COLUMNISTAS

Monografía de Ravi Shankar

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El triunfo del budismo zen sobre la ansiedad, atribuida a Sergio Massa por Mauricio Macri en vísperas de que el Congreso anulase la ley Cerrojo para facilitar el acuerdo con los holdouts, es una de las metáforas de los primeros cien días de gestión del nuevo gobierno.

No sólo se garantizaron 134 de 129 votos precisos para darle media sanción en Diputados sin apelar a los 35 de Massa, —de los que sugestivamente se apartaron antes los cinco de Córdoba que responden a José Manuel de la Sota, maniobra que fortaleció al titular de la Cámara, Emilio Monzó, y redujo a lo discursivo la oposición del Frente Renovador—. Confirmó, además, el acierto de María Eugenia Vidal como insustituible compañera de viaje en las inciertas rutas a la felicidad del territorio bonaerense. Corroborado por el peritaje de Jaime Durán Barba,  rígido defensor del método científico aplicado a los sondeos.      

La Gobernadora roza el 60% de imagen positiva; el Presidente, 38% y Massa, 32%; en un trabajo realizado en la provincia entre el 24 de febrero y el 2 de marzo por el ecuatoriano, infaltable en la mesa de análisis que lideran Marcos Peña y Fernando de Andreis en la Casa Rosada.

 El recelo de varios ministros por la aparente influencia decisiva en Macri del Jefe del Gabinete no bastó para desacreditar la versión que lo señala con el Secretario General al frente de una supuesta conjura contra Vidal: en apariencias, amenazante variable en la hipótesis de un proceso de sucesión presidencial si el actual mandatario no persiguiese la reelección.

Entre el 9 y 12 de marzo Macri compartió tres actos públicos con la Gobernadora, que alcanzará la presidencia del PRO bonaerense en abril con una lista de unidad. Lo que archiva por completo el proyecto de Peña-De Andreis de ratificar al primo del presidente, Jorge, pero rodeado de autoridades afines.

El traslado del domicilio electoral a La Matanza de Cristian Ritondo es otra concesión del intendente de Vicente López para mantener abierta la  candidatura a senador nacional, pero con el ministro de Seguridad subordinado al de Gobierno, Federico Salvai. Responsable de la Tercera Sección Electoral, donde vota uno de cada seis argentinos.

Salvai trata de cerrar ahí heridas con aliados peronistas. La presencia de Federico Scarabino en la cena del 6 de marzo que sirvió en La Plata fue percibida como reacción positiva a la terapia. El ex intendente de Quilmes se sintió desairado por la negativa a designarlo delegado del Ejecutivo al Consejo de la Magistratura.

Scarabino es socio político de Eduardo “Rulo” Schiavo, a cargo de la negociación con La Cámpora en el Senado bonaerense para neutralizar a los massistas Jorge D’Onofrio y Sebastián Galmarini y que la macrista Nidia Moirano presida la comisión de Asuntos Constitucionales. Otro triunfo parlamentario sin concurso del oriundo de Tigre.

Pero Salvai atiende también reclamos de Jorge Mancini, clave en la fiscalización de los comicios del conurbano y próximo a Carlos Regazzoni, quien nombró a un hombre del diputado sindical en la delegación Matanza del PAMI. El mutismo que justificaría el apodo de “Samurai” y la confianza de Macri lo dejan por ahora a salvo de la interna bonaerense, donde se lo asocia a Peña y De Andreis.

Rubén Darío Giustozzi es la cuota de providencialidad a la meditación Ravi Shankar. Tras orbitar por todo el universo  PJ y recalar en Cambiemos, el diputado nacional organiza el regreso de Florencio Randazzo a la zona del GBA más pródiga en votos, para darle carácter profético a la cuidada estrategia electoral del PRO. Un peronismo dividido en tercios en las legislativas del 2017.

A eso tributará el ex ministro de Transporte con su ya inocua rebeldía a CFK de excusa para ir por fuera de las listas oficiales que ya negocian gobernadores e intendentes: en la política y la religión a los símbolos los carga de valor quien ejerce el poder. Otra metáfora de estos cien días. Y una tarea del hogar para todas las variantes del PJ.

 *Analista político.



Daniel Bilotta