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Nada está idealizado

Actriz, la nueva película documental de Fabián Fattore, arranca mostrando la turbulenta quietud de la actriz en cuestión al memorizar las líneas de Madame Curie.

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Actriz, la nueva película documental de Fabián Fattore, arranca mostrando la turbulenta quietud de la actriz en cuestión al memorizar las líneas de Madame Curie. Es un acto que los actores sabemos mecánico, farragoso, anticuado, estéril, inevitable, arrojado, alucinógeno, aburrido, desgastante, asesino, definitorio. Muchos mortales piensan que lo que nos diferencia a los actores es que somos capaces de memorizar un libro entero. Pero poco se habla del costo de este pacto con el diablo. Analía Couceyro pelea contra unas líneas arduas, bellas, una traducción del alemán que más adelante tratará de dulcificar metiéndose en el Langenscheidts amarillo huevo, como si hubiera una trampa en el plan que le han encomendado y el diccionario pudiera destaparla.

¿Qué actor no se ha sentido alguna vez y siempre así? ¿Quién no ha peleado en contra y a favor de su plan poético para sobrevivir, esperando el momento mágico en que las líneas se hagan carne y ya no haya necesidad de pensar nada? Hay algo infantil y escandaloso en memorizar el sonsonete inútil, como un poema escolar archimeloso: es la tabla de flotación en esa tempestad profesional. Pesca en las tinieblas.

La enigmática película acierta en no enunciar nada a priori sobre este trabajo insensato. No hay el supuesto encanto de la vida en camarines, sino espacios fríos, desangelados, nostálgicos, pelucas que pinchan, salas adversas, luces inexactas, ascensores que la extravían en el vientre de la ballena gigantesca que es el teatro. Nada está idealizado. Y sin embargo nuestra pequeña enorme heroína memoriza, encarna, repite, los ojos llenos de lágrimas, la mente intensa. Repite algo nunca escrito ante sus hijos, espera el zeppelin de Heiner Goebbels en un teatro de La Plata, no tiene vacación ni calma alguna.

Los niños juegan a transformarla con pociones y en algún momento Analía pide a gritos que la dejen ser ella misma por un rato. Es inútil. Los actores nunca somos más nosotros mismos que cuando estamos actuando.