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No es un buen negocio

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Desde siempre el ahorrista argentino sigue la evolución de la divisa norteamericana. Nuestra historia económica y financiera parece mostrar que ése es un comportamiento “racional”. La moneda nacional ha perdido valor, ceros y cambiado su denominación en reiteradas ocasiones. Pero lo que en el pasado ha sucedido puede no ser un buen predictor de lo que nos depara el futuro. Es muy probable que esta vez, una vez más, se vea perjudicado el pequeño ahorrista, aunque por un motivo distinto al usual.
Nos encontramos frente a elecciones presidenciales. En ellas se juegan muchas cosas y en los mercados se manifiestan las preferencias de ciertos grupos a través de movimientos, en algunos casos, coercitivos. Esto sirve de sustento para plantear luego explicaciones tendenciosas que respaldan estos intereses sectoriales. En los últimos días, la victoria por escaso margen del candidato del PRO (pro mercado) en el distrito donde son más fuertes, muestra a las claras que el candidato a presidente de ese espacio político tiene pocas probabilidades de ganar y que, por el contrario, el actual gobernador de Buenos Aires ve incrementadas las suyas. Ante el disgusto con la elección es que comienzan a acelerarse los movimientos de mercado para generar temor en la población.
Es posible que algunos ahorristas, actuando de forma compulsiva, se dejen llevar por el miedo que otros pretenden infundir y acudan a comprar dólares en el mercado paralelo (blue o ilegal, como le quieran llamar). Pero quien lo haga se equivoca y perderá dinero. ¿Caerá nuevamente el dólar entonces? Muy posiblemente no lo haga en el corto plazo, al menos no de forma sostenida, porque la disputa continuará, el Gobierno actuará, disuadirá con diversos instrumentos, pero la volatilidad continuará. Ahora, ¿qué sucederá con esta “inversión” en los próximos meses?, ¿habrá sido una buena opción? La respuesta es: no. Y el motivo es que el financiamiento externo está cerrado para nuestro país a raíz de los fallos del juez Griesa de Nueva York. De no ser así, nuestro país podría encontrarse creciendo tranquilamente a un ritmo cercano al 3% anual. Cuando en octubre el pueblo haya decidido, habrá un nuevo presidente con el mismo signo político que el actual y las esperanzas de los fondos de cobrar todo sin quita  desaparecerán. El pueblo argentino saldrá ganador, pero dejará como perdedores a los que hayan estado comprando dólares.

*Economista UBA.



Antonio Mezmezian