política y economía. En su libro Trabajo sobre el mito, el filósofo Hans Blumenberg desarrolla el origen del ser humano como el de un animal huidizo que al bajar de los árboles se refugia en la caverna porque, al no tener a su alcance las condiciones determinantes de su existencia, queda impotente frente al absolutismo de la realidad.

Para Blumenberg la esencia humana se constituye en torno al carácter angustioso de su relación con el peligro: “Todo el dominio sobre la realidad ganado por el ser humano gracias a la experiencia de la historia y, en definitiva, al conocimiento no ha conseguido quitarle de encima esa amenaza de volver a caer de nuevo en aquel estado de impotencia, de volver a hundirse en su arcaica resignación”. Cita el concepto freudiano sobre que “la sombra de la infancia no conoce eclipse”, por lo que siempre se estará en guardia y, frente al menor signo de resurgimiento del caos, el terror invade al individuo, que retoma la huida como primer mecanismo de defensa.

Escribe Blumenberg: “No es verdad que un magnífico saber de lo invisible –por ejemplo, de las radiaciones, de los átomos, de los virus o de los genes– acabe con el miedo. El miedo es de índole arcaica”. El horror vacui frente a que las fuerzas que nos gobiernan nos hayan dejado a merced de la arbitrariedad puede explicar cómo hace dos meses la mayoría de los analistas económicos debatían la posibilidad de que el gobierno de Cristina Kirchner no llegara a marzo y ahora especulan con la liberalización del cepo cambiario.

Ese miedo y huida exacerbados que tenemos los argentinos habla de la infantilización de nuestra política y economía, donde la mayoría de los actores principales están formateados por ese cortoplacismo radical. Miedo y huida que aprovechan personajes como Moyano y Barrionuevo para extorsionar a los futuros presidenciables. “Me acostumbré a volar como la águilas y no arrastrarme como las víboras”, dijo Barrionuevo en su conferencia de prensa post paro. Para luego agregar: “En las elecciones, Massa los va a matar”. Un angelito.

Sobre los motivos del paro fue muy sincero el líder de La Fraternidad, Omar Maturano, quien ayer le dijo al diario La Nación: “Fuimos al paro porque nos tratan con soberbia”. Faltó que dijera: “Para que aprendan los que vendrán”.

Mientras tanto, un sistema económico atravesado por el miedo no para de promover la huida del ahorro y de las inversiones.



Jorge Fontevecchia