COLUMNISTAS

Mucho que desear

Un análisis de las declaraciones de Ricardo Darín y Leonardo Sbaraglia en la revista El País semanal, de Madrid.

Suelo no ocuparme de la industria cinematográfica; claramente no es mi espacio de reflexión ni mucho menos de conocimiento. Apenas puedo reclamar ser un aficionado del cine que trata de seguir paladeando la maravilla de lo que alguna vez se llamó el séptimo arte, expresión hoy absolutamente obsoleta. Más allá de eso, no tengo ninguna autoridad para hablar de cine. Puedo decir, por ejemplo, porque es un dato de la realidad, que esta semana, “Relatos salvajes”, la película de Damián Szifrón, llegará cómodamente a las dos millones y medio de entradas vendidas. Es un acontecimiento económico, comercial, industrial, y también cinematográfico.

Que sirva esto como punto de partida o como prólogo de un comentario que me propongo hacer ya mismo en torno de una importante  cobertura periodística, que este domingo 21 de septiembre la revista El País Semanal de Madrid le dedicó a los dos actores principales de “Relatos salvajes”, Ricardo Darín y Leonardo Sbaraglia. Pero no para hablar de cine, modos de dirigir, guiones, escenografías, vestuario, maquillaje, ni siquiera para hablar del fenómeno comercial del cine argentino, o del carácter excepcional de “Relatos salvajes”, una película que está situada en un nivel al que no ha accedido, en los últimos largos años, ningún film nacional. No, en este caso, la extensa entrevista que publica El País Semanal con la fotografía en blanco y negro de Darín y Sbaraglia en portada, titulada “Darín, pacto entre caballeros, Sbaraglia”, ofrece, en cambio, mucho jugo político e ideológico, porque, para decirlo de la manera más directa, elocuente y sin vueltas, Darín y Sbaraglia se posicionan claramente alineados en lo que podemos llamar, genéricamente, el “progresismo”. Uno de ellos, Sbaraglia, tiene claramente una postura muy favorable y enrolada con el gobierno de Cristina Kirchner. Darín, en cambio, siendo progresista y sin atacar al gobierno en ningún momento, intenta establecer una cierta distancia.

Darín tiene 57 años y Sbaraglia tiene 44. Ambos son, ciertamente, dos actores dueños de una cantidad importante de recursos que los pone bastante por encima del medio de la profesión. Estamos en presencia de dos actores justificadamente exitosos. Además, teniendo en cuenta la platea femenina, también hay que decirlo, y sobre esto cabalga la tapa de El País Semanal, se trata de dos actores bien parecidos, dos varones que suelen caer muy bien a las mujeres. Pero esto no es culpa de ellos, por cierto, ni pretendo yo juzgarlos.

La primera afirmación de Sbaraglia que me suscita comentario es cuando dice: “Fue con la llegada de Néstor Kirchner y Cristina Fernández cuando se empezaron a promover políticas públicas para enderezar uno de los capítulos más infames de la historia argentina”. Se refiere a la dictadura. Para Sbaraglia, el juicio a las juntas militares, la Comisión Nacional sobre Desaparición de Personas, creación del Banco Nacional de Datos Genéticos, sencillamente no existieron. No los registra. O era muy joven o ya estaba trabajando en España o vaya a saber qué pasaba con Sbaraglia, pero tiene una óptica claramente parcial. Todo comenzó para él en 2003. No hubo juicio a las juntas militares. Nada de eso existió. No hubo antes políticas de derechos humanos. Esto dice Sbaraglia.

Darín habla del saldo de aquellos años y dice: “Es que nosotros somos muy mansos. Si no fuéramos tan mansos, no tendríamos 30.000 desaparecidos durante la dictadura”. Yo sé que Ricardo es un hombre ocupado, atareado y con muchos compromisos, permanentemente convocado por la industria, que filma en la Argentina y en otras partes del mundo, y me pregunto si tuvo alguna oportunidad de visitar el Parque de la Memoria, en Costanera Norte. Porque, Ricardo, tengo noticias para darte: la cifra de 30.000 desaparecidos –esto dicho por Graciela Fernández Meijide, no por Pepe Eliaschev- nunca pudo ser convalidada. De hecho, en el Parque de la Memoria, la suma total de personas mencionadas como desaparecidos, muchos de los cuales, en rigor, eran combatientes guerrilleros muertos precisamente en la guerra, no llega a 9.000. La cifra de 30.000, Ricardo Darín, nunca pudo ser certificada.

Le preguntan a Darín por la división entre los argentinos, la grieta, la confrontación en las familias, que se ha acentuado en estos últimos diez años. Responde que este tipo de dicotomías “son inherentes a la historia del país. Desde que se hablaba de federales o unitarios, civilización o barbarie, Ríver o Boca”. ¿Ríver o Boca, Ricardo? Me parece poco riguroso para un tipo tan inteligente, y que yo presumo, lee bastante como vos. ¿Así que lo que ha pasado, ahora, es un Ríver y Boca? “Yo lo digo siempre – dice Darín – muchísimas cosas de las que ha hecho este Gobierno yo las he apoyado antes de este gobierno: medidas sociales, derechos humanos”. Acá toma distancia. Le pregunta, el corresponsal de El País, Francisco Peregil, si no teme haber sido utilizado cuando habló del patrimonio enorme de la presidente y de su ex marido. “Bueno – dice Darín -, yo hice una referencia al incremento patrimonial de todos los funcionarios públicos, no sólo de la familia presidencial. Y, sin embargo, les pareció más simpático no poner todos los funcionarios públicos”.

No, Ricardo, te equivocás. No nos pareció “más simpático”. Nos pareció más relevante. Porque si está mal que un ministro haya aumentado su patrimonio de manera desmesurada y obscena como Amado Boudou, que el patrimonio de la “exitosa abogada” haya aumentado como aumentó es obsceno. Es un tema de jerarquías, Ricardo. Tu inteligencia supera claramente esta trampa, y podrías haberlo entendido. No fue un problema de antipatía o simpatía, o de hablar en contra o a favor de la presidente. Fue, sencillamente, una cuestión de jerarquías, valores, de ponderación. Efectivamente, Darín dijo lo que dijo sobre el enriquecimiento asombroso del patrimonio presidencial, y me da la sensación que luego, alarmado o asustado por el impacto, necesitó pedir explicaciones.

Sbaraglia que tiene, 44 años, parece opinar como se opinaba hace medio siglo, cuando dice que “hay que independizarse de la economía internacional”. “Eso es muy importante”, dice Sbaraglia, que sin embargo trabajó nueve años en España, pero cuando tuvo que irse a trabajar en España ¿no se independizó de la economía internacional? Acá no tenía trabajo, había una miseria espantosa en el mundo del cine y la televisión y él se fue a buscar trabajo a España. Sin embargo, dice: “Hay que independizarse para que no nos jodan con la gasolina, con la telefonía; porque los países subdesarrollados son los que pagan los privilegios de los países desarrollados”, un izquierdismo que atrasa por lo menos cuatro décadas.

Estos párrafos de Darín y Sbaraglia son paradigmas del progresismo argentino, y aparecen ahora, desde luego, a muy pocos días del estreno en España de “Relatos salvajes”. Se conjetura que Hugo Sigman, el productor general y sus asociados, han contratado varios camiones con carretillas para llevarse los euros que van a recaudar, porque la película va a ser un éxito.

Lástima que, en materia de pensamiento político, social, y en materia de cultura civil, Ricardo Darín y Leonardo Sbaraglia, a mi humilde modo de ver las cosas, dejen tanto que desear.

(*) Emitido en Radio Mitre, el martes 23 de septiembre de 2014. 



Pepe Eliaschev