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Ni una menos

Baja una serie nueva que mira intermitentemente mientras atiende otros asuntos igualmente triviales.

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Baja una serie nueva que mira intermitentemente mientras atiende otros asuntos igualmente triviales. Se trata de Sweet vicious, donde dos muchachas emprenden una cruzada justiciera contra violadores en campus universitarios estadounidenses.

Se queda pensando en el fenómeno y se da cuenta de que, por lo general, lo que se escucha es el punto de vista de las víctimas, porque son las que hacen público (cuando lo hacen) el lugar en el que fueron colocadas.

En algún sentido eso no le alcanza para comprender la persistencia de esa barbarie específica, ni la función de ese ritual en la economía libidinal del capitalismo global. “Por qué se viola” no puede ser explicado según un ejercicio de interpretación, y le gustaría que alguna vez alguien pronunciara, desde el lugar del victimario, su posición seguramente intolerable. O que alguien alguna vez le explicara los fundamentos de esos regímenes de sociabilidad perversa que son los campus universitarios, sobre todo los que están aislados de las grandes ciudades, donde el fenómeno no puede ser idéntico, porque en el campus la violación sucede entre pares y, la mayoría de las veces, conocidos.

Recuerda una visita al elegantérrimo Darmouth College, que tiene uno de los índices más altos de violaciones dentro del campus. ¿Quiénes se forman allí? Principalmente quienes irán a trabajar a Wall Street, la crema y nata del capitalismo financiero.

En Harvard (donde está ambientada la serie que desencadenó su interrogación veraniega) se forman en primer término los abogados que definen no sólo las relaciones jurídicas de vida, sino las condiciones de la explotación capitalista.

En Darmouth le habían contado que el problema podría explicarse a partir de un “No es para tanto...”. La violencia ejercida para demostrar una relación de poder a través del sexo, la cosificación del otro, es un íntimo ritual necesario para insensibilizarse en relación con todos aquellos a los que, periódicamente, el capitalismo arroja en la desesperación. Las Fraternidades son escuelas de crueldad en las se forman los hombres de los negocios y la política, quienes a través de la humillación y la violencia sexual aprenden a crear una barrera definitiva e infranqueable entre el propio poder (que podría ser una potencia para ayudar al otro) y los padecimientos de las víctimas (del sistema de hipotecas, de los intereses de las tarjetas de crédito, de las políticas migratorias).