COLUMNISTAS ARGENTINA EN EL MUNDIAL DE ATLETISMO

Miserias tapadas con más miseria

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A la grandilocuencia de decir que el que concluirá hoy en Moscú fue el mundial más exitoso de la historia –desde 1983– para el atletismo argentino debería seguirle la aclaración de que bastó tener dos lanzadores finalistas (Rocío Comba, en disco, y Germán Lauro, en bala) para que se alcanzara el objetivo. En treinta años de certámenes, sólo tres argentinos pasaron eliminatorias –los citados, y Jennifer Dahlgren en Daegu 2011–, en tanto Antonio Silio, octavo en los 10.000 de Stuttgart en 1993, y Alejandra García, undécima en el debut del salto con garrocha en Sevilla 1999, sobresalieron en pruebas que no requirieron eliminatorias.

Parece poco. Lo es, cuando uno mira alrededor y encuentra delegaciones ya no como las norteamericanas o las rusas, que todo lo sobrevuelan, sino como las polacas, ucranianas o brasileñas, que meten atletas en casi todas las pruebas, o la colombiana, que encontró en la triplista Ibargüen su primer título mundial.

Sin embargo, es muchísimo para un deporte flaco, descuidado, mal conducido y repleto de historias que se esconden debajo de la alfombra para evitar desgastes políticos sin que los dirigentes comprendan que lo malo es hacer macanas y no que la prensa o la opinión pública se enteren de ellas.

Puestos en ese lugar, les aseguro que es milagroso que, desde 2004 hasta aquí, nuestro atletismo haya tenido desde a Ale García finalista en Atenas hasta Lauro finalista en Londres, pasando por los sucesos de Chiaraviglio y Toledo en categorías juveniles. Comparado con la escuálida infraestructura, la ausencia de planes estratégicos, los abusos de poder y la precariedad institucional, lo de nuestros atletas es una proeza. Antes de que alguno de ustedes levante el dedo reclamando reconocimiento para el aumento del presupuesto para el deporte a través del Enard, les hago tres salvedades:

* El dinero del Enard no es dinero de un dirigente o de un funcionario. Es el aporte suyo, mío y de todos los que consumimos telefonía celular, a cuyos consumos se les aumentó en su momento el 1% para destinarlo a esta entidad.
* La carrera de un deportista ya formado no cambia radicalmente en un par de años de disponer de más dinero para capacitarse o competir. Ni Lauro ni Comba son hijos del Enard, sino que sus preparaciones son mucho más acordes a las de atletas de países más poderosos gracias a la disponibilidad de esos recursos públicos.
* Una cosa es que haya más dinero disponible para cubrir los costos de una mejor preparación y otra bien distinta es atender las necesidades profundas de un atleta, seguir su derrotero, comprender por qué le fue bien o acompañarlo cuando le va mal. Ya lo dije hace un año, después de Londres: muchos dirigentes que se jactan de apoyar económicamente a los muchachos son incapaces de cuidarlos como corresponde.

Moscú no fue la excepción. Dahlgren se quedó a un metro y medio de la clasificación para su segunda final mundial. Por un lado, dio pena que no se clasificara teniendo este mismo año marcas para meterse holgadamente entre las 12 mejores. Por el otro, fue un alivio para ella haber vuelto a lanzar positivo en un gran torneo, ya que se fue de Londres con tres nulos. El asunto es que, después de aquella desafortunada actuación olímpica, a Dahlgren se le redujo la beca a la de atleta doméstica y se le rechazó el pedido de concurrir a ciertos torneos internacionales, imprescindibles para recuperar buenas sensaciones en presencia de rivales exigentes. Es decir, se la lapidó por su debacle en Londres, ignorando que, del mismo modo, Dahlgren seguía siendo finalista mundial vigente (Daegu 2011) y dueña de una de las tres marcas A de nuestro atletismo. Criterio primitivo, básico, negligente e irrefutable. En la Argentina, en muchos deportes y no sólo en el fútbol, la palabra del que manda es la única que se escucha y las miserias se tapan con más miseria. Lo peor del caso es que en deportes semiamateurs, como es el que practican estos atletas de elite –los demás son definitivamente amateurs–, estas arbitrariedades no suelen atravesar las paredes de los despachos internos. De tal modo, quienes distribuyen recursos –la Secretaría de Deporte de la Nación y el Comité Olímpico Argentino son los “socios” del Enard– muchas veces o no se enteran de estos disparates o directamente sienten que no les corresponde intervenir.

Sabemos perfectamente, en tiempos en los que se habla más de carpetazos que de argumentos, que quien maneja la caja se mete todo lo que quiere en tanto tenga ganas de hacerlo. Entiéndase bien: lejos estoy de hacer apología de la extorsión, pero cuando los errores que cometen los dirigentes afectan directamente a los deportistas, es legítimo, necesario y responsable pedir explicaciones. No hacerlo es buscar excusas para no comprometerse.

Lo de Dahlgren fue sólo una muestra. El mismísimo Lauro se perdió este año de participar de un par de torneos grandes porque se le exigió intervenir en un torneo regional absolutamente menor para su envergadura. Por la misma razón, a Chiaraviglio se le interrumpió la preparación en Formia. Fue uno de los motivos por los que el garrochista no consiguió la marca para el torneo. Y en tantos otros casos de tantos deportes hay dirigentes que prefieren que los pocos deportistas de alto nivel que tenemos no compitan donde deben sino allí donde esa presencia les da algún rédito político doméstico o regional.

A propósito de descuidos y de atletismo, ¿a nadie preocupa o llama la atención que, dos años después de haber sido medallista panamericano y uno después de haber sido subcampeón mundial juvenil y representante olímpico, Braian Toledo no haya conseguido la marca para viajar a Rusia? No se olviden, muchachos, que la mismísima Presidenta preguntó por el muchacho de Marcos Paz cuando despidió a la delegación argentina para Londres. Un año más tarde nadie importante parece interesarse en la situación de uno de los más notables proyectos de nuestro deporte.

Más preguntas: ¿por qué estamos cada vez más lejos de tener mundialistas en pista? ¿Cómo es que el mejor marchista del país, el santiagueño Cano, mejoró sus récords en casa y en Moscú quedó a muchos minutos de sus registros?

Dentro de poquitas horas se terminará un mundial inolvidable. El de Bolt y Shelly-Ann Fraser. El de Mo Farah y Tirunesh Dibaba. En buena parte del mundo del atletismo será el tiempo de informes técnicos, de pases de facturas, de evaluaciones sobre crecimientos propios y ajenos. De ver cómo mejorar.

Esperamos el informe que, al respecto, hará la gente de nuestra dirigencia. Por las dudas, esperamos bien sentados.



Gonzalo Bonadeo