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Monarquía PRO vs. PJ ‘reloaded’

El año próximo, ya sin ballottage, Cambiemos perdería las elecciones si no lograra entusiasmar con resultados concretos.

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Mañana, el Presidente vuelve al trabajo después de diez días de vacaciones. En Instagram se difundieron fotos de su cena de fin de año (la del oso detrás) y por Facebook y Twitter la foto del mensaje oficial levantando copas con su mujer, y en ambos casos su hija en brazos. Si ya sonaba raro tomarse vacaciones a dos semanas de haber asumido, paradoja que amplificó las inundaciones y obligó a interrumpirlas un día, verlo relajado elevando su copa y enviando por redes sociales el mensaje “¡Salud argentinos!” aumentó el contraste con una María Eugenia Vidal que lidiaba con los prófugos del triple crimen narco y La Cámpora dejándola sin presupuesto aprobado. El PRO es una subjetividad política distinta: el líder no integra la avanzada sino que delega la implementación de las tareas en especialistas ejecutivos como si se tratara del consejo de ministros en una monarquía constitucional o en una gran empresa: “el PRO es una empresa y Macri, personalista”, le dijo ayer al diario La Nación Luis Barrionuevo, quien pidió 50% de aumento para las próximas paritarias.

El año próximo, ya sin ballottage, Cambiemos perdería las elecciones si no lograra entusiasmar con resultados concretos

Detrás de esta cuestión de estilos se esconden el nudo del sistema político argentino y su futuro. ¿Logrará el PRO con Cambiemos fusionar perennemente el panradicalismo construyendo una alianza política duradera, o sea no personalista y que trascienda a Macri, que ordene y estabilice un sistema de partidos donde puedan alternarse dos fuerzas, ésta y el peronismo?¿O, por el contrario, que tras una presidencia de Macri no transformadora surgiera un “peronismo reloaded” que volviera a ser electoralmente invencible? Como pasó en México con el PAN, que al llegar a la presidencia con Fox parecía que surgía para enterrar definitivamente al PRI como único partido de gobierno para, luego de que Fox gobernó mediocremente, el PRI aprendió la lección y volvió recargado.

La otra imagen de esta columna es la genial síntesis de la tapa de la revista Crisis sobre el duelo peronista actual, donde una caracterización de un peronista de los años 50 siente que le clavaron un cuchillo en el corazón porque no les ganó Alfonsín, que era hijo de la corriente histórica nacional y popular de linaje yrigoyenista; ni siquiera De la Rúa, que para hacerlo tuvo que sumar la pata peronista de Chacho Alvarez, sino que les ganó quien en su imaginario sería una especie de cheto que representa los valores invertidos del PJ. Y en la provincia de Buenos Aires, cuna del peronismo, les ganó hasta quien bautizaron como Heidi.

Ese sentimiento de humillación puede sumir al peronismo en una depresión con desmembramiento como hacerlo resurgir recargado, porque para superar la caída debería corregir defectos e incorporar nuevas virtudes. Pero el partido se juega contra un adversario y mucho dependerá de lo que Macri pueda lograr con Cambiemos, comenzando por las elecciones del (ya) año próximo, las que sin la ayuda del ballottage podría perder si el peronismo no se desuniera más. El 51% no fue de Macri, fue anti K. Macri obtuvo 34% en la primera vuelta y su original caudal de votos en las PASO fue de 30%, pasando de 6,8 millones de votos en agosto a casi 13 millones en noviembre. Y hubo más votantes contra Cristina Kirchner que contra las políticas del kirchnerismo, algunas de las cuales siguen siendo valoradas a pesar del disgusto que generaban sus ejecutores, como la propia Cristina, Boudou, Moreno, Kicillof, Hebe de Bonafini o ciertos integrantes de La Cámpora.

Para que Cambiemos gane las elecciones legislativas del año próximo, puede no alcanzarle con que el peronismo continúe dividido con Massa, De la Sota y Rodríguez Saá fuera del PJ nacional, como fue en las elecciones de 2015. Precisará que la economía llegue al año próximo con un boom de crecimiento. Las previsiones de la mayoría de los economistas para este 2016 son de un primer semestre del año con caída del consumo, que se recupera en el segundo semestre para terminar el año empatado pero abriendo un 2017 en franco crecimiento. El quantum de ese crecimiento marcará las elecciones de 2017: la mayoría de las consultoras económicas prevé en segundo semestre de 2016 con un crecimiento moderado (2%) pero hay algún pronóstico mucho más optimista para el segundo semestre (6%), lo que anticiparía un 2017 a tasas chinas.

Pero aun así el problema de Macri/PRO/Cambiemos es encontrar una narración que entusiasme a la sociedad y la haga confiar en el futuro. La epopeya macrista se autoproclama desarrollista. Pero al igual que la palabra cambio, desarrollismo es otro significante vacío al que le cabe todo, hasta los propios países se dividen en desarrollados o en vías de desarrollo, y no sólo Frigerio y Frondizi fueron desarrollistas, también Prebisch, que en sus últimos años asesoró a Alfonsín; Fernando Henrique Cardoso, que en Brasil de los 90 promovió las privatizaciones, y Aldo Ferrer, que inspiró al kirchnerismo.

No habrá vacación que calme a Macri la angustia de destino: sólo un boom de la economía lo calmará

Pero se podría traducir el desarrollismo de Macri como su deseo de lograr una gran expansión económica. Más que un deseo será una necesidad: si no lograra que la economía creciera contundentemente, Cambiemos podría extinguirse, el PRO volver a ser un partido vecinal y el peronismo, en lugar de evolucionar hacia una forma republicana de socialdemocracia, podría recaer en neokirchnerismo.

Es comprensible que Macri se sienta sobrepasado de responsabilidades. Pero ninguna vacación le calmará esa angustia, sólo el éxito de la economía será su paliativo.



jfontevecchia