COLUMNISTAS


¿Monogamia en extinción?

PERFIL COMPLETO


Foto:CEDOC.

A un click, tus exs, tus compañeros de trabajo, tus amigos del colegio, el listado de personas que te gustaban en la infancia, a un click el cuerpo escultural del colega de gimnasio, tu jefe, tu empleado; a un click vos de ellos, ellos de vos.

Nuestros abuelos suspirarían al leer el título de esta nota. Mas deberían entender… algo cambió.

Antes de desglosar las razones de por qué se estaría terminando la monogamia, deberíamos repasar por qué empezó. Estar “en pareja” tenía más de una concreta función. A continuación describiré tres fuertes variables que, entrelazadas, dieron lugar a su formación:

- Supervivencia: la relación sexual constituía un paso indispensable para la reproducción de la especie y, por ende, de la descendencia. El ser humano vivía pocos años y debía reproducirse constantemente para mantener viva la especie.

- Variable técnico-económica: Aunque parezca un dato menor, hace no mucho tiempo atrás tener relaciones sexuales implicaba con frecuencia el riesgo de tener hijos. En dicho contexto, la monogamia aseguraba una instrumentación efectiva para garantizar el orden necesario que la civilización imponía, y de este modo, conseguir que los sub-productos del acto sexual nacieran dentro de un marco moralmente normatizado. Es decir: tu hijo, tu mujer, tu marido y un cerco perimetral que industrialice el proceso de contención y alimentación de los allí involucrados.

- Los mandatos religiosos: En paralelo a la variable anterior surgen en distintas culturas imposiciones reglamentadas, impartidas “en nombre de Dios” en donde se extorsiona con multas espirituales y hasta condena con temporadas infinitas en un infierno póstumo a quienes desatendieran el orden sexual establecido (todo ello posiblemente alentado por un precursor íntimamente alineado con la premisa anterior, cuando no, francamente disfrazado para ocultarla).

Pasemos ahora cada una de estas razones por el filtro que imponen los tiempos modernos:

¿Supervivencia? La necesidad compulsiva de reproducirnos dejó de ser una prioridad de la especie. Desde el descubrimiento del petróleo como fuente energética la población ascendió exponencialmente, a la vez que el promedio de vida se incrementó en pocos años a casi el doble. La superpoblación en las ciudades reviste criterio de fenómeno mundial. En resumen, si las familias tienen menos hijos o ninguno, en muchas partes del globo, estarían haciéndole un favor al planeta.

¿Técnico-económica? Ya no se necesita de una relación sexual para la reproducción. La tecnología hace posible fecundar un óvulo sin una relación sexual natural. A favor de estos avances -sin ahondar en apreciaciones morales- la legislación es cada vez es más permisiva al respecto de estas prácticas y sus derivados (bancos de espermas, alquiler de vientres, etc). En el mismo, aunque también, en distinto sentido, se desplegó un abanico de mecanismos anticonceptivos con una mayor efectividad que permiten ante la práctica sexual reducir a casi a nulo el riesgo de fecundación. En este párrafo no debemos olvidar que el acceso masivo a pornografía por internet y los desarrollos de aparatología mecánica, alimentan el despliegue de formaciones sexuales novedosas e independientes. Robots sexuales no son, en un futuro, difíciles de imaginar. O como escuche a una amiga hace poco decir: un pene puede hacer algunas cosas, pero no puede vibrar.

¿Religión? El mundo, en gran parte, va en camino a superar justificaciones dogmáticas o a cuestionarlas, en el caso de aceptarlas. La credibilidad inmediata de las religiones ha descendido considerablemente y, por consiguiente, hay menos fieles que adhieran automáticamente a sus mandatos. La puntita del iceberg: hace días recién el Papa Francisco aclaró que la Iglesia les permite a los divorciados poder comulgar.

Volviendo al punto inicial y recaptitulando lo planteado. Es fácil observar que la multiconectividad, el peso aligerado del “deber ser” (la tradición) y los avances técnico-sexuales resquebrajan la necesidad de imposición de un corset vincular que la sociedad tenía antes: la monogamia heterosexual.

La terapeuta canadiense experta en relaciones Esther Perel ironiza: "Monogamia antes implicaba una pareja estable; ahora, significa uno por vez".

Así como el transcurrir cultural-legal-social en sociedades como las nuestras, hizo que gran parte de la población hoy no se espante al ver dos personas del mismo sexo caminando de la mano por la vereda, es dable pensar que, al ritmo que venimos, en un lustro, las parejas abiertas serán absorbidas como una opción más, abandonando la categoría de “rareza”.

En lo personal, prefiero la palabra progreso a la de avance o retroceso.

 

(*) Psicologo y novelista. En Twitter: @llavemaestraok



Mariano Marquevich