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Nadie pudo pinchar los globos

Nadie logró incomodar al PRO en la campaña. Solo un poco Lousteau, por mimetizarse por momentos con la estética. 

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Foto:Cedoc

Propuesta Republicana (PRO) confirmó lo que ya era un hecho: que logró constituirse en un verdadero partido en una época en la que no están de moda, aunque a sus líderes le guste más la palabra “equipo”. Por eso Macri pudo pasar la prueba de transferir su liderazgo a Horacio Rodríguez Larreta, una figura de su riñón que antes de las PASO con Gabriela Michetti aparecía en desventaja frente a la senadora. Macri no solo consiguió que la venciera a ella –que se había rebelado a sus designios- sino que casi mantuviera sus votos en la ciudad. Y además, PRO logró ganar con un escrutinio prolijo y veloz, y quedar a tiro de un triunfo en el balotaje.

En la campaña electoral, el macrismo ya había ganado la mitad de la contienda: posicionar la idea de que su gestión es buena. La frase “resolvemos los problemas de la gente” resultó efectiva como expresión de su lenguaje post-ideológico. Entre festejos y los ya emblemáticos globos, Macri habló de la plenitud del país como la suma de las plenitudes personales. Nadie logró incomodar verdaderamente a PRO en la campaña. Solo un poco Lousteau precisamente por mimetizarse por momentos con la estética PRO.

Lousteau mostró solvencia personal pero también un embrollo en términos de posicionamiento político. Si por un lado, su candidatura debería –en teoría- interpelar al progresismo no peronista, por el otro, dos de los partidos que lo apoyan (la UCR y los seguidores de Carrió) son socios del macrismo para las PASO y con el discurso de defensa de la República han pasado a formar parte de un gran espacio de “nueva derecha”. Además de los vínculos del exministro con exFranja Moradas devenidos empresarios políticos que denunció el periodista Alejandro Bercovich.

El kirchnerismo consiguió un previsible tercer lugar: ni para festejar ni para entristecerse. Por eso Axel Kicillof habló con más comodidad y entusiasmo de la gesta griega –que desafía al ajuste salvaje de la troika- como una “derrota de los fondos buitres”. No solo la ciudad, también la recomposición sciolista del peronismo en las provincias tiene poco que ver con el discurso kirchnerista/progresista.

En estas elecciones, de cinco listas para jefe de gobierno dos eran de izquierda (tres de seis para legisladores). En ese espacio Luis Zamora, casi sin campaña y sin partido, logró un para nada despreciable 4%, por encima del Frente de Izquierda y los Trabajadores (FIT) que lo supera varias veces en militancia y afiches. En el caso de este último, Marcelo Ramal superó a Myriam Bregman (4,7% frente a 3,1%), mantuvo su banca y sumaría otro diputado. El FIT, es cada vez más un matrimonio por conveniencia que duerme en camas separadas. Pero debido a la crisis de otras variantes de la izquierda, es el trotskismo el que ha ocupado con éxito ese lugar aunque su discurso (muy centrado en el catastrofismo económico) le impida –pese a su notable crecimiento en todo el país– instalar temáticas, ideas fuerza ni imaginarios alternativos en la sociedad.

(*) Jefe de redacción de Nueva Sociedad. Especial para Perfil.com.



Pablo Stefanoni (*)