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No hay química

Por Nelson Castro | Como el Gobierno con la Justicia, Scioli y Randazzo también son rivales declarados.

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Foto:Pablo Temes

El carrusel electoral ya está en marcha. El resultado de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) para la gobernación de Salta le deparó al kirchnerismo una alegría que necesitaba y que festejó con bombos y platillos. Por ello, en el palco de los festejos estuvieron los dos precandidatos presidenciales del Frente para la Victoria (FpV): Daniel Scioli y Florencio Randazzo. Los que estuvieron en ese lugar confirmaron la poca química que hay entre ellos. De Randazzo se sabe que desprecia profundamente a su rival. En cambio, del pensamiento de Scioli hacia su adversario –y como es habitual–, nada se sabe.

La oposición no salió bien parada de los comicios salteños. Llevar como candidato al archicuestionado ex gobernador Juan Carlos Romero fue un grueso error de apreciación política tanto por parte de Sergio Massa como de Mauricio Macri. Romero es representante de las peores prácticas, fruto de una concepción política absolutamente autoritaria más propia de un feudo que de una república. ¿Eso es lo nuevo que proponen el PRO y el Frente Renovador?

El debate que mantuvieron el miércoles en A dos voces Gabriela Michetti y Horacio Rodríguez Larreta terminó siendo un ejercicio de obediencia debida que aburrió. Cumplieron a pie juntillas la orden del jefe de Gobierno de actuar con moderación y evitar una confrontación que lo inquietaba. Macri, en cuyo entorno preocupa la eventualidad de un triunfo de Michetti, va a tener que trabajar mucho para disipar los resquemores que generó su torpe decisión de hacer público su favoritismo por Rodríguez Larreta.

En donde las cosas tampoco están bien es en el Frente Renovador, en el que se percibe un ambiente de diáspora. El último en irse en la semana que pasó fue el senador provincial Baldomero Alvarez de Oliveira, que se arrojó otra vez a las aguas del sciolismo. Un intendente de un importante municipio bonaerense que tomó la decisión de permanecer dentro del espacio fue lapidario hacia Sergio Massa: “Perdió el contacto con la gente”. Una voz de su cercanía señala otro factor que le juega en contra al ex intendente de Tigre al que los números de las encuestas lo muestran con una tendencia a la baja, dato que en el Gobierno celebran. “Entre Massa y Macri, a nosotros nos conviene Macri”, se sinceran desde el oficialismo.

Convencida de que el candidato del kirchnerismo será Scioli –realidad que no le produce ninguna gracia–, Cristina Fernández de Kirchner trabaja febrilmente en dos campos: uno, el político; el otro, el judicial. En el político, el objetivo es el armado de las listas de candidatos con la idea de integrarlas con la mayor cantidad posible de militantes de La Cámpora, a los que todas las líneas del sciolismo en algunos casos desprecian y en otros, directamente, detestan. En el judicial, la finalidad es asegurar en el presente la parálisis de las causas que involucran a la Presidenta y a su entorno, e impunidad para el futuro. Se libra en ese terreno una verdadera guerra a todo o nada.

Recusado. Esta semana, la Sala I de la Cámara de Casación Penal debe decidir la recusación del juez federal Claudio Bonadio, que investiga el posible lavado de dinero en la causa Hotesur, que amenaza no sólo a la Presidenta, sino también a su hijo Máximo. La medida había sido solicitada por la sobrina de Cristina Kirchner, Romina Mercado, quien se desempeña como titular de la sociedad Hotesur, controlante del hotel Alto Calafate. Los camaristas que deben decidir sobre la recusación de Bonadio son los doctores Luis Cabral, Gustavo Hornos y Ana Figueroa. Sobre ellos se viene desplegando toda una trama de especulaciones, ofrecimientos, intrigas y presiones. El pasado viernes circuló la versión de que ya estaría definido el voto de dos de los integrantes del tribunal: el juez Cabral votaría por la negativa mientras que la jueza Figueroa se inclinaría por la remoción de Bonadio, dejando en una posición de definición bastante incómoda al doctor Hornos, que se mostraba algo titubeante en su decisión. Sucede que en los pasillos de Tribunales dan por segura la versión de que el Gobierno cuenta entre sus candidatos para la Corte Suprema de Justicia tanto a Hornos como a Figueroa. A su vez, el doctor Hornos figura en los planes del actual presidente de la Corte, Ricardo Lorenzetti, para suceder a la doctora Alejandra Gils Carbó en la Procuración General de la Nación a partir del momento en que el kirchnerismo deje el Gobierno. “Hornos está bastante incómodo y no sabe si quedar bien con los que se van o con los que vendrán”, sentenció una fuente tribunalicia que conoce muy bien los vericuetos de esta sinuosa historia.

En la misma causa, otra de las incógnitas que circula por los corredores y los despachos de los tribunales de Comodoro Py es la situación del fiscal Carlos Stornelli, quien pidió licencia por un pico de estrés. “El gordo está muy presionado; la licencia es temporal, en unos días retomará sus funciones”, aseguró una fuente que tiene trato asiduo con él. Entre los sectores críticos del Gobierno en la Justicia aseguran que la licencia de Stornelli resulta ser muy oportuna para los planes del Gobierno, a fin de conseguir un respiro en la causa Hotesur que representa una piedra en el zapato en estos tiempos electorales y una seria preocupación para los tiempos en que Cristina Fernández de Kirchner no ejerza más el poder. “Al tipo se lo ve bien, bajó más de diez kilos, está de buen ánimo y viviendo un muy buen momento a nivel personal. No parecería tener sus funciones psíquicas afectadas como para pedir una licencia”, sentenció un colega suyo que lo conoce bien. ¿Será verdad que el Gobierno lo presiona con un posible carpetazo por sus supuestas conexiones con sectores de la barra brava de Boca? Hay que recordar que Stornelli se desempeñó como jefe de Seguridad del club xeneize.

Cristina está decidida a ejercer el poder hasta el último segundo del último minuto de su mandato, algo de lo que la oposición parece no haber tomado nota.

Producción periodística: Guido Baistrocchi, con la contribución de Santiago Serra.



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