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Nacionalizar el problema ambiental

La síntesis mediática “Gualeguaychú contamina más que Botnia” es un horror.

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La síntesis mediática “Gualeguaychú contamina más que Botnia” es un horror. No sólo por la manipulación discursiva que se sirve “a la carta” del informe de expertos binacionales a la Caru por la contaminación del río Uruguay: el nivel tóxico de una muestra tomada en la boca de un río que atraviesa una ciudad en rápido aumento siempre supera al de una planta aislada. Sino también porque, al cambiar “villanos”, reproduce la misma lógica de una película pésima que promovió un conflicto con quienes, a decir de Mujica, “compartimos placenta”. La dialéctica del enemigo permanente puede discutirse como modo de concebir la política en casa. Pero cuando se lleva al plano externo en un mundo global, las ofensas salen caras, y no por la caída del turismo en Punta del Este. Durante el cierre en los dos puentes, la distancia Santiago de Chile-Montevideo-San Pablo, el eje de cargas de un Mercosur buque insignia de la política exterior, se incrementó en 520 kilómetros, un golpe competitivo a la región. Rehenes, todos nosotros. Pero sobre todo aquellos abocados a causas nobles, en los últimos 12 años, atrapados en la encrucijada entre la reivindicación de raíz genuina y su uso político de ocasión. ¡Qué desagradable regusto de arrogancia argenta en el paladar uruguayo! Un país con una performance ambiental ominosa, con ríos como cloacas y pasteras que dejan bien parada a Botnia, emperrado en el señalamiento admonitorio de la suciedad ajena con un chiquero en el patio propio. No se niegue la arista internacional, si hay impacto debe objetivarse, mediante su evaluación y reclamo. Pero su exageración desde la política y los medios azuzándola de un modo binario, y ramplón, invisiviliza el conflicto principal de este y del otro lado del Plata: la tensión entre economía y naturaleza. La paradoja del capital es que, al fluir donde los costos socioambientales son bajos, lejos de traer competitividad y eficiencia, legitima la erosión del bienestar de los trabajadores y el ambiente en países periféricos, impulsando una pelea por despojos que, en el caso de la papelera, ganó Uruguay, no por un marco regulador más laxo sino porque, según su vicepresidente, las “comisiones” exigidas por Argentina eran muy altas. El “cómo me traicionaste” de Néstor a Tabaré explica tanto la subida de tono al conflicto del kirchnerismo, como su compulsión congénita a convertir todo en algo personal.

Si el disciplinamiento social del macrismo se da en pos de la anhelada “lluvia de inversiones”, bajarle el precio a la naturaleza con el mismo propósito no luce tan grave, o por lo menos tan visible. Se quitan retenciones a la minería y a la soja, se urbanizan humedales, se deforesta. Ciega al color de la bandera pero jamás al bolsillo, la alteración del medio reparte empleo y calamidades para unos y otros. Vecinos orientales que aún rechazan la pastera. Argentinos, uruguayos y brasileños beneficiados con la energía y el trabajo de una represa común perjudican a coterráneos que necesitan el agua para otros usos cuando cierran la compuerta. O no la necesitan cuando los inundan. “Argentina basural chileno” lanzaba un medio local. La escombrera Cerro Amarillo invade una fracción tan remota de Calingasta, que literalmente es más accesible para un sanjuanino llegar a Buenos Aires. Por límite geodésico en la Cordillera, no está clara la divisoria de aguas y por lo tanto los drenajes para establecer impacto. Lo que está claro es que Antofagasta Minerals, un consorcio de capitales chileno-japoneses, que la gestiona, y tiene una parva de denuncias en su contra de medio Chile, debe una respuesta. Pero, ¿podemos acaso esperar que la minera suiza Glencore, dueña y señora de la zona por cortesía de Gioja, eso sí, de este lado del hito, trate a los glaciales –única fuente hídrica de la provincia “donde nunca llueve”– con guantes de seda? Si comparar peras con peras es un parámetro válido de respuesta, Veladero, de la Barrick, está a un par de valles de distancia


*Geógrafo UBA. Magister UNY.