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(Ni) IDEA

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Sabsay toma fuerza y lanza la duda con vehemencia. Está bastante enojado y en su discurso, en el que nombra varias veces a Stalin y a los nazis como punto de comparación, invita a los excitados observadores de su bronca a dudar juntos sobre si Cristina Kirchner es de verdad abogada. El público, fascinado, aplaude y ríe a carcajadas haciendo recordar a ese otro público de la Presidenta, que también sonríe y aplaude.
Sabsay asegura tener “prácticamente la convicción” de que nuestra presidenta no tiene título y que él quiere que ella se lo muestre, que se lo muestre a él. Es interesante porque Sabsay no pide que ella se lo muestre a toda la sociedad, él lo quiere ver, a él es al que hay que mostrárselo.
En el espíritu propositivo del Coloquio, como aseguran que este evento posee, con expositores como Sabsay, medidos y tranquilos, se sueña con que los candidatos a presidente firmen con ellos un acuerdo sobre políticas de Estado. Los representantes del empresariado arman las políticas de Estado y se las llevan a Binner, Massa, Cobos y todo el resto para que se comprometan con ese documento. Sí, igual que Sabsay, piden ellos que los políticos se sumen a las políticas del Estado que ellos imaginan como el paraíso de su desarrollo económico. ¿Consultaron para esas políticas de Estado a los científicos, a los artistas, a los sindicatos u otros actores? ¿Esas políticas de Estado son producto de un consenso social o es algo que les gustaría a los que están por esos días en el hotel?
La totalidad es un problema interesante para reflexionar. En nuestra era moderna, es en primer término un concepto que mide lo inabarcable; representa una generalidad que esconde una variedad imposible de aprehender. La política, y mejor dicho el Estado, supone una ficción de entidad que tendría la capacidad de cubrir o intervenir sobre el todo. La política sería la disciplina que podría regular la totalidad hacia una dirección u otra y es por eso que en Mar del Plata se ruega por un formato especial de totalidad para el futuro cercano. Los empresarios se reúnen y exigen por su totalidad. Firme aquí y construyamos la totalidad juntos.
No hay congresos de bioquímica, de mecánica dental o de teatro sobre Stanislavski que exijan algo parecido. Sin embargo, ellos también forman parte de la totalidad y son objeto de afectación de las políticas de Estado que se están firmando en la costa argentina. Sin embargo, sólo es un congreso de temas políticos o económicos que se cree con la potestad de exigir sobre todos, algo que se piensa desde un espacio particular. Sabsay exige que a él le muestren algo, así como los empresarios piden que los demás se comprometan sobre su interés.
La gente que no es empresaria y los observa por las noticias reírse entre ellos no siente un especial afecto por las compañías ni por sus presidentes. En un estudio global de Ipsos, la gran mayoría de los ciudadanos no está de acuerdo con que “los presidentes de las empresas dicen la verdad cuando emiten un comunicado con respecto a su compañía o industria”. El desacuerdo con esta frase en Argentina es del 63%; en Brasil, 54%, y en Alemania, 81%, por citar sólo tres casos. Los empresarios son objeto creciente de cuestionamiento social. Ellos cuestionan los sistemas políticos mientras el resto de la sociedad los cuestiona a ellos.
La sociedad argentina acuerda, desde hace más de diez años, con la idea de tener un país con mayor cantidad de empresas del Estado que privadas, el 71% quiere también que los servicios públicos sean estatales y que el Estado ejerza un control sobre el aumento de los precios. El programa Precios Cuidados no debería ser observado como algo que se le ocurrió al ministro de Economía, sino como una medida que responde a expectativas sociales concretas.
El Coloquio es propositivo, tal como asegura Miguel Blanco, pero desde la idea de aumentar el desconocimiento de lo que la sociedad opina de ellos y de generar actitudes y expresiones que probablemente aumenten el rechazo sobre sus instituciones. En los días que han transcurrido, todos los empresarios han dado un paso más de lejanía de la gente mientras en los pasillos del evento se felicitan por ésta u otra charla. Las consecuencias de esta actitud todavía no se pueden medir, pero se sentirán en los tiempos por venir y en más de un gobierno. No es un tema del Poder Ejecutivo el rechazo a las empresas, es un problema social. Pero de esto los empresarios no tienen ni IDEA.

*Sociólogo. Director de Ipsos-Mora y Araujo.



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