COLUMNISTAS YA NADIE VENDE UN JUGADOR A EUROPA SIN TRIANGULAR CON CLUBES EXTRANJEROS

Nietzsche, Salome, Miller, Anaïs y otros triángulos

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“Dices que no lo puedes hacer, que rompe con todas las reglas que aprendiste en la escuela. Pero yo no veo por qué no podemos seguir como… tres”

David Crosby (1941); de su tema “Triad”, incluido en el álbum de CSN&Y “4 Way Street” (1971).


Como en una mesa de billar donde se juega a tres bandas con tres bolas, los futbolistas con destino a Europa deben tocar primero un incierto destino latinoamericano, un modesto club uruguayo, chileno, o el celebérrimo Locarno de Suiza que, por una comisión, prestan su nombre y hacen posible la carambola.
El choque de una bola con otra, utilizado por el empirista David Hume como ejemplo para explicar el principio de causalidad aplicado a la experiencia, en este caso sirve para evadir impuestos. Un juego que los protagonistas, que también son tres –jugador, grupo inversor, club–, aseguran es legal, aunque la FIFA lo prohíbe y, cada tanto, la AFIP cita a declarar a uno y a otro. La cosa es que no existe transferencia sin carambola.
Esta triangulación huele feo y poco tiene que ver con las triangulaciones virtuosas del Barça. Tal vez se parezca más a otro triángulo, el de las Bermudas, bautizado así por el escritor Vicent Gaddis en 1964. En 1974, Charles Berlitz se hizo rico con el tema de las naves y aviones desaparecidos: su libro fue un best-seller mundial. En este triángulo futbolero, lo que desaparece son miles de dólares para el erario y una mínima ética. Si existiera, claro.

El tres no sólo es más dinero para estos voraces empresarios sin empresa y representantes con sed. En la mitología griega y romana, el número tres era venerado y en la Edad Media se lo consideraba un signo del Ser Supremo. En La Biblia aparece 467 veces y representa, entre otras cosas, la unidad en la trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Tres. Menos místico o materialista, más humano, demasiado humano, el triángulo amoroso es una experiencia límite, que tanto puede dar placer como profundo dolor.
Lou Salomé era una mujer hermosa y de notable inteligencia que supo atraer a personajes como Nietzsche, Rilke y Freud. Con Nietszche, justamente, y el poeta Paul Rée, conformaron un célebre triángulo amoroso donde ella, sin duda, tenía las riendas. Existe una foto muy conocida de Jules Bonet: los tres posando en un estudio fotográfico, con un telón de montañas atrás, algo que simula ser pasto y un pequeño carro desde donde Lou, fusta en mano, simula castigar a Friedrich y a Paul. Una metáfora perfecta de lo que fue aquella relación.

Lou ya había rechazado una propuesta matrimonial de Rée. En su diario, Lou escribe: “Mi sueño es formar una agradable estancia de trabajo, llena de libros y flores, flanqueada por dos dormitorios y moviéndose de aquí entre nosotros, compañeros de trabajo, unidos en un círculo ameno y serio”.
Nietzsche se ilusionó con la idea, que lo cargaba de energía. Pero la trinidad intelectual fracasó. Entonces ofreció casamiento. Inútil. Lou, una mujer adelantada a su época, no tenía la menor intención de casarse. Nietzsche sufrió mucho este rechazo, abandonó Alemania y se recluyó todo el invierno en Rapallo para escribir su Zaratustra. También para enviarle feroces cartas a su amor no correspondido: “Lou, sin sensibilidad para dar o recibir / Incapaz de amar / Grosera y sin pureza / Tu egoísmo infantil como resultado de atrofia y retraso sexual / Nunca he conocido a una persona más pobre que tú / Lou, sin amor por las personas pero enamorada de Dios”.

Menos Dios y mucho erotismo hubo en el triángulo que formaron Anaïs Nin, Henry Miller y su esposa, June. Anaïs y Henry se conocieron en la casa de ella en París, en 1931. La personalidad del escritor la sedujo y no tardó en convertirse en su mecenas y amante. Al poco tiempo, June viajó a París para visitar a su marido y quedó impactada con Anaïs. Cuando volvió a Estados Unidos, los amantes siguieron viéndose a diario pese a que ella seguía casada con Hugh Guiler, un banquero próspero y protector.
Al año siguiente, en otra visita, June y Anaïs se encontraron a solas y también iniciaron una relación. June no tardaría en descubrir que no era la única amante de Anaïs, sino que su propio esposo era su rival. En 1939 Anaïs, Guiler y Miller viajaron a Estados Unidos huyendo de la guerra y, ya en Nueva York, escribieron juntos una serie de relatos eróticos. El apasionado triángulo sobrevivió por años. Escandaloso, algo perverso, apasionado, libre. Pero con amor.

Amor. Amor al dinero. Esa es la clave para entender las triangulaciones. Si los pases se hicieran en Argentina, el representante debería pagar el 35% sobre su comisión, el grupo inversor –dueño de los derechos federativos–, el 35% sobre la ganancia entre el precio de compra y el de venta, y el futbolista, el 35%
sobre su sueldo más el 35% sobre la prima. Cuando se triangula, el grupo inversor y el representante no pagan el impuesto a las ganancias en Argentina y el jugador paga sólo sobre su sueldo. Una diferencia enorme.  

En 2012, la AFIP les suspendió la CUIT a varios representantes y puso la mira en una larga lista. En 2014, una FIFA “preocupada” multó con cifras irrisorias a varios clubes.
Muy lindo todo, pero las triangulaciones siguen gozando de buena salud. Así se fueron Ignacio Piatti –Lecce, Sudamérica de Uruguay, San Lorenzo–, Gerónimo Rulli –Estudiantes, Maldonado de Uruguay, Real Sociedad–, Guido Carrillo –Estudiantes, Maldonado, Mónaco–Jonathan Calleri –con destino incierto, comprado por un grupo inversor, domicilio virtual en Maldonado–. Así se van todos.

Federico Alvira, presidente del hospitalario Maldonado, quiere limpiar la imagen del club y aclara que ellos cedieron el manejo del fútbol a una sociedad anónima y está seguro de que es gente seria, que actúa dentro de la ley. Hombre de fe, Alvira. ¡Aleluya!
Unnn, dossss, tresss… Comienzo un blues en la guitarra. Rigurosos tres tonos, menores, dedicado a todos estos chantas, miserables.



jasch