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Monótono cierre del año electoral

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La primera conclusión que se desprende de nuestra última encuesta electoral es su estancamiento monótono, bastante alejado de la vorágine que suele caracterizar a la política nacional. La leve ventaja de Sergio Massa sobre Daniel Scioli (29% vs. 27,1%, respectivamente), acechados por Mauricio Macri (21,1%), semeja una foto congelada en el tiempo.

Aunque es justo reconocer que el líder del PRO es quien más ha crecido durante el año, también cabe destacar que ese ciclo parece haberse detenido. Algo similar sucede con las candidatura de Daniel Scioli y de Sergio Massa, quienes no terminan de superar la módica barrera de los treinta puntos.

Quizás lo único que se ha definido en 2014 es el nacimiento, apogeo y declinación del Frente Amplio UNEN. Aquella fuerza que emergió con vigor prometiendo constituirse en una alternativa no peronista hoy languidece fragmentada y sin rumbo, luego del autoboicot infligido por Elisa “Lilita” Carrió.

Al margen de excepciones puntuales, lo cierto es que la regla que caracterizó al año fue la de expectativas desmentidas por la morosa realidad. Así, los sciolistas vieron desinflarse el globo de una candidatura capaz de perfilarse ganadora en primera vuelta a partir de una bendición presidencial que no llegó hasta ahora. Por su parte, los massistas quizás hayan comprobado lo que ya sabían: una candidatura presidencial no puede solidificarse a partir de la espuma triunfal de una legislativa. Mientras que los macristas quizás debieron percatarse de que el Metrobus y el latiguillo de la “nueva forma de hacer política” no alcanzan para ingresar a un ballottage.

No obstante, cabe reconocer que tampoco se corroboraron las profecías negativas realizadas sobre cada una de esas fuerzas políticas. Por un lado, los opositores más duros volvieron a decretar prematuramente el fin del ciclo kirchnerista. Por otro, un oficialismo sangrante por la herida se equivocó al sentenciar que Massa correría idéntica suerte a la de De Narváez. También se equivocaron quienes subestimaron el potencial del PRO más allá de la General Paz, atribuyéndole un techo ideológico que parece más un prejuicio de élites intelectuales que una realidad de los votantes.

En contraposición, quizás cada uno de los candidatos haya forjado algún mérito que justifique su permanencia en carrera. El de Daniel Scioli tal vez sea su permanente temple para capear los temporales de afuera y de adentro. El de Mauricio Macri, haber instalado la idea de que un gobierno no peronista es una posibilidad real. Por último, el mérito de Sergio Massa quizás radique en permanecer a flote sin el salvavidas que confiere una gestión.

Seguramente, esos módicos méritos no bastan para que ninguno finalice el año exultante. No obstante, darse cuenta de su insuficiencia quizás motorice proyectos capaces de entusiasmar a una ciudadanía cuya apatía refleja el vacío de la política actual.

 

*Director de González y Valladares Consultores.



Federico González