COLUMNISTAS CARRERA ELECTORAL

Mil entierros

La campaña será dura y se dividirá entre el miedo al ajuste y el terror al regreso K.

EL BAILE RECIEN EMPIEZA Mauricio Macri
EL BAILE RECIEN EMPIEZA Mauricio Macri Foto:PABLO TEMES

El resultado de la conformación de las listas de candidatos para las elecciones en la provincia de Buenos Aires pareciera haber acordado con los deseos de los estrategas de Cambiemos en cuanto a la división de la oposición en numerosas listas.

La construcción del enemigo. La estrategia principal del oficialismo desde la apertura de las sesiones del Congreso de 2016 por parte de Mauricio Macri fue utilizar a fondo el recurso de la “pesada herencia” y poner a Cristina Fernández de Kirchner en la vereda de enfrente construyendo la figura retórica de su gobierno como una asociación ilícita. La falta de resultados en la esfera económica y la acumulación de decisiones polémicas en estos dieciocho meses llevaron a que la táctica acusatoria, construida para ganar tiempo, se perpetuara e hicieron que la figura de Cristina, lejos de desvanecerse, se acrecentara. No en vano su nombre estuvo presente en más de cuarenta portadas del diario Clarín sólo en este año. Sin embargo, y contra todas las recomendaciones, Cristina se planta en las elecciones desechando el sello de Frente para la Victoria que la acompaña desde 2003 y dejando el Partido Justicialista en manos de Florencio Randazzo. Esto abre un sinnúmero de interpretaciones, desde que sólo utilizó la maniobra para evitar la primaria hasta que planea una refundación del sistema político con la construcción de un bloque de izquierda, más cercano a Podemos de España que al peronismo clásico, es decir la construcción de un partido de los indignados. El acto de Arsenal abreva en esta segunda hipótesis.

Populismo. Macri dio pistas de lo que será su caracterización de la campaña en una entrevista que dio en mayo, cuando sostuvo que “en octubre la gente decidirá si sigue el cambio o volvemos al populismo”. Es una apuesta riesgosa, porque el concepto de populismo tiene muchas interpretaciones, y poner como moneda de cambio la democracia republicana tiene gusto a poco en un país con más del 30% de población en condiciones de pobreza y sin esperanzas de salir de allí. Pero el concepto de populismo no es nuevo, por el contrario, surge en la Rusia zarista en 1878 con el movimiento Narodnichestvo, y en Argentina fue aplicado por el sociólogo Gino Germani que asociaba el peronismo con el fascismo, el bonapartismo y el “populismo” nacional. Fernando Cardoso y Enzo Faletto explicarán el populismo como una articulación política (positiva) destinada a incorporar a las clases excluidas de la coalición gobernante, y finalmente Ernesto Laclau advertirá que se trata de una lógica política destinada a construir un sujeto político global que reúne una pluralidad de demandas sociales con un cariz antielitista. El populismo no posee una ideología fija, sino que muta en torno a las disputas sociales de cada momento histórico. Por esto quienes descorcharon (tantas veces) el champagne festejando la muerte del peronismo deberán esperar. El movimiento creado por Juan Perón 1945 no es un partido ni una doctrina, sino una lógica política y un dispositivo destinado a compensar los efectos de un sistema económico fallido, cuya finalidad es evitar la transformación del país en un Estado fallido. El mejor ejemplo de este dispositivo es el breve interinato de Eduardo Duhalde, quien asume la presidencia el 2 de enero de 2002 en pleno apocalipsis social y no duda en salir de la convertibilidad de la moneda, pesificar los depósitos bancarios y las deudas de los grupos económicos y colocar las retenciones al agro. En aquellos tórridos días de verano leyó el terror que despertaban los saqueos entre las clases medias y altas de Buenos Aires, lo que le permitió negociar semejantes concesiones con los sectores más poderosos. Sólo Juan Carlos Onganía con Krieger Vasena se había permitido colocar retenciones a las exportaciones agropecuarias. También ese “paquete” negociado por Duhalde incluía una fuerte represión a los sectores piqueteros movilizados, pero no previó el asesinato de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán el 26 de junio de 2002 en Puente Pueyrredón en manos de la Bonaerense, que lo arrastraría a su salida anticipada. En síntesis, mientras la estructura económica de Argentina sea inviable, volverá a resurgir el peronismo en alguna de sus formas.

Doble plebiscito. Como quedan planteadas las cosas, la elección que viene será un inédito plebiscito cruzado entre la presidenta anterior y el actual, para ver en definitiva cuál es menos querido. Sobre Mauricio Macri se insistirá en que se trata de un gobierno de ricos para ricos. El fantasma de un enorme ajuste poselectoral en el caso de un triunfo de Cambiemos será la base de la argumentación kirchnerista. La increíble operatoria de las bajas de las pensiones por discapacidad –y por la que no se conoce funcionario que haya dado un paso al costado– será una poderosa arma neutrónica en manos de la oposición para demostrar que se apunta a conculcar los derechos sociales. Este argumento preocupa al Gobierno, por ese motivo ya Rogelio Frigerio tuvo que salir a negar los futuros planes de ajuste que muchos funcionarios prometen a los asistentes a las decenas de coloquios de empresarios en estos días. Sobre Cristina, se reiterará hasta el hartazgo lo ya dicho: su populismo es intrínsecamente corrupto, invariablemente destinado al fracaso, y esta vez sí vendrá por todo (terror entre los empresarios). No habrá periodista –independiente u opositor– que deje pasar la oportunidad de preguntar a los integrantes de las listas de Unidad Ciudadana sobre José López y las valijas voladoras, sobre Ricardo Jaime, sobre Hotesur, etc. La primera “víctima” de estas preguntas fue la cabeza de lista Fernanda Vallejos, quien dio una versión desconcertante sobre las causas de Amado Boudou planteando lisa y llanamente que se trata de “un perseguido político como Yrigoyen, Perón, Evita, Néstor y Cristina Kirchner”. Sin lugar a dudas, ese tipo de respuesta genera festejos en la Casa Rosada.
La campaña electoral será una extenuante carrera donde ambos contrincantes movilizarán prioritariamente a sus bases duras, condición necesaria pero no suficiente para ganar la elección en la Provincia, por lo cual la polarización buscará votos entre los no alineados, provengan de 1País o otras opciones minoritarias como la izquierda dura o el naciente randazzismo.

*Sociólogo (@cfdeangelis).