COLUMNISTAS LA PELEA DEL VERANO

Nada de esto fue un error

El oficialismo privilegia la señal de fortaleza hacia los gremios y tal vez hacia quienes demandan una gestión inflexible.

Sueldo. El recibo de Heredia, “blanqueada” recién en 2015.
Sueldo. El recibo de Heredia, “blanqueada” recién en 2015. Foto:expediente politico

Resulta curiosa cuál fue la manera que eligió Marcos Peña, jefe de Gabinete y el hombre más poderoso del Gobierno tras el Presidente, para intentar dar por cerrado el capítulo del ministro Jorge Triaca, tras el escándalo por su ahora ex empleada doméstica.

Fue un error, pero no le va a costar el cargo”, explicó Peña en radio Mitre. Para el funcionario, “el error” abarca tanto el exabrupto de Triaca en su mensaje de audio a Sandra Heredia como su nombramiento en la intervención del SOMU. No está claro si incluyó el período del trabajo en negro de Heredia.

Convengamos que, siguiendo con la acepción de “error” de Peña, Triaca cometió tres, en distintos niveles.

El primero, y más leve acaso, fue la falta de educación y el maltrato a través del audio insultante. El ministro pidió disculpas públicas por ello. Le puede pasar a cualquiera, pero no debería sonar como justificación.

El segundo, los años que trabajó en negro Heredia. Tal como consta en su recibo de sueldo (divulgado por el sitio Expediente Político y que aquí se reproduce), ella aparece blanqueada por un hermano del ministro justo antes de ganar las elecciones. No es ético que con esas prácticas Triaca fuera designado ministro de Trabajo. Parece el colmo de cualquier jefe de la cartera laboral.

No seamos hipócritas tampoco. Según números de este Indec más serio del que supimos conseguir con Moreno, el empleo informal conforma más del 30% del mercado laboral. En el trabajo doméstico, esa cifra llega al 75%. Pese a impulsos y blanqueos, no es solamente la familia Triaca la que apelaba a la informalidad de sus trabajadores.

El tercer “error” resulta el peor. Heredia fue designada por el Ministerio de Trabajo en un gremio intervenido justamente por el lodazal de corrupción que allí campeaba, con su líder detenido por orden judicial. Sin antecedentes profesionales que avalaran su nombramiento, la casera de los Triaca dijo que la designaron en la filial San Fernando del SOMU para mejorar sus ingresos.

Peña admitió que eso fue un “error”, pero no porque lo considerara ilegal, sino porque Cambiemos elevó la vara de la transparencia tras la cleptocracia kirchnerista. Estas últimas dos palabras las agrego yo. El jefe de Gabinete justificó la designación no por la aptitud de Heredia sino por cuestiones de la “confianza” que le tenía Triaca. Semejante argumento baja la vara de Peña: es el que se usa siempre para defender el nepotismo, una práctica de muchos gobiernos y de la que no escapa la actual administración nacional, Triaca ni Peña.

Hay que aclarar que la “confianza” a Heredia se reprodujo en cantidad. Según una investigación de PERFIL, que se publicó ayer, se constató que hubo más de 200 designaciones del Ministerio de Trabajo en el SOMU y en otro gremio intervenido, el de la seguridad privada.

A esta suerte de agencia de contratación pública hay que sumar las decenas que aterrizaron en esos sindicatos vía un opaco convenio que Trabajo mantiene con la Universidad de La Matanza, heredado de la gestión K. “Calculo que esta intervención en el SOMU hizo entrar a unas 250 personas, de hecho al hijo del jardinero de la quinta de Triaca, que es contador, lo hizo ingresar en el gremio”, acusó Heredia. El diario La Nación mostró que también el juez Canicoba, que apresó al jefe del SOMU, consiguió que nombren a su cuñado y a un amigo suyo.

Aunque lo invitaron a recluirse de apuro en unas vacaciones forzosas en un country de Chapadmalal, se entiende el respaldo público de Peña a su ministro. No solo hay que dar muestras de un equipo sólido y unido, sino que el Gobierno no cree que sea este el mejor momento para entregar la cabeza de Triaca, justo cuando desde allí busca tensarse la relación con el mundo sindical, como nunca antes desde que Macri asumió el poder.

Así, el oficialismo privilegia la señal de fortaleza hacia los gremios y tal vez hacia quienes demandan una gestión inflexible. Pero podría interpretarse como un pésimo síntoma. Para el resto de los funcionarios, que estos “errores” de Triaca no se pagan. Para el sindicalismo prebendario y corrupto, que el discurso oficial de la transparencia no se sostiene con hechos y le dejan la bandeja servida para volver a transar, otra vez. Y para la sociedad, que en ciertas prácticas de la administración de la cosa pública, Cambiemos no cambió tanto las cosas.